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"La anécdota es el atajo más fácil de un creador"

El cantante uruguayo está de regreso para dar un concierto en Santiago este 12 de octubre, y aquí habla largo y tendido, con su nuevo disco, Amar la trama, como punto de partida.

12 de Octubre de 2011 | 13:32 |

Hay una canción que no figura en el repertorio habitual de la gira con la que el cantante y autor uruguayo Jorge Drexler estrenó su reciente disco. Una canción dedicada a un lugar específico: Chile. Es "Un abrazo en décimas para Chile", el verso que compuso y cantó en solidaridad con este país tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.

"Quien en Chile un día vibró / tiembla cuando Chile tiembla / llena sus ojos de niebla / si oye que Chile lloró", son las primeras líneas de ese verso, que habla tanto del lugar como del propio Drexler, el más destacado de los autores de canciones sudamericanos de las últimas dos décadas, quien volverá a tocar este miércoles 12 de octubre en el Teatro Caupolicán de la capital, el mismo recinto donde en septiembre del año pasado estrenó su disco Amar la trama (2010).

-Estoy muy acostumbrado a asociar la emoción con el verso, y tenía un sentimiento tan sencillo como ése: el que un día vibró con Chile queda en resonancia. Y si (Chile) vibra, uno vibra, y si tiembla, uno tiembla, ¿sabes? Ésa es la sensación. Yo vibré en las buenas, pero después no puedes evitar temblar en las malas -explica Drexler acerca de esos versos. A las puertas de un reencuentro en Chile, el cantante, alguna vez estudiante de medicina, trae una carrera con hitos como el premio Oscar por la canción "Al otro lado del río", de la película biográfica de Ernesto Che Guevara "Diarios de motocicleta" (Walter Salles, 2004), la primera de esas estatuillas otorgada una canción en castellano, y sus cuatro nominaciones al Grammy latino de 2010 por su reciente disco y al single "Una canción me trajo hasta aquí".


Violeta Parra y las décimas sublimes


-Eso creo que me viene de que éramos chicos, con mi familia -explica, sobre su relación con los versos-. En los cumpleaños familiares había una cosa, no sé de dónde vendría, de los dos lados de mi familia: tanto de la parte judío-alemana como de la parte uruguaya se saludaba en verso en el cumpleaños. Se repartían los regalos de navidad en verso. Es decir no recibía uno su regalo hasta que no hacía una rima con su nombre, ¿no? O con el nombre de aquél al que tenía que entregar el regalo. Yo aprendí a rimar muy chico en casa. No es que se hiciera todo el tiempo, pero era una ocasión ceremonial.


"Yo escribo muy pocas décimas para canciones. Muy pocos sonetos para canciones", agrega. "Recién ahora he empezado un poco. Y cuando pasó lo de Chile… es que lo que uno escribe tiene dos valores. El valor literal, que es lo que dicen las palabras, pero luego tiene lo maravilloso de la canción, que es el valor, la enorme carga emocional que pone la estructura rítmica y melódica de un verso".

-Es significativo que hayas elegido la décima en ese verso para Chile, porque acá ése es el verso profundo de la poesía popular.
-Sí, y están las décimas autobiográficas de Violeta Parra. Ella tenía esa relación también. Ella escribía de manera autobiográfica la décima. Hablar de las cosas que a uno lo conmueven es muy difícil. En prosa. Para mí. Si estás acostumbrado a cantar. Es mucho más fácil sublimarlo, hacer de algo doloroso… me encanta el verbo ése, sublimar: volver sublime una cosa dolorosa o traumática. Utilizar el dínamo de la movilización del dolor como un viento para llevar el barco a otra dirección. No a la dirección a la que te arrastra el dolor. Y la transmutación, aunque sea en un mínimo de belleza, de algo intenso en otra dirección, me hace acordar el capricho ese de la vida de sacar una brizna de pasto en la mistad del asfalto, como el esfuerzo que vence ese tipo de adversidad.

