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Especialistas advierten: "Lo más duro del secuestro viene después"

Para un niño, vivir una experiencia traumática como un rapto puede traerle graves consecuencias psicológicas. Dos especialistas explican cómo evitar que el niño quede con secuelas.

19 de Enero de 2007 | 09:31 | Alejandra Torres, El Mercurio Online
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El menor I.M. estuvo 8 horas secuestrado. Los especialistas señalan que lo más duro viene ahora.

Richard Salgado

SANTIAGO.- Luego del traumático secuestro del menor I.M. en Las Condes el miércoles recién pasado, surge la duda de qué es lo que pasa con los niños que se enfrentan a situaciones como esa y de cómo él y su familia deben enfrentarla.


María Alicia Espinoza, siquiatra infantil y juvenil de la Clínica Santa María y Christian Pablo Soto, psicólogo de la Clínica Las Condes, entregan a continuación algunos consejos y apreciaciones al respecto. 


"Una situación violenta e inesperada es traumática en cualquier etapa especialmente en la niñez. El secuestro, por el hecho en sí y por la percepción de riesgo vital y de indefensión, puede tener una repercusión en el desarrollo del niño y constituir un trastorno emocional severo", enfatiza la siquiatra.


"Lo más duro del rapto viene ahora, después de ser liberado", señala el psicólogo Christian Pablo Soto. Ambos especialistas coinciden en que una situación traumática como el secuestro va a desencadenar en el niño un estrés agudo que puede derivar en estrés post traumático, que "se acentúa después de los eventos", explica el doctor.  


En ese caso se presentan en el niño angustias constantes y el menor recuerda reiteradamente la situación de riesgo que vivió, por ejemplo, a través de sueños. En general el niño puede dormir mal y tener trastornos alimenticios.


Esta condición se puede expresar en un niño que evita exponerse a situaciones de riesgo nuevamente y que desconfía de la gente. Además, es muy probable que el niño reviva y recuerde escenas del momento que le produzcan angustia, en la que la situación de riesgo (el secuestro) se repita en su mente.


Por lo mismo, ambos profesionales recomiendan el apoyo familiar inmediato y, además, creen que la asistencia de un especialista es fundamental. Esta ayuda idealmente debería ser lo más inmediata posible. "Lo más recomendable sería que estuviera en tratamiento antes que aparecieran los síntomas", explica el psicólogo Soto.


La familia también sufre las consecuencias


Pero no sólo es el niño el afectado por este trauma. "La familia también puede sufrir este estrés", explica el psicólogo Soto. "Sobre todo la madre, más que el padre o los hermanos", comenta.


Por lo mismo, es muy importante que la persona más cercana al menor reciba ayuda sicológica. Esto, por varias razones. Primero para que sane así sus propios traumas y dificultades producto del secuestro.


Además, "porque quien sea más cercano emocionalmente al niño va a tratar de darle un trato radicalmente distinto al "normal" y lo que se necesita es mantener las certezas del entorno, las estabilidades", explica el doctor de la Clínica Las Condes.


"Si después del rapto cambia mucho su entorno la persona (el niño secuestrado), se siente inseguro", comenta el doctor.


"Una madre no sabe cuantificar el daño que tiene el niño" por lo que tiende a cuidarlo "demasiado", explica el doctor Soto. Por lo mismo, un especialista es el indicado para determinar los cuidados que debe recibir, de acuerdo al daño del menor.


Esto porque, según comenta el psicólogo, el niño necesita sentir "que todo sigue como antes", para así confiar de su entorno. El mismo especialista recomienda que sea el mismo terapeuta el que vea al niño y a la madre.