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Ricardo Montaner desclasifica su "tortuoso" paso por el Festival de Viña

En su espiritual libro "Lo que no digo cantando", el cantante venezolano habla de los difíciles momentos que vivió desde que aceptó animar el certamen en 2005. "Nada hubiese podido presagiar que se avecinaban días muy grises", recuerda.

02 de Octubre de 2009 | 09:06 | El Mercurio Online

SANTIAGO.- Según cuenta Ricardo Montaner, su debut en el Festival de Viña del Mar es algo simplemente inolvidable para él. Las voces de miles de personas coreando canciones como "Tan enamorados" en 1991, en sus dos primeras noches en la Quinta Vergara, aún permanecen frescas en su recuerdo.

"Hasta el día de hoy, todavía escucho el grito del monstruo. ¡Antorcha, antorcha, gaviota, gaviota! Cuando alguna mínima duda asalta mi corazón y cuando la alegría me acompaña, sólo tengo que mirar el estante de mi izquierda y veo las estatuillas... aún escucho esos gritos que se repiten una y otra vez en mi memoria y en cada latido de mi corazón", cuenta.

El relato es parte de su libro "Lo que no digo cantando", que esta semana llegó a las librerías chilenas (Océano / Grupo Nelson, $13.500). Allí, el cantante recorre su vida personal y artística, intentando ver las enseñanzas que ésta le ha ido dejando, bajo un prisma cristiano que se deja ver con recurrencia a lo largo del relato.

Sus visitas a Chile y al Festival de Viña del Mar se repiten cada tanto en el libro, pero no siempre con el sabor glorioso que le dejó el debut de 1991. Es el caso de su paso como animador del certamen, en 2005, episodio al que dedica un capítulo entero y al que se refiere como una tormentosa prueba, un camino "tortuoso", lleno de inesperados sinsabores que lo marcaron hasta hoy.

Según cuenta en el libro, la invitación para animar Viña le llegó en octubre de 2004, cuando estaba de gira en Guayaquil. El empresario Jorge Ramírez (Multimúsica) le hizo la propuesta menos de un mes después de que se cayera su primera opción de incursionar en la animación, y que también llegó desde Chile (Megavisión).

"Nos hemos quedado sin la conducción de Antonio (Vodanovic)", le dijo Ramírez, para luego hacerle la inesperada oferta. "Ahora a la distancia, recuerdo que hubo dos cosas que debí haber preguntado. Una de ellas era si ya les habían hecho la propuesta a otros conductores chilenos (que me consta que los hay muy buenos) y la segunda es por qué no le habían hecho la misma propuesta a Chayanne o a Ricky Martin, por ejemplo", recuerda el venezolano.

"Más tarde —cuando literalmente iba a ser muy tarde— me enteraría de que ninguno había querido ponerse semejante camiseta y cargar con tamaña responsabilidad", sigue el relato, apuntando a ponerse en el mismo lugar en que Vodanovic había estado casi 30 años.

Duros días en Viña del Mar

Así comenzó a andar el proceso que lo llevó a Viña 2005, y que implicó una serie de reuniones con Ricardo de la Fuente y otros ejecutivos de Canal 13. "Debo reconocer que no escatimaron esfuerzos económicos en contratarme, haciéndome sentir muy apreciado y, sobre todo, valorado. Más de uno debe estar ahora pensando, ¿y cuánto le habrán pagado? Créanme que fue mucho", dice. En octubre de 2004 se hablaba extraoficialmente de 150 mil dólares.

El cantante fue presentado como animador en medio de gran expectación, pero "nada hubiese podido presagiar que se avecinaban días muy grises. Nunca habríamos imaginado que me esperaba un tortuoso y largo camino de piedras y que algunas intentarían lastimarme hasta el alma", recuerda.

El cantante se refiere a una actitud hostil que desde un principio se encontró en la prensa nacional. "Al inicio, los medios chilenos sólo se preguntaban la razón por la cual no habían escogido a un conductor local. Pero a medida que irían pasando los días, me encontraría en medio de una guerra mediática sin piedad ni tregua".

Incluso Mario Kreutzberger le advirtió al respecto, justo antes de viajar a Chile en febrero de 2005. "La vas a pasar muy mal... Te van a reventar", le dijo Don Francisco, quien cerró con un consejo: "Trata de no leer los periódicos mientras estés allá. Si les sigues el juego y entras en lo mismo que ellos, la vas a pasar muy mal".

Montaner no hizo caso y leyó todos los diarios, todos los días. "Seis días de guerra y guerra, de bombardeo, de bombas molotov, de bazucas, de ametralladoras y disparos de fusiles que recibía por parte del peor sector de la prensa", dice.

"¿Cómo convencer al sin razón de que yo era sólo un artista, un músico que no había venido a quitarle el puesto ni a Antonio ni a ningún conductor chileno?", se preguntaba el cantante, sobre un episodio que, dice, lo pudo haber destruido, si no fuera por el apoyo en la religión.

"Aquellas noches me sirvieron para reencontrarme con el Ricardo que, desde que tenía catorce años, empezó a tocar las puertas para poder cantar. Por un momento, el artista conocido en toda Iberoamérica dejó paso al muchacho que noche tras noche debía rendir examen para lograr ser querido y aceptado".

"Al cuarto día, la misma prensa que quería matarme me nombró 'el Artista Amigo', galardón que entregan los medios impresos de ese país al artista más accesible y cordial con ellos. ¿Qué irónico, no?".

Tan distinto es el enfoque que el venezolano tiene hoy sobre el episodio que, dice, "si alguien volviera a proponerme la conducción del Festival de Chile, estoy seguro que lo haría con todo gusto".

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