-¿No pensaste en grabar esas décimas?
-No lo había pensado. Las canciones que escribo… Hay dos tipos de canciones, de las que escribo. A veces se juntan, pero no siempre. Siempre escribo para cantar lo que siento, pero a veces siento claramente que van a ir dentro de un disco, y hay otras que me da hasta pudor meterlas dentro de un disco, en el sentido de que me parece que la finalidad que tienen que cumplir ya está, y meterlas dentro de un disco sería como tratar de sacar otro partido a la canción. Hay una lista de canciones que al final son muy importantes para mí.

Drexler menciona entre esas canciones una que compuso para la ONG Puente al Sur y otra para el plan de educación e informática Ceibal en Uruguay, "A la sombra del Ceibal".

-Y la que escribí para Chile. Y no sé si hay alguna más. Son canciones que fueron escritas entre discos y quedaron como lo que eran, como una manifestación espontánea de algo, que era un fin en sí mismo. No quería buscarle una finalidad artística ni de otro tipo.

-¿Es una forma de remontarse al origen espontáneo de la canción, antes de que existiera el disco o la industria?
-Yo no estoy seguro siquiera de si son canciones. Son canciones por la estructura, pero muchas veces es como una carta. Me parece que cuando quiero realmente mostrar cariño trato de dar un plus, de mostrar un esfuerzo. Porque una carta se escribe de repente en quince minutos, pero una décima me lleva uno o dos días a mí, de promedio, ¿no? Uno o dos días de concretar mucho lo que siento, y destilarlo mucho. Hasta que quede en la esencia de lo que siento.


El éxito o la taxidermia del arte


Con su reciente disco Jorge Frexler suma diez álbumes entre su debut en 1992 y los más nuevos Frontera (1999), Sea (2001), Eco (2004), 12 segundos de oscuridad (2006), Cara B (2008) y el propio Amar la trama (2010). Y el concierto con que estrenó este último consiste en más de dos horas de música.

-Son un poco más cortos habitualmente. Éste se nos quedó largo y lo tratamos de acortar treintiocho mil veces y no pudimos. Lo intentamos, lo intentamos, lo intentamos…

-¿Ésa es la mejor prueba de que no hay que cortarlo, entonces?
-Yo sí creo que en un show no debe llegar el momento en que la gente empiece a pensar "este… se me va a cerrar el parking" o "estoy pagando por horas a la baby sitter". No debe llegar ese momento. Espero que no llegue, pero la verdad es que lo intentamos cortar pero no podemos. Lo que pasa es lo siguiente.

Drexler va a contar qué es lo siguiente pero en ese punto no aguanta.

-Está tan fuerte la música.

Cierto: en el lobby del hotel donde está hospedado la "música ambiental" no deja conversar, hasta que el cantante pide a la camarera si es posible bajar el volumen.

-Sabes que no puedo… nunca pude estudiar con música, no puedo hablar con música, no puedo hacer ninguna de las funciones biológicas humanas con música -sonríe, antes de retomar la idea del concierto-. Este show tiene un planteo que es visitar las canciones antiguas con el formato nuevo. O sea, pasar el resto de mi repertorio a través del tamiz de los vientos y la marimba, que son los elementos novedosos del show. Porque otras cosas ya tenía: tenía theremin, batería y bajo. El gran cambio para mí es la sección de vientos y la marimba, que entre los dos generan un espacio que es lo que me tiene más deslumbrado ahora. Entonces, claro, vamos metiendo canciones. De hecho hay un par de canciones más que me gustaría meter pero ya desistí porque si no se nos va a las tres horas de show. Hay una canción más que me gustaría meter, estoy buscando cuál.

-El público son fans. Van a agradecer cada canción extra.
-Lo que pasa es que sí que me gusta relacionarme con la gente sin precisar la admiración incondicional. Sin precisar el fanatismo. De hecho "fan" es una palabra que a mí, ya que la nombrás y en este juego de palabras que es una entrevista, es una palabra que no me gusta, "fan". No tengo club de fans ni nunca lo tuve ni lo fomenté, y creo que el club de fans es una de las cosas que murió, por suerte, con lo de Facebook y lo de Internet. Ya no se llama club de fans. El mundo está tan tan lleno de fanatismo irreflexivo, en tantas cosas, que por qué (tendría que haber fanatismo) en un área tan bonita como es el aprecio, o inclusive la admiración, o el cariño, o los seguidores, como quieras llamarlos, donde se supone que la gente está relacionada ahí no por una cosa irreflexiva ni compulsiva sino por amor, hacia algo, hacia las canciones.

