Miranda! mueve masas subterráneas 12/10/2004

13 de Octubre de 2004 | 12:58 |
Miranda! mueve masas subterráneas

Discoteque Blondie.
Sábado 9 de octubre.

Ilona Goyeneche 12/10/2004

A medida que cada espacio de la discoteque Blondie se iba llenando con más y más fanáticos, curiosos, perdidos y habituales; el ambiente se hacía menos respirable, más estrecho, forzadamente íntimo. No era necesario moverse: se sudaba igual.

La gran pregunta por resolver era "¿por qué toda esta gente no toma la sana decisión de huir de este húmedo recinto abarrotado de público?". "Y bueno, por Miranda!" pudo haber respondido algún trasandino informado del influjo que puede provocar en ciertos sectores la banda responsable de esta masiva convocatoria, que tuvo a las puertas del lugar al borde del colapso.

Pero varios santiaguinos podrían haber contestado lo mismo, encabezados por quienes ya habían asistido, hace unos meses y el día anterior, a las dos presentaciones previas en Santiago del grupo argentino.

La noche prometía. Porque era para los apasionados que se sabían las letras de memoria y esperaron esta segunda función en la Blondie, el lugar indicado para ver al grupo de "pop melodramático", como ellos mismos se autodefinen. Esta noche era para los que se saltaron la del restaurante Yagán, donde el día anterior hicieron una suerte de presentación de rigor para la farándula de turno y los adolescentes de moda.

Cuando se pensaba que ya no cabía nadie más, una nueva oleada de gente se agregó a un público que terminó por sumar más de dos mil personas. Y eso que Miranda! no contó ni con una portada del Wikén, ni fueron anunciados con bombos y platillos. Un ambiente muy diferente al que se vio en el Pecado Capital, en junio pasado, donde hicieron su debut, casi amateur e inadvertido. Antes de que empezaran a tocar, puntualmente como estaba previsto (a la 1.30 a.m.), el ambiente ya estaba armado, repleto, empapado y, ante todo, melodramático. Lo único que tenían que hacer los cinco integrantes era subirse al escenario y alimentar con su tecno-pop —lleno de histrionismo, muecas y actuaciones melosas—, la euforia que ya estaba presente.

Miranda! no defraudó a su público. El espectáculo que llevó a cabo sobre el escenario fue el clímax de todos los placeres culpables que uno se permitiría únicamente encerrado sólo en el baño. La voz aguda de Alejandro Sergí acompañada por los movimientos exagerados de Juliana Gattas, y los bailes epilépticos y actuaciones clichés de ambos son llevados al escenario sin complejos. Terminan siendo creíbles justamente por eso. Su desplante sobre el escenario con cambios de accesorios desde abrigos a paraguas, pasando por una simulada llamada por teléfono, no pretenden falsa seriedad. Sólo pasarlo bien y permitirse, permitirle al público, toda la teatralidad del mundo.

Las canciones, una suerte de baladas electrónicas que nacen de un computador, bajo y guitarra, son una mezcla musical pegajosa cargada de un melodramatismo irresistible. Más aún si Sergí invitaba sin parar a seguirlo en todo su desplante. La masa de gente cantó y saltó durante todas las canciones del primer disco Es mentira y tampoco pararon con los covers "Love to hate you" de Erasure y "I touch myself" de Divynils, citas que reflejan notablemente el espíritu de esta banda. La intensidad sólo bajó cuando tocaban algunos temas de su segundo y más reciente álbum, Sin restricciones, que aún no ha sido editado en Chile. Sin embargo, ni siquiera en esos instantes se logró enfriar la temperatura que abrasaba cada vez más a los presentes, que sucumbían ante estas letras que hablan del amor, desamor, sufrimientos y desgarros del corazón. Temas archiconocidos, que recibieron nuevos aires con los sonidos electrónicos y pop trasformando la cebolla en sentimientos de verdad.

Miranda! ofreció una presentación sólida, de lentejuelas plateadas y negras, que no sufrió ante el ambiente infernal y Alejandro Sergí y Juliana Gattas, no relajaron en ningún momento sus contorsiones y gestos telenovelescos, durante los 80 minutos que duró el concierto. Menos lo hizo el público. La noche fue todo lo que prometió la banda: dramatismo, euforia y glamour, con performance incluida.
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