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"Pituquete" chileno va por el flamenco 6/10/2005

06 de Octubre de 2005 | 00:00 |
El joven guitarrista Andrés Hernández mostrará su arte en un concierto en directo por radio Universidad de Chile. Dice que no hay expresión sin técnica y que aunque sabe que nunca tocará como un gitano está dispuesto a jugarse la vida por esta pasión.


Andrés Hernández, Pituquete (FOTO: Héctor Flores.)
Andrés Hernández, Pituquete.
Juan Antonio Muñoz

Cuando se menciona el término flamenco, vienen de inmediato los nombres de Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Cristina Hoyos y Antonio Gades. Y la obligación es pensar en el cante, el baile y el trabajo dramático que hay detrás. También en la historia y las raíces. Por eso la sorpresa cuando un joven chileno de 23 años, ex alumno del colegio Saint George, se aparece y dice que su vida está amarrada a la guitarra y que el flamenco le sale por los poros. Tiene 23 años; fue alumno de Carlos Ledermann; ha estudiado con Cañizares y Sanlúcar; toca hoy donde le pidan, y habla de su arte con profundidad adquirida por los siglos. Así como otros se han hecho llamar "Manolete", Andrés Hernández es conocido como "Pituquete". De puro pituco que lo ven sus compañeros.

Este domingo 9 de octubre, a las 12:00 horas, dará un concierto en la Sala Master de la Radio Universidad de Chile (Miguel Claro esquina Eliodoro Yáñez), que será transmitido en directo.

Destaca de plano en "Pituquete" su vínculo casi ancestral con su arte. Porque si bien es guitarrista comprende desde adentro lo medular que es en todo esto el trabajo de un cantaor y cómo el uso expresivo del material vocal está destinado a servir de remembranza de un mundo que, en una primera aproximación, parece perdido. Aquel del flamenco a tierra, con las familias desarrollando su arte en la intimidad.

"Estudiaba guitarra clásica. Tenía 13 o 14 años. Entonces conocí la música de Paco de Lucía y eso me produjo un quiebre. Empecé a estudiar flamenco en paralelo con lo clásico", cuenta Hernández.

Las cosas no fueron simples, incluso por asuntos tan triviales como las uñas: "La técnica es absolutamente diferente. Hasta la manera de cortarse las uñas cambia. El corte debe ser más recto porque el ataque es perpendicular a la cuerda. Es música que tiene una pizca, una gotita más de agresividad".

—¿Te incomodó esto de las uñas largas?

"Al comienzo, a todos los guitarristas nos cuesta un poco. Pero después, nada. Por suerte en el colegio éramos varios los que estudiábamos guitarra. Y si una mujer tiene algún problema con mis uñas, pues no es la mujer para mí, simplemente".

—¿Qué es lo que más distingue el flamenco de los estudios clásicos?

"La forma de relacionarse con la guitarra. Y vuelvo sobre la técnica. No puedo decir que el flamenco sea algo siempre brutal y agresivo, pero tiene algo de eso, que hay que dimensionar bien. No se puede olvidar que nació para acompañar el baile y el cante, por lo cual tiene más volumen y ritmo".

—¿Pero qué fue lo que a ti te conquistó?

"La composición constante. Un guitarrista flamenco, salvo que esté recién comenzando o que definitivamente no le guste componer, lo que es muy raro, toca siempre sus propios temas. De Carlos Ledermann yo aprendí todas mis bases; él me enseñó también su amor por esta música. Pero también me enseñó qué es eso del respeto y de la falta de respeto por la composición. Yo me preguntaba: ’Quién soy yo para componer’. Y él me respondía: ’Ellos hacen caca igual que tú’ ".

—¿Dónde se engarza todo esto con tu emoción personal?

"Como en toda música, uno tiende a partir por lo más fácil. Mentiría si dijera que comencé por lo más denso. Uno primero se sorprende y luego va entendiendo dónde está la verdad y la profundidad. Es un camino que te lleva a la par por la técnica y la expresividad. Y cuando uno llega al fondo se topa con que esto es la emoción puesta al servicio, pero la técnica es clave".

—¿Es posible desprenderse de la tradición para ofrecer algo nuevo?

"No. La tradición vale por sí misma y está en las bases de todo artista flamenco. De ayer y de hoy. Es a partir de ella que uno dice lo que tiene que decir. El riesgo está en que termines no haciendo flamenco sino sólo algo que huele a flamenco".

—Un cantaor es un creador y también compone. ¿Qué sucede cuando chocan dos compositores, el guitarrista y el cantaor, en una misma obra?

"Tenemos códigos para ir construyendo la estructura. Y muchas horas de trabajo previo, de ensayo. La respuesta a esto es difícil, pero está en el lenguaje. La gente dice que el flamenco es improvisado. Yo creo que hay algo de eso, pero muy poco. Yo sé que cuando un cantaor va en una tonalidad determinada es que va a terminar luego. Insisto, los códigos existen y tenemos que manejarlos. Estamos obligados a conocernos muy bien, uno y otro. No se puede prescindir ni del canto ni del baile. El primero trae las letras y el poder de la palabra; el baile, la fuerza y la exactitud rítmica".

—La mezzosoprano Frederica von Stade afirma que la técnica es parte de la expresión.

"Estoy de acuerdo. En el arte, mientras uno más vigilado y controlado está, es más libre. La fantasía por la fantasía no tiene sentido. La técnica pura tampoco existe. El proceso de estudiar sólo técnica puede provocar una crisis de sentido. Tiene que ser técnica enfocada porque si no se pierde el rumbo. Y el rumbo siempre tiene que ver con la expresión musical".

—¿Tuviste en algún minuto una crisis de identidad? Esto de ser chileno y estar obsesionado con el flamenco…

"En algún minuto uno se hace esa pregunta. Pero después pensé: cuantos hombres y mujeres cantan ópera italiana y no son italianos; tocan Bach y no son alemanes; hacen jazz y no son negros. Además, nosotros tenemos la suerte de ser latinoamericanos, con raíces españolas. Muchos, además, con raíces andaluzas. Por supuesto que yo sé que no voy a tocar como un gitano, pero tocaré como mejor pueda desde mi identidad. Como alguien dijo: para ser universal, habla de tu pueblo".