-Todo mal desde la etimología, que viene de fanatismo.
-Claro. Me gusta mucho la etimología. Te voy a decir otra que te va a gustar. Éxito. Éxito vine de salida, de exit, del latín. Y yo aprendí una acepción en medicina de exitus: un paciente que va hacia el exitus quiere decir que va hacia la muerte. Entonces me parece muy curioso que el éxito tenga esa vinculación. No sé si en otros campos se usa como sinónimo de muerte, pero es una muerte. El éxito es el final de un proceso. Es la consagración. Que es igual que la museística. Un género artístico está vivo hasta que lo glorifican, lo ponen en un museo, lo agarra un taxidermista y se queda quieto, ¿no? Es decir, el éxito es como la taxidermia del arte, por decirlo así. Agarrás a alguien y lo petrificás.

Si Drexler quiere poner un ejemplo ahí está la mitología a la mano.

-Es como mirar la Gorgona a los ojos: te trasforma en piedra, te quedas quieto. La gloria es como la Gorgona: si la miras a los ojos te paraliza. El otro día estaba leyendo un libro, te recomiendo un libro, enormemente, aunque como todos los libros que leo últimamente lo leí parcialmente; leo fragmentos y después agarro otros, tengo todos libros arriba de la mesa, todos sin terminar: es un desastre mi relación con la lectura. Pero un desastre amoroso. De Italo Calvino, "Seis propuestas para el nuevo milenio". Son unas conferencias que dio justo antes de morir. La primera es sobre la levedad, la ligereza, como un elogio a la beldad, y ahí habla también de la cabeza de la Gorgona, que la única manera que tiene el héroe mitológico, quién era, Teseo, o Hércules, es mirar a la Gorgona en el reflejo del escudo, no directamente, para poder matarla. El éxito es como la Gorgona. No lo puedes mirar directamente porque te transforma en piedra.

Palíndromo y meta palíndromo

Otra prueba de las lecturas de Jorge Drexler está la relación entre el cuento "La trama celeste", del escritor argentino Adolfo Bioy Casares, y el título de la canción "La trama y el desenlace" y por extensión el del disco Amar la trama.

-Es la única vez en que he visto la palabra "trama" en ese sentido escrita en un título de algo, y yo soy un fan de Bioy Casares a muerte, ¿no? Y el libro ese de "La trama celeste", con el personaje del piloto de avión que cruza dimensiones, cuando puse el título enseguida me remitió ahí. No hay una conexión de significado pero sí de la sonoridad. Puse el título de "La trama y el desenlace", "Amar la trama", y todo el tiempo pensaba en la palabra "trama"… que es otra palabra muy compleja. Tiene por lo menos tres acepciones claras y contradictorias, ¿no? Una es complot. Otra es tejido, la urdimbre, la trama es un haz de hilos, es precioso, el disco termina diciendo "mientras tanto, en algún otro lugar, dos hilos cruzan juntos otro telar". Es como decir "ésta es la trama que hay aquí y hay otra trama que sucede paralela", como "La trama celeste" de Bioy Casares, que son dos al mismo tiempo. Y el tercero es la trama como desarrollo narrativo. Pero "La trama celeste" de Bioy Casares está para mí más relacionado con la acepción de la palabra que implica el venir del cielo, y las interconexiones del cielo, también. Entonces me pareció una palabra tan rica que quise tenerla en el título del disco. Aparte de que es un casi palíndromo (frase que es posible leer del mismo modo al revés y al derecho), que está allí más por el casi por el palíndromo.

-De hecho leída al revés también se entiende como una frase.
-Sí, "Amar tal rama", dice al revés.

