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Austria: la calavera de Mozart no es de Mozart

Un examen de ADN descartó que la reliquia exhibida en el Mozarteum de Salzburgo pertenezca al compositor.

04 de Enero de 2006 | 17:36 | ANSA
VIENA.- Es falsa la atribución a Mozart de la calavera que desde 1902 está expuesta en el Mozarteum de Salzburgo, según confirmó hoy un diario de Innsbruck, el "Tiroler Tageszeitung".

Esa confirmación del diario austriaco es un anticipo del documental que la radiotelevisión estatal ORF difundirá el próximo domingo, parte de las celebraciones por el 250 "cumpleaños" del compositor el 27 de enero.

El domingo se darán a conocer oficialmente los resultados de un examen del ADN de la calavera.

Según la leyenda, cuando Mozart murió su cadáver no fue acompañado hasta la tumba por parientes y amigos debido a una fuerte lluvia en la capital austriaca, y su cuerpo fue enterrado por un descuido en la fosa común reservada a los desposeídos.

El director de la investigación, Walther Parson, médico legal del policlínico de Innsbruck, declaró al diario que el ADN de la calavera fue comparada con otros restos de la familia Mozart, enterrados en el cementerio de San Sebastián, especialmente con los de su padre Leopold, y que se comprobó que entre ellos no existía ningún grado de parentesco.

Ahora sólo falta la respuesta de un hospital norteamericano, a quien se le encargó la misma operación.


Escepticismo

Pocos creían científicamente que la calavera fuese de Mozart y se suponía que fue robada por un enterrador del cementerio, un tal Joseph Rothmayer, 10 años después de la muerte del compositor.

En 1842, la reliquia pasó a manos de un grabador, Jakob Hyrtl, y a su muerte al hermano Joseph, profesor de anatomía, quien la donó a la ciudad de Salzburgo.

Pero la calavera se perdió y milagrosamente volvió a aparecer en 1902 cuando encontró su lugar definitivo en el Mozarteum de la ciudad que lo vio nacer.


Lo de la fosa común también es mito

El mismo diario destruye también el mito de que Mozart fuese enterrado en una fosa común. En realidad, su cuerpo fue depositado en una tumba con capacidad para 16 ataúdes, un entierro de tercera clase, típico del nivel social al que pertenecía un compositor, un oficio que se equiparaba entonces al de un criado o servidor.

Sólo a principios del siglo XIX, con Franz Josef Haydn y Ludwig van Beethoven, se convierten en profesionales que viven de su trabajo, componiendo por encargo, vendiendo partituras originales e impartiendo lecciones.

"En realidad, si Mozart no hubiese tenido tantas deudas y vivido por encima de sus recursos, tal vez hubiera tenido derecho a un funeral de segunda clase, con tumba propia -escribió el diario- pero su viuda, Costanza, decidió ahorrar lo más posible, considerando además que tenía dos hijos pequeños que mantener".
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