Darlo vuelta a su favor

Tras su anecdótico debut de 2009, el viejo fenómeno de la electrónica regresó para reverdecer sus marchitos laureles, misión que cumplieron ante cerca de 4 mil enfervorizados asistentes.

04 de Mayo de 2012 | 19:03 |
Mónica Muñoz

El reloj marca más de las 22:30 en la noche de jueves y dentro del Teatro Caupolicán acaba de subir a escena el dúo alemán Modeselektor, el primer plato fuerte de la velada. La pista inferior del recinto ya luce repleta, mientras que las galerías superiores también comienzan a poblarse.

El detalle es que ya con 90 minutos de actividad, las afueras del teatro lucen igualmente repletas, con una gruesa fila que se extiende por calle San Diego hasta la esquina con Coquimbo.

La explicación no está sólo en las complicaciones que pudiera haber para validar la compra electrónica de tickets, sino también en la notoria ansiedad que en parte de su nicho parece haber provocado el número de fondo, reservado para los franceses Justice.

El dúo integrado por Gaspard Augé y Xavier de Rosnay regresó así a Chile tras su irrelevante debut de 2009, en una presentación que ni siquiera debiera calificar como tal: Para entonces el grupo, que ya era fenómeno en el mundo electrónico, vino sólo en formato DJ set (es decir, a hacer la fiesta), dejando en casa su propia performance en vivo.

Ahora, en cambio, no sólo llegaron con su emblemática cruz luminosa y sus aparatosas torres de amplificadores Marshall. Además trajeron su propio repertorio, impulsado por ese archireproducido álbum de 2007 conocido como Cross (en rigor, †), portador de un capital que Audio, Video, Disco (2011) no supo heredar.

Por lo mismo, esta vez no hay fenómeno, pero la verdadera convención retro hipster que intenta formarse en el recinto de San Diego (donde se reunieron cerca de 4.000 personas), dice que lo que sí hay es una deuda que aún se mantiene entre Justice y sus seguidores locales.

Y lo cierto es que ese saldo hoy fue cancelado por Augé y De Rosnay, quienes en medio de un envolvente y preciso afluente de estímulos visuales demostraron por qué hasta la llegada de Skrillex eran los más rockeros del mundo electrónico.

La fe no estaba precisamente en alto a causa de su deslavado último disco, pero los franceses se las arreglaron para hacer de ese material más bien un complemento de sus éxitos, emanados casi en su totalidad de †. Así piezas como "Horsepower" pasaron como retazos entre "D.A.N.C.E.", "Phantom" y "DVNO", tras una apertura tan pertinente que resulta imposible de transar: "Genesis".

Otros cortes nuevos como "Civilization" y "Helix" asoman como unos de los pocos de la nueva etapa que con toda propiedad pueden relucir entre el repertorio "histórico", mientras el resto encuentra en el ensamble en vivo toda el músculo del que carece de fábrica.

Augé y De Rosnay "hacen la pega" en pose electrónica clásica, bien imbuidos en sus consolas, pero esta vez también se dan tiempo para agitar puños y pedir más energía. Los famosos amplificadores Marshall (¿sonarán?) se descubren, mientras tanto, como el principal recurso escénico, originando una verdadera descarga de luces y colores en los costados de la insigne cruz.

Abajo, en tanto, el colectivo amenaza con adoptar esa figura de la "caldera", que tan bien resume los ambientes de energía desbordante. Y a ratos lo logra. Es la recompensa justa para un grupo que en el papel parecía volver algo tarde y a mal traer, pero que logró pagar su deuda agregando los bienvenidos intereses de una fiesta intensa y catártica, y demostrando de paso que hay un rol en la dramaturgia electrónica que ellos siguen desempeñando mejor que ningún otro.

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