-De alguna manera también tiene sentido con lo que has dicho sobre irse por las ramas, en vez de ir rápidamente al punto.
-Ah, no lo había pensado. Muchas gracias, me viene genial, de verdad. Amar irse por las ramas, mirá qué bueno. A mí me gustan mucho los palíndromos, y tengo palíndromos que funcionan muy bien. Dos que me acuerdo de memoria: "Amo la paloma", que es uno muy sencillo, y "Sé verle del revés", que es el acto mismo del palíndromo en sí.

-Qué bueno, un metapalíndromo.
-Claro. Es un palíndromo sobre el acto de palindromar. Y me gustan mucho. Y "Amar la trama" está todo con la vocal A, que es la vocal del esternón, aaah, la vocal de los afectos. De abrir el pecho en vez de cerrarlo.

-El cineasta Eric Rohmer aparece en esa canción, en un verso que dice "Ir por ahí como en un film de Rohmer / Sin esperar que algo pase / Amar la trama más que el desenlace", a propósito de que en apariencia no pasa nada.
-La anécdota es el atajo más fácil de un creador. La anécdota está muy bien de repente, pero centrar toda la atención en la anécdota es el gran malentendido de pensar que hay un continente y un contenido y el contenido es más importante que el continente. Cuando no es así. No es la anécdota en sí lo que hace a un cuento de Borges maravilloso. Porque para eso abrís las páginas policiales y son más interesantes que un libro. El contenido no es separable del continente, de la manera en que está narrado. Cada frase de Borges tiene la utilización del idioma castellano más rara y maravillosa que he visto. Porque lo ve con ojos de bilingüe, de visitante nuevo, el idioma. Lo descubre como un niño. No entiende si está hecho para escribir así (toma un lápiz) y lo da vuelta y hace una raya para el otro lado. Usa las palabras como si fuera un autodidacta, como si no las conociera. Y eso para mí es la poesía, ¿no? Es encontrar emoción en la traslocación de las relaciones naturales de las palabras, por ejemplo.

-Existe un culto por que pasen cosas, por "una buena historia", por capturar la atención con algo supuestamente divertido. ¿Te refieres a eso también cuando hablas de la anécdota?
-En general la relación entre continente y contenido me viene obsesionando desde los últimos discos. Si te fijas pasa en todos lo títulos, desde Eco, que no es el fenómeno en sí, sino el reflejo del fenómeno. Lo que decíamos de mirar a la Gorgona en el espejo. 12 segundos de oscuridad, que se refiere a un faro, pero no a la luz del faro, que es lo evidente, sino al espacio entre las veces que gira la luz del faro, y que es lo que la gente no mira habitualmente. Es "Life is what happens when you are busy making plans" ("La vida es lo que pasa mientras estás ocupado haciendo planes", la famosa frase atribuida a John Lennon), como dicen. Qué hace que el faro del Cabo Polonio no sea el de La Paloma: el de La Paloma tiene treinta segundos de oscuridad. Tienen la misma luz, los dos, lo que los identifica es la oscuridad. Con toda la metáfora que tiene aprender de los momentos de oscuridad de uno. Cara B, que más evidente no puede ser, es el mismo fenómeno. Y la trama más que el desenlace es lo mismo. La gente presta más atención a los nodos que al pedazo de la cuerda que vibra entre dos nodos. Yo no me había dado cuenta, pero es una obsesión por defender los aspectos no visibles de los fenómenos.

