Placebo se reencontró con sus fans y sus raíces en su tercera visita a Chile

Con la menor convocatoria que hayan registrado en el país, el trío británico desarrolló un espectáculo sólido, que evidenció que el fin del fenómeno que protagonizaron puede ser más una bendición que una desgracia.

09 de Abril de 2010 | 00:30 | Por Sebastián Cerda, Emol
Andrea Robles, El Mercurio

SANTIAGO.- La vez anterior daba para pensar en un hecho extraño y puntual. Mientras en 2005 el trío Placebo reunía a más de 20 mil personas en dos repletas noches en la Estación Mapocho, en 2007 apenas llenaron el estadio San Carlos de Apoquindo en un tercio de su capacidad.


La razón más imaginable para explicar ese cierto fracaso estuvo en razones extra-musicales: Como el fenómeno no se iba a extinguir en apenas dos años, y ya que el plan Transantiago había entrado en operaciones hacía sólo unas semanas, se estimó que llegar a la precordillera de Las Condes en esas condiciones representaba una verdadera hazaña, que muchos seguidores no podrían realizar.


Pero no era sólo el sistema de transporte. El fenómeno Placebo efectivamente había comenzado a extinguirse, y esta noche de jueves en la Arena Movistar, quedó claro que definitivamente se extinguió.


Suena mal, casi traumático, pero a no confundirse, que no lo es. Esta vez, con sólo cinco mil personas en las graderías y un escenario puesto a mitad de cancha para evitar vacíos, el trío británico ofreció un show desprovisto de las caretas y el maquillaje (literal y figurado) que habían estado opacando su obra en las últimas temporadas.


Ya no están los adolescentes que encontraron en Placebo a la banda sonora para sus ganas de ver el mundo gris. Ahora sólo quedan los seguidores que bien conocen y aprecian su repertorio, incluyendo el rescatable último disco, Battle for the sun.


Fueron precisamente los temas de ese álbum los que mayormente predominaron a lo largo del show, tras la apertura con "For what it's worth", puntualmente a las 21:00 horas, y luego de 30 minutos de teloneo a cargo de Lucybell.


Sin espacio para viejos hits ni para aspirantes a clásico, la noche siguió a toda velocidad con "Ashtray heart" (la del coro "corazón de cenicero") y "Battle for the sun", para luego dar paso a otras recientes como "Speak in tongues" y "Julien", intercaladas con anteriores como "Soulmates never die" y "Follow the cops back home".


Las pantallas demuestran que Molko ya no está preocupado de las bases en polvo ni los coloretes, mientras que la notoria figura de Stefan Olsdal ya no insiste en los majaderos contorneos de antaño. Hoy ambos rostros principales de la agrupación dejan en claro que están más pendientes de la energía y el sonido, explorando cuanto sea necesario en las profundidades de sus pedaleras (sobre todo el espigado bajista-guitarrista), de donde emerge el sello cibernético de gran parte de sus temas, y que otros dejarían netamente a cargo de programaciones.


Todo queda más claro cuando ambos cruzan sus guitarras en primer plano, para un epílogo que fortalece al clásico "Every you, every me", mientras sus cuatro músicos (incluyendo al baterista Steve Forrest) completan el paisaje sonoro.


Sobre bases cuantitativas, entonces, muchos hablarían rápidamente de decadencia, pero a no apresurarse. Maduraron los viejos nuevos chicos de negro y buscaron otros rumbos. Pues que les vaya bien. Placebo, en tanto, se libró de esa masa plástica a la que erróneamente buscó complacer, y también maduró con ello. Una madurez paradójica, que habla de nuevas búsquedas de la mano de cierto regreso a las raíces, cuando antes de pintarse con labial, había que tener un grueso puñado de buenas canciones.

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