Vecindad maldita

04 de Diciembre de 2009 | 19:05 |

Podrán haber tenido mejores estudios, mejores instrumentos, más recursos y de hecho más logos que poner en fila en la contratapa de este CD, pero el espíritu del grupo de Concepción que encabeza la dupla entre Felipe Ruz y Sebastián Orellana sigue fiel a sí mismo entre su primer disco y éste. O sea, entre (Té, papaya y completos) (2007) y Vecindad maldita (2009). Rock, con todo lo amplio que suena ese monosílabo, es lo más cercano como definición. Más allá de eso, Philipina Bitch no deja de ser música libre.

"Nado en la mañana / y en la noche tomo sol", es uno de los primeros versos del disco, y es una manera simple de mostrar cómo las lógicas pueden tener cualquier sentido en las canciones del grupo. Canciones intercaladas con fragmentos instrumentales se cruzan aquí con momentos acústicos pausados, con rock de carácter hecho con guitarra eléctrica y rock adictivo tocado con guitarra eléctrica como en la canción "Güero", mientras un episodio del disco se basa sólo en la línea "Te vi corriendo" sobre una especie de baile griego intuitivo al piano.

Las duraciones y las estructuras de las composiciones pueden ser todo lo variable que cabe entre un minuto 40 y diez minutos de canción, y la base rítmica del baterista Iván Molina sí aumenta el peso de este disco en relación al primero, además de despuntar en un solo iluminado por un destello sesentero colérico en una de estas composiciones. Ambos cantantes se turnan indistintamente las voces principales y cada vez que alguno de ellos canta algo sí aflora una vocación por la melodía. Porque sólo por eso Vecindad maldita no es un puro experimento: porque Philipina Bitch cuando canta, y también cuando pulsa una guitarra o toca un teclado, nunca pierde de vista el efecto cercano de la canción.

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