Rohmer, Marley y conexiones: ironía y marihuana

-Una película de Rohmer es cinco personas sentadas en una mesa y ahí hay toda una corriente subterránea -continúa Drexler, a propósito del cineasta francés-. Con todas las películas que veo de Rohmer me pasa lo mismo, empiezo a verla y como a la media hora digo "bah, ésta va ser la que es demasiado, la que es tan quieta que no me va a gustar". Y a los cuarenta y cinco minutos estoy así (atrapado por la película). Y la verdad es que te baja el ritmo cerebral el tipo. La película se pone en fase con la vida, de alguna manera. Y salís sintiendo que la película es tan importante como la vida. Que es lo mejor que le puede pasar a una película. Y aparte tiene una… una generosidad. Porque que alguien te haga sentir que lo que viste en el cine es la vida en toda su profundidad, y que no tienes que salir en un helicóptero ni a matar un dragón ni subir al Himalaya para que tu vida tenga sentido, es el acto de compasión y de empatía más maravilloso que pueda haber. Tal vez sea muy fácil ser un santo en un monasterio, pero más difícil es encontrar un sentido al viaje de autobús, estar conectado con las cosas más sencllas y decir "con esto basta". El disco todo es sobre eso. Me han dicho "Es el disco más optimista que tenés", y yo digo no. Es más, una frase como "La vida puede que no se ponga mucho mejor que esto" hasta puede ser interpretada como pesimista.

-O para qué hablar de lo que dices en la canción en inglés.
-Claro: "Don't worry about a thing, 'cause nothing's gonna be all right" ("No te preocupes por nada, porque nada va a salir bien") -dice: es la versión que grabó de "Don't worry about a thing", una canción del músico de jazz estadounidense Mose Allison a quien Drexler conoció por medio del pianista Ben Sidran, también estadounidense, con quien ha colaborado-. Pero sabes qué: en el fondo del mensaje de la canción salís con una sonrisa, porque es como "ya estáa, si el mundo es una demencia".

-Eso se conecta con otra canción, "Aquiles, por su talón es Aquiles", que habla de las limitaciones: "Rara vez se es tal y como se quiere", dice.
-El mundo es una demencia, si quieres precuparte no te va a faltar nunca tema, ¿no? Lo que dice Mose Allison es "Levanta esa copa y brinda, si todo se va al carajo igual, de cualquier manera". El acto de decir "no va a ser mejor que esto" es un motivo para celebrar ahora, que es lo único que tienes. Todo eso está dedicado a Ben Sidran, porque Mose Allison es su maestro, y Ben Sidran es el mío, y él me dijo esa frase: "You know, my friend", levantó un día una copa de vino y me dijo, él tiene ese tipo de frases, "Life doesn't get much better". "La vida no se pone mucho mejor que esto". Es esa sensación de que lo que hay es suficiente. Como dice Gilberto Gil, el mejor lugar del mundo es aquí y ahora. Ya está, no hay que correr.

-¿Entonces es casualidad que esa frase se parezca tanto a la canción de Bob Marley que dice "Don’t worry / about a thing / 'cause every little thing is gonna be alright" ("No te preocupes, que todo va a salir bien")? No es una relectura irónica.
-No. La de Mose Allison es muy anterior, es una canción del '50. Ah, "Baby, don't worry about a thing…" –canta la canción de Marley-… eso es muy bonito.

-También es bueno.
-A mí Marley me encanta. También dice "Lively up yourself", "Llénate de vida", ¿no? Pero la de Marley es una línea recta. Dice "No te preocupes que todo va a estar bien". Yo le creo mucho más a un tipo que me dice "No te preocupes que nada va a estar bien". Porque si pones la tele te das cuenta de que nada va a estar bien. Y tiene sentido del humor, y el sentido del humor, la ironía, son muy valiosos. Es un viaje más indirecto -dice y hace una pausa-. Marley es uno de mis compositores favoritos.

-Nada contra su optimismo.
-No, y todo a favor, me encanta tocar canciones de Marley, "Stir it up" está en el repertorio. Lo que pasa es que creo que la marihuana tiende a establecer conexiones directas entre las cosas, y no se presta para la ironía. Es un razonamiento distinto. Y está muy bien, porque uno a veces tiene que establecer conexiones directas con las cosas.

-Te quita maldad.
-La gente tiene la posibilidad de reír y de tocar un acorde y repetirlo mucho rato y esa es una cosa muy valiosa. Pero la ironía es otra cosa. La ironía de Mose Allison tene un grado de lucidez que me encanta.

