Edgardo Viereck aborda la xenofobia desde un restorán chino, en "Schopsui"

En octubre se estrena la tercera película del director nacional, un "drama con tintes de humor negro" protagonizado por Alejandro Trejo.

10 de Marzo de 2008 | 15:14 | Carlos Valderrama, El Mercurio Online

SANTIAGO.- No sólo en grandes relatos se pueden mostrar situaciones sociales problemáticas. También en narraciones acotadas en el espacio y en el tiempo, es posible retratar tendencias y orientaciones culturales. Eso es lo que intenta Edgardo Viereck en "Schopsui", su tercer largometraje, que ya rodó en quince días en un set en el que reprodujeron la ambientación de un pequeño restaurante de comida china.

La película —que Viereck define como "drama con tintes de humor negro" y que a los cines nacionales llegará en octubre, previo paso por el circuito de Festivales— cuenta el conflicto que se genera entre tres comensales y el dueño del restaurante chino, cuando éste le da el vuelto a uno de ellos, que estaba "pagando el piso".

Una confusión en el diálogo genera que surjan las problemáticas y disímiles personalidades de los personajes, en una situación que progresa en violencia y crisis, sobre todo cuando los comensales insisten en seguir en el recinto, pese a que ya han cerrado su acceso.

Una situación que da pie a muestras de xenofobia, intolerancia y a la exhibición de distintos perfiles de la sociedad chilena, en una cinta que, según su director, "finaliza diciéndote que todo lo que haces al otro, finalmente terminas haciéndotelo a ti mismo, además de mostrar que la discriminación y la intolerancia te pueden llevar a cosas destructivas".

La cinta es protagonizada, entre otros, por Alejandro Trejo, Carolina Oliva y Andrés Gómez.

-¿La película se desarrolla sólo en un restorán?
-Sí, todo el nervio central. Hay un personaje que sale del lugar y que tiene una escena en la calle. Pero el nervio de la película se desarrolla en el restorán.

-¿Qué sucede puntualmente allí?
-El problema del vuelto. Antes se producen algunas tensiones sociales entre los clientes, la garzona y, luego, el dueño, que da pie a situaciones absurdas. La gracia de la historia es que a partir de una situación cotidiana, puntual y menor se desencadena toda esta escalada que al espectador lo va dejando cada vez más descolocado. Tiene bastante suspenso.

-¿Podría hablarnos de esas situaciones?
-La situación de estar discutiendo por un vuelto en sí misma está planteada en términos tragicómicos, porque como espectador tú dices "pero cómo, si esto se podría solucionar en dos minutos". Pero tú te das cuenta de que lo que hay detrás no es un problema por un vuelto, es un problema mayor. De a poco se va revelando lo que está escondido.

-¿Qué se gana con contar la historia en un solo lugar?

-La gracia es contar la película con dinamismo, con ritmo, con vértigo, variando los ejes de cámara, variando los planos, de manera que el espectador nunca pase dos veces por el mismo lugar. Hay que tener ojo, porque el gran peligro de filmar en una sola locación es que te agotes visualmente a la media hora. Ese pie forzado está bastante bien logrado. Hay un trabajo de arte increíble, porque para grabar en todos los ángulos, tuvimos que construir este set.

-La película alude a la xenofobia y la discriminación, ¿de qué manera se manifiesta eso en los personajes?

-Hay una confusión completa. Principalmente, la xenofobia la encarna un personaje que es Pedro (Alejandro Trejo). Es un personaje bastante complejo, esconde un pasado oscuro y tiene un nivel de descontrol mental increíble. No es un psicópata, pero es un loco, bastante violento, grosero, descalificador, ignorante. Reúne lo peor de Chile. Ese personaje confunde los términos, mete a todos en un mismo saco. Para él los chinos, coreanos y taiwaneses son lo mismo, cree que ser indígena y ser indio es igual, piensa que todos los inmigrantes vienen al país a aprovecharse de nosotros.

-¿Cómo se ubican los otros personajes ante este sujeto?
-Cada personaje representa un matiz distinto. Diego (Andrés Gómez) es un chico que está pagando el piso en el restaurante. Es un chico sensible, que tiene aficiones literarias, que anda recopilando frases de Shakespeare en una libretita que tiene escondida, que los otros dos se la pillan y se burlan. Está también Juan (Edison Díaz), que está entremedio intentando que Pedro, su jefe, no se desvoque mucho, para que no genere una sitiación incontenible. Son seis personajes, con los que cada uno se puede identificar y coincidir en sus apreciaciones.

-Con la película ya terminada, ¿qué objetivos se traza?

-Instalar el tema de la xenofobia y ponerme como pie forzado esta idea de desarrollar una historia en un solo lugar, en un solo decorado, con dinamismo, vértigo, ritmo, sentido de progresión visual. Que fuera una historia atractiva, bien contada y que no se notara el peso de filmar en un set cerrado.

Ediciones especiales
Comentaristas
PUBLICACIONES DESTACADAS
Más me gusta
Más comentarios
Más seguidores