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Irreconocible maestro chelista

A pesar de su abultado currículum como solista, el músico alemán jamás pudo sobreponerse con propiedad a una circunstancia desfavorable. Ni su compañera pianista, al tanto de la situación, logró sacarlo del bajón.

05 de Octubre de 2009 | 10:11 |
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Götz Teutsch, alemán de origen rumano, no estuvo a la altura de sus pergaminos.

Archivo del Teatro Oriente

La última jornada de la Temporada Internacional de Conciertos Fernando Rosas que organiza la Fundación Beethoven tuvo como solistas al chelista alemán nacido en Rumania Götz Teutsch y a la pianista alemana Cordelia Höffer, ocasión en la que además la Orquesta de Cámara de Chile, dirigida por Julio Doggenweiler, acompañó al chelista en un concierto de Haydn.

A lo largo de la presentación surgieron varias interrogantes que se centraron en el desempeño de Götz Teutsch, quien a pesar de su importante currículo brindó una presentación muy por debajo de las expectativas de un solista de sus pergaminos. ¿Un mal día? ¿Habrá estado enfermo? Lo cierto es que se le vio desconcentrado, demasiado metido en la partitura y por sobre todo con algunas evidentes fallas de afinación y con sonido que se alternó entre hermoso y duro.

Al parecer, Cordelia Höffer, muy enterada de las excepcionales dificultades por las que pasaba Teutsch en ese día, exhibió toda su musicalidad y capacidad al acompañar en las obras a dúo. Aunque el afiatamiento entre ambos solistas fue grande, éste no fue capaz de ocultar el débil sonido del chelo tanto como algunos atrasos en sus tempi.

La bella “Sonata N° 3 en La mayor, Op. 69” de Ludwig van Beethoven ambos mostraron natural musicalidad, no obstante ya en el primer movimiento aparecieron las primeras fallas de afinación y una cierta frialdad en el chelista. En el “scherzo” que le sigue, el impulso expresivo de la pianista no fue capaz de equilibrar el pulso muchas veces atrasado de Teutsch.

Luego vino uno el momento más logrado de la noche para los solistas. Se trata de “Kol Nidrei” de Max Bruch, en el que Teutsch logró gran expresividad pudiendo exhibir  toda su musicalidad en los diálogos con la pianista. Luego siguió una obra poco frecuente en nuestras salas, la “Introducción y Polonesa brillante para cello y piano, Op. 3” de Frederic Chopin. Es una obra de gran vuelo expresivo, característica que se apreció sólo en la pianista, pues Teutsch pareció fuera del espíritu impreso por Cordelia Höffer.

En la segunda parte, para la interpretación del “Concierto N° 4 en Re mayor para chelo y orquesta” de Franz Joseph Haydn, se incorporó la Orquesta de Cámara de Chile dirigida en esta oportunidad por Julio Doggenweiler, destacado músico chileno que desarrolla importante carrera en Alemania. Con gesto claro Doggenweiler consiguió de la orquesta un bello y musical sonido, muy ajustado al estilo cuyos elegantes fraseos fueron evidentes desde la introducción del primer movimiento. Luego, al incorporarse el solista, si bien se le vio en mejor pie, a poco andar comenzó a atrasar el pulso y aparecieron indicios de afinación poco segura. La “cadenza” de este movimiento fue correcta casi en todo su desarrollo.

En el “adagio” que sigue, la orquesta ratificó el hermoso sonido ante un solista que en cambio exhibía uno algo crudo. En el tercero, Teutsch trató de sobreponerse, pero su estado anímico general se lo permitió a medias. El público que pareció entender el mal día en que se encontraba el chelista le aplaudió con cariño y respeto, sin duda pensando en su importante trayectoria, razón por la que este hizo regresar al escenario a Cordelia Höffer para interpretar como encore, “El canto de los pájaros” de Pablo Casals, en un hermosa y sensible interpretación.

Nos gustaría escuchar a Teutsch en la plenitud de sus condiciones artísticas, para apreciar su talento, que solo se pudo vislumbrar en ciertos momentos de su presentación.

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