Lennon, Dylan, Cohen, Drexler

-Otra canción del disco, "Toque de queda", parece tener un nombre tan sudamericano. Yo soy chileno y pienso en dictadura y en Pinochet al tiro. ¿Tiene esa intención?
-Me lo han preguntado mucho y sobre todo en Chile, fijate, en otras entrevistas. No sé qué explicar de la canción, tiene una explicación pero no sé, porque fue escrita contando con esa confusión.

-Tal vez no haya que explicar entonces.
-Digamos una cosa: más allá de las razones del toque de queda, ese lapso, la limitación de la vida social de la calle, inclusive en los momentos de dictadura, cuando la gente entra en las casas muchas veces sigue más con su vida en ese momento que en la posibilidad de salir. Entonces el tiempo vuelve a la casa como una humareda, como que toda la ciudad, ¿viste las películas al revés?, como un humo que sale por debajo de una puerta y de repente lo pasas al revés y el tiempo se reabsorbe. Y todo pasa entre cuatro paredes. Es una canción muy sexual, aparte, "Toque de queda": lo que la gente hace cuando tiene la imposibilidad de estar fuera. Hay una anécdota concreta, es que fue escrita en un pueblo que se llama Sepúlveda, en el que todavía existe la primera acepción de la expresión "toque de queda": la queda eran las treinta y tres campanadas que se tocaban cuando caía el sol en las ciudades amuralladas y se cerraban todas las entradas. Entonces tocaban treinta y tres campanadas, muy largas, para dar tiempo a la gente a venir corriendo desde el campo y volver a la ciudad. Y el que se quedaba afuera pasaba la noche en el extramuro. Lo que eso implicaba es que se se acababa la vida en el exterior y empezaba la vida dentro del pueblo. Otro significado es cuando se prohíbe salir a la calle. Todo el lado malo de eso es evidente: que te podían hacer algo. Pero el lado bueno es como el lado bueno de un apagón, ¿no? Que de repente empiezas a mirar de otra manera lo que tienes a tu alrededor. Toda la canción es sobre lo que pasa adentro de la casa, en la intimidad. Pero fue escrita sabiendo que hay un dramatismo ahí.

-En "Tres mil millones de latidos" dices "Hay gente que es de un lugar / No es mi caso / Yo estoy aquí de paso". ¿No es lo mismo que la "Milonga del moro judío", del disco anterior, donde cantas "Yo soy un moro judío / que vive con los cristianos / No sé qué Dios es el mío / ni cuáles son mis hermanos", con otras palabras? ¿Se trata del desarraigo todo eso?
-Creo que es la misma canción. Hay canciones que son la misma: "Frontera" también. Y todas hablan del desarraigo en sentido figurado. En cierta manera no es que esté aquí de paso, sino que el desplazamiento geográfico trae aparejado un desplazamiento ontológico, digamos. Es una canción más del ser que del lugar. Tambien es una especie de… yo la veo como una canción ontológica que habla de una manera muy directa de la ecología. Me cuesta mucho escribir una canción así ecológica en términos muy explícitos pero me parece que el eje del maltrato al planeta viene del concepto de propiedad, de que "esto es tuyo", y "te pertenece y no se te ocurra pensar que estaba mucho antes de que llegaras", y depende mucho de ti como quede. La sensación de que éste es un lugar milenario en el que sólo te han dado alojamiento es verdad. Es decir, te han dejado estar un rato aquí. Nada de esto es tuyo, pero ni mucho menos. Ni te lo vas a llevar. Y después viene eso de no tener un lugar donde regresar.

