André Rieu despeinó el repertorio clásico en su debut en Santiago

El violinista holandés abrió su saga de cuatro conciertos en Movistar Arena con una verdadera fiesta, levantada sobre una propuesta lúdica y chispeante, que fue recompensada con una ovación permanente desde el público.

31 de Mayo de 2013 | 09:10 | Por Sebastián Cerda, Emol

Rieu volverá a presentarse en Movistar Arena los días viernes, sábado y domingo.

Cristian Soto, El Mercurio
SANTIAGO.- La orquesta toca en pleno respaldando a un solista en primer plano, mientras dos instrumentistas se apartan de esa atmósfera solemne, para darse "cachamales" al más fiel estilo del niño desordenado del curso. Luego, otras dos integrantes del elenco hacen traviesos ruidos con sus bocas, hasta que el flautista se levanta para sumirse en un solo ajeno, abstraído y en éxtasis. Su intromisión causa molestia en el solista, pero tanto insiste el músico en su empresa que uno de sus compañeros lo resuelve de manera radical: Saca desde abajo de su silla un martillo gigante y le da un certero golpe en la cabeza.

La escena bien podría haber sido vista en un capítulo de "El show de Benny Hill" o de "El Jappening con Ja", pero no es de allí. Tampoco de un espectáculo de humor o variedades, pero sí de algo que se le parece: El concierto que esta noche ofreció en Santiago el violinista holandés André Rieu, junto a su Johann Strauss Orchestra. En el papel, un espectáculo de música clásica, pero que pone el foco mucho más allá de ella, hasta transformarla muchas veces en el telón de fondo para una comedia de situaciones.

El estilo, según decían en las horas previas, irritaba a los puristas del género, pero definitivamente no ocurrió lo mismo con las más de diez mil personas que hoy llegaron hasta la Arena Movistar, quienes se entregaron por completo al divertimento, el desprejuicio y, por cierto, los clásicos que el músico de 63 años entregó junto a su orquesta, de casi medio centenar de integrantes.

Muchos conocían el libreto, pero no por ello dejaron de sorprenderse con las propuestas que Rieu planteó desde un inicio, cuando puntualmente a las 21:00 horas asomó al fondo de la cancha y al frente de sus músicos, para luego ingresar desfilando por los pasillos que dividían a las ubicaciones más costosas, en medio de una generalizada ovación.

La pieza "76 Trombones", de Meredith Wilson, fue la escogida para el ingreso, primero en pistas, pero luego retomada por el conjunto en pleno, para dar el vamos a un programa que incluyó obras como "Cuentos de los bosques de Viena" (Johann Strauss), "Concierto de Aranjuez" (Joaquín Rodrigo), "Ballade pour Adeline" (Paul de Senneville), "Bolero" (Maurice Ravel) o "Nessum Dorma" (Giacomo Puccini), entre otras más populares del repertorio usualmente catalogado como clásico.

Todas fueron alternadas con recursos ajenos a la postal con que se asocia a estas melodías, pero que aquí están siempre a punto de precipitar. Pueden ir desde lo leve, como una pícara levantada de cejas de Rieu (bien amplificada por pantallas gigantes que no pierden detalle) o una invitación a hacer palmas; hasta lo extremo, como dejar caer un saco de plumas sobre los ocupantes de las primeras filas, desatando las carcajadas entre los afortunados que observan de lejos.

Los diálogos también abundan en este espectáculo que hoy coronó el Orfeón de Carabineros —uno de los momentos más aplaudidos, con piezas como "Chiu-Chiu" y "Cielito lindo"—, aunque la música finalmente se las arregla para ser protagonista. En esos momentos se logra apreciar a una orquesta compacta y fiel, pero no más que tantas en el mundo, comandada por un violinista que dirige con una técnica que espantaría a los más académicos, y que como solista ni siquiera se muestra.

Pero seguro que eso no debe estar entre los objetivos de Rieu, un hombre que a todas luces se preocupó más de sacudir a estas piezas de todo lo que pueda oler a élite, hasta transformarlas en la cuna de una fiesta en la que es alegre anfitrión, y donde existe el permiso para todo. Guste a quien le guste, en ese afán sí alcanzó el mérito de idear un concepto, que hoy lidera, y también defiende.
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