Vecinos y feriantes de La Legua relatan cómo es vivir en medio de la guerra de los narcos

Ataques a viviendas de quienes hacen denuncias y pérdida de clientes por los continuos tiroteos marcan las jornadas de quienes viven y trabajan en ese sector de San Joaquín.

02 de Abril de 2011 | 10:57 | Por Francisco Águila V., Emol

Pese a los continuos allanamientos e intervenciones policiales, los habitantes de La Legua aseguran que la situación no mejora y que las balaceras son ''pan de cada día''.

Héctor Flores, El Mercurio

SANTIAGO.- En la calle Jorge Canning que cruza la población La Legua Emergencia, en San Joaquín, existe una especie de norma no escrita: la gente tiene la preferencia para caminar por la calzada y los vehículos tienen que esquivarlos para no causar un accidente.


Mientras eso ocurre, decenas de personas, especialmente hombres jóvenes, están parados en las esquinas mirando si el vehículo que ingresó a la arteria y sus ocupantes son conocidos. De lo contrario, empiezan los silbidos en clave y los gritos, como una especie de alerta a los narcotraficantes.


Y es que la carta que envió el sacerdote de la parroquia San Cayetano de La Legua, Gerard Ouisse, al ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, dando cuenta que los niños han dejado de asistir a clases por temor a las balaceras, es sólo una parte de la compleja realidad que enfrentan los vecinos de esta emblemática población.


"Yo le contaría muchas cosas, pero me da mucho miedo. Siempre hay alguien que está 'sapeando' (mirando). A una señora la otra vez le quebraron todos los vidrios de su casa y tuvo que irse de acá", dice a Emol una vecina que evita dar su nombre por razones de seguridad.


La mujer agrega que en su pasaje hay dos viviendas en las que se vende droga y que pese a que llevan años en la misma situación, las autoridades no han hecho nada por remediarlo.


Otra vecina, que se identifica como Marcela, ratifica las palabras del padre Gerardo -como le llaman en la población-, "de repente estamos trabajando y empiezan las balaceras. De hecho el domingo pasado hubo una en La Legua Emergencia y nos provocó problemas con los clientes. Hay mucho temor en la gente y ya no se puede vivir tranquilo".


La mujer trabaja hace más de 20 años en las ferias libres que se instalan los miércoles y los domingos en la calle Jorge Canning.   


La feriante asegura que los narcos han llegado al extremo de avisar a los locatarios la hora en que habrá un enfrentamiento para que levantes sus puestos a tiempo y no salgan lastimados.


Ninguna intervención sirvió


De los entrevistados sólo uno se atrevió a entregar su nombre y apellido: Es el presidente de las ferias libres de San Joaquín, Luis Ortega, quien dice que no le teme a los traficantes.


Ortega recuerda que los problemas comenzaron a mediados de los años 90' cuando llegaron los primeros traficantes a la población y que desde ahí ninguna de las intervenciones sociales que realizaron los gobiernos de la Concertación funcionaron.


"Antes teníamos que preocuparnos de los 'domésticos' (sujetos que robaban carteras y billeteras a los clientes de la feria) y ahora está esto otro (las balaceras) que es más grave porque pasan desgracias", señala el comerciante.


El problema ha afectado su negocio, pues cada vez acuden menos clientes a la feria.


"Las balaceras pueden empezar en cualquier momento, los clientes se van y esto queda desierto. Uno les ve las caras de temor cuando se escuchan los tiros. Ahora compran lo justo y se van. Estamos mal por el poco dinero y más encima vivimos estigmatizados”, alega.


300 a 400 tiros al aire


De acuerdo al feriante, además de los enfrentamientos, es habitual que en los funerales de jóvenes que mueren producto de los tiroteos entre narcos, se dispare entre 300 y 400 balazos.


Ortega agrega que muchos de quienes trabajaban en las ferias libres de la comuna ahora venden droga, porque ven que las ganancias de dinero son mayores, pese al gran riesgo que implica. "De repente tenían 100 ó 200 millones de pesos de la nada. Claro que muchos de ellos ahora están presos", dice.


El comerciante asegura que en su calidad de presidente de las ferias libres de la comuna,  ha hecho varias denuncias por los enfrentamientos armados, pero que no han servido. "Voy a hablar con el alcalde y él me dice que no puede hacer nada". 

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