-Ahí cantas "Si quisiera regresar ya no sabría hacia dónde".
-Ni cuándo tampoco. Tiene Dios una respuesta para eso, no lo sé. A mí no me la dice. La canción habla de lo que pasa en lo más sutil de los cuerpos sutiles, en el centro, donde no hay yo, como dice la otra canción de Aquiles. No tiene nada que ver con tu voluntad. "Estoy aquí de paso" es una canción escrita como en un no lugar. La persona está suspendida sin saber quién es ni de dónde viene ni hacia dónde va. Esa sensación puede ser muy angustiante, pero a mí me gusta siempre guardar un poco de eso adentro, para darte cuenta de la idiotez que tiene pensar que si tiras una botella de plástico al mar no te va a volver, por decir una cosa. Nada de lo uno pretenda decir sobre la ecología tiene ningún efecto si uno no llega realmente a darse cuenta de que las cosas no te pertenecen. Que es ridículo pensar que un pedazo de tierra, que ha estado millones de años antes, que te mira y se ríe de ti, es tuyo. Tiene tan poco sentido que es como esa otra frase que dice que intentar hablar de música es como bailar arquitectura.

-¿Eso también lo dijo Lennon, o fue Elvis Costello...?
-No sé si es de Lennon, pero Lennon es muy importante para mí. Mucho. Es como el… el gran maestro de la sublimación. El gran creador de belleza a partir del dolor.

-¿Sublimar es además transformar eso en otra cosa?
-Lennon lo tiene en una canción como "Julia". La belleza que saca del dolor de esa canción. Y aparte el cabrón, mirá como es Lennon, que no era un gran guitarrista, pero en esa canción lo que hace con la guitarra es tan precioso que de alguna manera le permite exponer el luto, que es el sentimiento más difícil de exponer en una canción. Exponer el luto encima de una especie de diamante, que es lo que pasa en la guitarra. Eso es sublimar, es transformar el sentimiento de luto que debe ser el tipo de cosas que uno está cuatro años en una terapia hasta que se anima a nombrar. Y él la pone en el contexto de una canción, y luego entra con "Mother", con "I'm losing you", con "I'm just a jealous guy", cosas que la gente siente todo el tiempo pero que nadie se anima a decir, y en él todo es totalmente transparente.

Otro ejemplo similar está para Drexler en el cantante y escritor canadiense Leonard Cohen.

-Lennon es como Cohen, también. Cohen se mete hasta aquí (señala el cuello) en lugares en los que yo le agradezo como espectador y me apena porque el grado de sacrificio que requiere, de exposición de la vida personal, es demasiado fuerte. Cohen está muchísimo más centrado en la literatura, lo hace a través del verso, de la palabra sobre todo. Lennon lo hace con la canción: con la voz, con los acordes, con la melodía. Por ejemplo… voy a decir algo que no había dicho nunca: admiro mucho a Dylan. Pero no sé si me gusta mucho (se ríe). No sé si le creo. Lo admiro profundamente. Pero creerle, le creo a Lennon, le creo a Cohen.

-¿Cuál es la diferencia?
-Siempre vi algo muy claro desde la elección del nombre como una impostación en Dylan. Es decir, de querer establecer una distancia absoluta entre quien es y lo que representa, desde quitarse el Zimmerman (su apellido real) y ponerse Dylan. Y luego ese enfado que adoptó a finales de los '60, qué pena ¿no?, con lo lindo que es el mundo y con lo lindo que escribe. En la forma me parece maravilloso, y probablemente es el que tenga el mejor manejo de la palabra. Pero eso para mí no lo es todo. Cohen además es otro compasivo, por ejemplo. Te hace sentir cerca. Dylan te hace sentir lejos. Siempre. Siempre que vas a Dylan él te deja claro que está en un lugar y tú estás en otro, y Cohen te tiende un puente. Fui la otra vez a ver un show de él en Madrid, y es una de las experiencias mas impresionantes que tuve. Aparte de que la música, la voz, el sonido estaba todo genial, está la sensación de compasión que recibís del tipo de arriba. Termina el concierto diciendo "Drive carefully" ("Manejen con cuidado"). Se despide uno por uno de los músicos y le dice al público "Vayan despacio", cuida al público hasta el momento en que se va. Y sobre todo lo tenía Lennon: "Ríete de ti mismo, tío, que no eres tan importante". Anímate a escribir una canción que diga "Beautiful boy" para tu hijo. Ten los huevos de hacer eso: quién se anima a hacer una cosa así. Es difícil escribir una canción sin tener miedo al ridícuko. Eso es un valiente. Lennon era muy valiente.

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