Lago "sepultado" bajo el hielo de la Antártica podría esconder exóticas formas de vida

El cuerpo de agua líquida, situado bajo enormes glaciares, fue hallado por un equipo de científicos a bordo de un laboratorio móvil íntegramente desarrollado en Chile.

31 de Mayo de 2015 | 23:54 | Por Felipe De Ruyt, Emol

SANTIAGO.- Bajo el gélido "sol de medianoche" del verano antártico, con temperaturas de entre -20°C y -25°C y azotada a ratos por intensas rachas de viento, avanzaba lentamente la estación móvil de investigación CECS 1 del Centro de Estudios Científicos de Valdivia, mientras dos potentes radares terrestres situados en el interior del vehículo escudriñaban las profundidades del hielo.

Bamboleándose en medio de la blanca planicie cubierta por sastrugis -dunas de hielo formadas por el viento-, el aparato dotado con esquíes y arrastrado por un tractor avanzaba a unos cinco kilómetros por hora, a apenas 10 grados geográficos del Polo Sur.

Dentro de esta "nave", la rutina de las tareas abordadas por los tres científicos a cargo de analizar los datos que exponían el perfil del suelo profundo, aplastado y oculto bajo el hielo de kilómetros de grosor, se cambió en sorpresa cuando, repentinamente, las lecturas que mostraban una sucesión de agudos montes y profundos valles dieron paso a una superficie plana y "brillante" bajo el haz de uno de los equipos.

"Era un retorno muy distinto al que estábamos viendo hasta ese momento en las lecturas", relata a Emol el glaciólogo Andrés Rivera, integrante de la expedición. "Era plano, muy plano, no tenía pendientes y era muy brillante. Nos dimos cuenta de que era algo muy extraño y pronto determinamos que se trataba de un lago" bajo el hielo, añade.

Fue de ese modo que el grupo de expertos realizó uno de los descubrimientos más importantes realizados en el Territorio Chileno Antártico: un lago del tamaño del Chungará "encapsulado" a unos 2,6 km bajo los hielos milenarios del Continente Blanco, al que bautizaron "CECs".

La presencia de estos ocultos cuerpos de agua líquida es uno de los campos más fasciinantes de la investigación antártica. En sus profundidades pueden esconderse especies exóticas que pueden, entre otros avances, ayudar a refinar la búsqueda de vida en otros planetas.

"Fue una cosa muy impresionante hacer un descubrimiento geográfico como éste en pleno siglo XXI", reconoció el científico.

El laboratorio con el que se logró la hazaña es íntegramente fabricado en Chile por el CECs de Valdivia, gracias un trabajo de perfeccionamiento que se ha extendido por una década y que dio sus frutos con el hallazgo conseguido el 21 de enero del año pasado.

Tras una laboriosa comprobación científica, el descubrimiento fue plenamente validado y publicado en la revista especializada "Geophysical Research Letters" el 22 de mayo pasado.

Agua milenaria

El lago se encuentra en la zona del plateau (planicie) central de la Antártica occidental y debajo de una divisoria de tres grandes glaciares: el Pine Island, que tiene unos 350 mil km2 -la mitad de la superficie de Chile continental-, el Institute Ice y el Minessota.

"En esa divisoria el hielo se mueve muy lentamente, pocos metros por año, lo que da al lago una estabilidad mayor a cuerpos de agua similares en otros lugares de la Antártica. El lago probablemente ha estado ahí sin grandes cambios por mucho tiempo", quizá miles de años, apunta Rivera.

¿Qué tipo de seres vivos podrían medrar en esas profundidades? Allí no llega la luz solar, así que la única fuente de energía disponible es la geotermal, "muy baja, pero suficiente para mantener el agua en estado líquido", precisa.

"Estoy seguro de que al menos encontraremos microorganismos, microalgas capaces de adaptarse a situaciones más extremas", estima.

Perforación a través del hielo

Para encontrar ese mundo perdido hay que perforar el hielo: kilómetros de él. Es una labor que exige importantes recursos y que sólo ha sido abordada hasta ahora por potencias como Rusia, Estados Unidos, China, Gran Bretaña -que fracasó en un intento reciente en el lago subglacial Ellsworth- y un consorcio europeo.

"Si queremos hacer una perforación de este tipo, tenemos que considerar lo difícil que es y buscar asociaciones con otros, además de avanzar en desarrollo tecnológico", admite el científico.

No obstante, argumenta, "en Chile sí tenemos la capacidad humana para una empresa de este tipo. Soy muy optimista y creo que es un esfuerzo muy grande, pero que vale la pena desde el punto de vista científico. Es un proyecto que nos debería entusiasmar a todos".

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