Jonas Brothers trajo la euforia adolescente de regreso al Festival

Desde 1998 con Backstreet Boys que no se veían escenas como las de hoy en la Quinta Vergara, donde miles de pequeñas fanáticas acompañaron hasta las tres de la madrugada a sus máximos ídolos, rendidas a sus pies.

27 de Febrero de 2013 | 03:57 | Por Sebastián Cerda, enviado especial a Viña del Mar

VIÑA DEL MAR.- Chillidos y coros masivos son pan de cada día en el Festival de Viña del Mar. Chayanne, Luis Fonsi o cualquier ídolo romántico es capaz de hacer esa cosecha en sus regulares visitas a este escenario, incluso sin transpirar demasiado. Pero una postal de euforia como la de esta madrugada, es algo que sólo algunos pueden conseguir.

Porque para ello no basta con ser famoso, bien parecido y tener muchos éxitos. Además hay que lograr que éstos se enquisten en el gusto y las pasiones de sólo una comunidad en particular: Los adolescentes.

Y precisamente allí están alojados con fuerza no sólo los temas de Jonas Brothers, sino también sus rostros y todo lo que la extensa imaginería de una fanática púber pueda contener. Es un torrente de construcciones personales y de marketing tan grande, que en ocasiones como ésta no hay manera de contenerlo, y la energía simplemente desborda.

Eso es lo que ocurrió esta noche en la Quinta Vergara, en el regreso a Chile de Jonas Brothers, trío que hace poco más de dos años ya había repletado en dos ocasiones recintos capitalinos para 40 mil personas, y que hoy imprimió en Viña una postal que aquí no se veía desde 1998, con Backstreet Boys.

Peluches volando como proyectiles, fans organizadas en muestras particulares de fidelidad (en este caso, miles de globos blancos y corazones de papel al viento) y, por cierto, un chillido interminable ante cada palabra o gesto, fueron parte de la tónica de esta noche, en que todo lo demás poco importó.

Abrieron con "Paranoid", pero podrían haberlo hecho con cualquier otra, y el efecto habría sido el mismo. El sonido no debería haber estado todo lo obstruido que estuvo en la largada, pero sólo observarlo aquí ya parece de un regodeo impensable.

Las canciones no parecen tener demasiada más vida que la adolescencia de las fanáticas, y piezas como "BB Good" dan la impresión de haberlas escuchado como cortina en decenas de series gringas sobre la secundaria, desde los 80 hasta ahora.

Sólo Nick Jonas parece resaltar con armas propias y esbozar un futuro distinto, tanto en los créditos de los álbumes como en escena, mientras que la banda de acompañamiento suena pulcra y suficiente, aunque eso sea lo mínimo que se pueda pedir a un proyecto como éste.

Pero todas ésas parecen observaciones de viejo mañoso en este contexto. Para fans como las de Jonas Brothers sólo existe el presente, y el aquí y el ahora se llama Viña del Mar. Siendo así, las antorchas y las gaviotas cayeron por aclamación en sólo un par de minutos, y los tres hermanos las celebraron a rabiar. Linda imagen, pero seamos francos: Cualquiera que haya visto en alguna ocasión el Festival de Viña sabe con claridad que, más allá de lo que el grupo haya podido hacer, esta vez simplemente no cabía otra posibilidad.

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