Héroe del acordeón

En Chile no existen muchos de estos solistas. Eso lo sabía Ignacio Hernández cuando decidió dedicarse por completo a sus teclas y fuelle. Primero fue el folclor y luego el musette francés. Acaba de lanzar su debut solista, A contramano, un muestrario de las variantes y las noblezas del instrumento.

14 de Julio de 2009 | 16:00 |

Fue amor a primera vista. Mientras la mayoría de sus compañeros elegía la guitarra o la batería, desde chico Ignacio Hernández (30) se quedó con el acordeón. "Es su sonido lo que me atrapó y volvió loco", explica en la Escuela de Música de la U de Chile, donde imparte clases en la cátedra de Acordeón. El músico acaba de lanzar el disco A contramano, su debut tras haber sido seleccionado en el concurso del Sello Azul. El registro es una panorámica de estilos que van desde el desenfreno estadounidense de "Dizzy fingers" al clásico sonido francés de "Reine mussete". Desde la "música ciudadana" de "Tango uno" al foxtrot con líneas R&B de "Adiós Rabanito". Esta última, un homenaje al fallecido cuequero Rafael Berríos (1926-2005), una de sus influencias.

"Yo soy bien perfeccionista y quería grabar un disco que sonara bien, que fuera acústico" -explica el músico- "pero las canciones nos salieron en una toma. Me gustaba tanto como quedaban que no había necesidad de hacerlas de nuevo. Es que los músicos que trabajaron conmigo eran muy buenos". Se refiere al baterista Félix Lecaros, al contrabajista Pablo Menares en contrabajo y al guitarrista Cristóbal Gómez ("que viene de la escuela de la guitarra francesa"). Lo grabaron durante una mañana de lunes y el martes ya estaba mezclado.

-¿Cómo fue que elegiste el acordeón?
-Yo tocaba folclor con Los Chenitas, un grupo de San Bernardo, desde los doce años más o menos. Llegaba con un carrito de instrumentos: charango, mandolina, guitarra, percusiones. Pero el acordeón me gustó mucho más. Su sonido, sobretodo. Lo escuché y dije: "esto la lleva". Pero era un instrumento muy caro. Mi papá fue baterista en la época de la Nueva Ola y junto a mi mamá siempre me apoyaron. Por eso me compraron este instrumento. Yo tuve el síndrome Guillain-Barré, una rara enfermedad que me tuvo inmovilizado por seis meses. Lo peor era que no podía tocarlo. Tenía que usar un teclado y apoyarlo en el pecho, para guiarme con las notas. Es muy importante esto, y nadie me lo había preguntado en las entrevistas.

-Después te pusiste a estudiar. ¿Había una especialidad en el instrumento acá?
-Me formé con la cueca. Escuchaba las grabaciones de oído y las sacaba. Tenía facilidad para eso. El problema fue cuando salí del colegio. Tenía como opción la veterinaria y la música. Elegí la música. Total, pensé, los músicos buenos siempre tienen trabajo. Entonces decidí ser un músico bueno y me voy a sacar la mierda trabajando para serlo. El problema es que no había una especialidad de acordeón. Afortunadamente conocí gente como Hugo Rivera, profesor "organero" que me empezó a mostrar la música francesa y la italiana. Pero yo prefería el folclor porque sentía que la otra música era muy difícil de tocar, muy lejana, demasiado virtuosa.

-¿Participaste en grabaciones durante esa época? ¿Tocabas con otra gente?
-Con Los Chenitas. También fundé Las Capitalinas y Los Santiaguinos. Y se me olvidaba... a los 18 años fui a Europa. Toqué y grabé con el cantor Héctor Pavez (Song & dances from Chile, 1997). También estudié en París con el maestro Jo Lavere.

-¿Y al final donde estudiaste?
-Me metí a la Escuela Moderna de Música. Como no existía la especialidad, estudié piano, que era lo más parecido. Lo que sucede es que hay muchos músicos que tocan el acordeón y lo enseñan, pero no es su instrumento principal. Seguía practicando como loco, sin profesor. Escuchaba los discos y sacaba de oído. La técnica es tocar muy lento primero, porque aunque saques las notas más o menos bien, si no lo haces lento se te van a notar las pifias. Buscando por Internet el año 2005 supe de un concurso de acordeón de Brasil. Decidí postular, sabiendo que los países que participaban tenían una tradición de acordeón y lo mío era más intuitivo. Pero gané: saqué el primer lugar.

-Quizás eso de no adherirse a una tradición potenció tu estilo...
-Puede ser. El 2007 volví a participar y salí segundo. Pero ahí gané una beca para especializarme durante un año en Brasil. Estudié acordeón clásico con el maestro Dante D. Alonzo. Es increíble allá. Hay muy buena música. A la vuelta decidí grabar un disco para mostrar lo que había aprendido, todos los estilos que estaba practicando. Junté plata para contratar músicos y un estudio filete. Quería un sonido más acústico, más jazzístico, con plumillas. Preparé un repertorio que abarcaba varias tendencias y formas de tocar el acordeón, desde el clásico sonido musette que vemos en las películas hasta cosas más virtuosas. Entramos a las 10 de la mañana y grabamos las bases prácticamente de una. Después toqué el acordeón encima y al otro día ya estaba mezclado.

-Como se grababa antes...
-Sí. ¿Para qué grabar otra toma, si la primera que hiciste salió tal como querías? Si bien es muy difícil reunir a la banda original porque todos tienen muchos compromisos musicales, los músicos (de jazz) que me acompañan son muy buenos también. Mi idea es hacer una gran presentación. Es lo que estoy planificando. Me gustaría encontrar lugares donde mostrar A contramano, como clubes de jazz.

-Aparte de la grabación ¿cuáles son los puntos más altos del disco?
-Me encanta "Argento vivo". Si te fijas la ejecución es muy exigente en esa pieza. También me gusta como quedó "Indifference". Suena increíble. Es importante también haber incluido en el disco "Scivolando". Y también "Adiós Rabanito". Él era muy buen músico, de esa generación que en los '50 tocaba foxtrot porque era la música popular de la época. La canción no iba a quedar en el disco y a última hora decidimos hacerla.

-¿Sientes que la enseñanza del acordeón ha cambiado desde que te convertiste en músico profesional?
-De todas maneras. Este año se abrió la cátedra de Acordeón en el Conservatorio de la Universidad de Chile, de la que estoy a cargo. También existe el Club de Acordeonistas de Chile (nota: Hernández fue su fundador). Y también hay muchos jóvenes interesados en el instrumento. Eso es excelente.




http://www.myspace.com/ignaciohernandez

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