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Barenboim llamó a la paz en Cercano Oriente durante concierto de año nuevo

El músico argentino-israelí dirigió a la Filarmónica de Viena, y de paso criticó la violencia entre israelitas y palestinos.

01 de Enero de 2009 | 13:30 | DPA

VIENA.- Su sombra podía sentirse, pero a la música no la afectó. A pesar de la crisis financiera mundial y del sangriento conflicto en Cercano Oriente, la Filarmónica de Viena inició el año hoy ante unos potenciales 40 millones de telespectadores en todo el mundo al ritmo de valses y polcas.

Por primera vez, el argentino- israelí Daniel Barenboim dirigió el tradicional concierto, que este año estuvo dedicado casi exclusivamente a la dinastía Strauss. Barenboim es defensor de la paz en Cercano Oriente, por lo que en su saludo de año nuevo señaló que era de esperar que el 2009 trajera paz al mundo y justicia humana a Cercano Oriente.

Horas antes, el director de la Filarmónica de Berlín, Simon Rattle, hizo referencia a la actual situación económica y a los oscuros pronósticos para 2009. Al cierre del concierto de fin de año en Berlín, se dirigió al público con las siguientes palabras: "La música no es la única respuesta en estas épocas. Pero ayuda".

Barenboim, que como pianista toca con la orquesta vienesa desde hace ya casi 44 años, manifestó su total incomprensión ante los ataques israelíes en la Franja de Gaza, aunque al mismo tiempo reforzó el derecho de Israel a defenderse de los ataques con cohetes de Hamas.

El conflicto en la región pareció pesar sobre todo el concierto de Año Nuevo. Algunos críticos sintieron un "poco de tristeza" en la interpretación de muchas de las 17 obras de Johann Strauss padre e hijo.

Ya fuera en "Polca Querida Ana" o "Rosas del sur", el concierto habitualmente ligero para el inicio del año en ningún momento sonó superficial o banal. Por primera vez, en el programa vienés hubo también una obra de Joseph Haydn. Fue en memoria del 200 aniversario de la muerte del padre de la música clásica vienesa, que se celebra este año.

Barenboim quitó la tristeza y sacó su lado más cómico en el cuarto movimiento de la "Sinfonía de los Adioses" (Nr. 45). Con un inesperado talento interpretativo, acompañó la partida de sus músicos y se sentó en los últimos compases junto al último violinista en escena.

Poco tradicional fue lo que ocurrió la noche anterior en la Filarmónica de Berlín, velada que Simon Rattle y los músicos dedicaron -en sintonía con la elección presidencial estadounidense y la crisis financiera que parte de ese país- a la música estadounidense del siglo XX.