Argentina perdió a Pablo Aimar

El conductor suplente del cuadro de Bielsa sufrió un desgarro que lo marginó del duelo contra Chile. Cristian González sería la última sorpresa por el carril izquierdo.

28 de Marzo de 2000 | 10:19 | Agencias Buenos Aires
Justo cuando el reloj marcaba las 13.34 horas de ayer, el búnker de Ezeiza terminó de ser visitado por los extraños. A partir de ese minuto, el seleccionador Marcelo Bielsa no quiso más distracciones, ni reporteros, ni nada. Sólo los veinte convocados y el cuerpo técnico.

Desde entonces, los argentinos empezaron a velar sus armas. Que no son pocas. Sin embargo, las discusiones continúan. Porque varios quieren ver juntos a Hernán Crespo y Gabriel Batistuta ("viejo, son treinta goles en la liga italiana, ¿cómo no los vas a reunir?", comentaron los periodistas trasandinos), mientras "Valdanito" - así llaman a Crespo- le grita a los cuatro vientos que "vine a ser titular, quiero jugar desde el primer minuto".

En todo caso, la amplia cabeza de Bielsa tiene un problema menos desde anoche, aunque no por gusto propio. En la práctica vespertina de ayer, el volante de River Plate Pablo Aimar sufrió un desgarro fibrilar en el muslo derecho que lo tendrá por lo menos un mes fuera de las canchas. Pese a que el mediocampista "millonario" no estaba considerado entre los titulares, ahora la función de conductor recaerá exclusivamente en la espalda de Juan Sebastián Verón, sin opción de recambio.

No es el único debate. ¿Poner al "Kily" González como "carrilero" por izquierda? ¿Jugará Claudio López? Está todo en al aire. Anoche, Bielsa puso una formación ultraofensiva en el último entrenamiento del día. A saber: Roberto Bonano en el arco; Roberto Ayala como último hombre; Mauricio Pochettino y Walter Samuel en línea defensiva; Javier Zanetti, Diego Simeone y Cristian González en mediocampo; Verón como enganche; Ariel Ortega, Gabriel Batistuta y el "Piojo" en ataque.

Las únicas dudas que mantiene el adiestrador albiceleste están en la posible incorporación de José Chamot, en reemplazo de Pochettino, y Gustavo López por su homónimo Claudio.

Mientras las encuestas dan un favoritismo absoluto al local, Diego Simeone lanza "paños fríos" para evitar triunfalismos desmedidos: "Siempre son buenos los partidos ante Chile. Ellos juegan, tratan de agredir y Argentina siempre es protagonista. Chile saldrá con Zamorano y Salas. No creo que sólo contraataquen, porque necesitan tener la pelota".

Tras analizar al rival, el "Cholo" aprovecha el vuelo para enviar mensajes a los hinchas: "Queremos ofrecer entrega absoluta. La pasión y las ganas de jugar están intactas y la ilusión por empezar bien este camino es enorme". Y la gente le responde: para hoy sólo quedan disponibles 8.500 plateas del estadio Monumental del barrio de Núñez. El resto, agotado desde ayer.

El líbero Roberto Ayala tampoco piensa que Chile saldrá a especular con el resultado y no deja de reconocer que la dupla chilena ("Za-Sa") "debe estar entre las mejores del continente. Por eso no hay una fórmula determinada para detenerlos. Debemos concentrarnos durante los 90 minutos si queremos sacar el partido adelante".

Los jugadores siguen paseándose por los jardines que flanquean la sala de prensa en Ezeiza. El sistema es simple: uno se acerca a un futbolista y lo entrevista. Tiene una hora según el programa. Al final, la historia es distinta. Los 60 minutos quedaron reducidos a 45. Y tampoco salieron todos los cracks. Nadie vio ni el perfil de Bonano, mientras que Ortega estaba hablando hasta que de repente dijo "chau, gracias" y se marchó, por lo que todo empezó a quedar vacío. A lo lejos se observaba a Roberto Sensini, un par de respuestas de Claudio López y el paciente Pablo Cavallero, quien, a pesar de recibir más atención que nunca por parte de los medios locales, es un hecho que no actuará mañana.

Después vino el adiós y el plantel quedó concentrado hasta el partido. Es la Argentina de Bielsa, lista para el debut. Concentrada en Ezeiza. Esperando que un rival rojo, que proviene del otro lado de Los Andes, no amargue una fiesta que acá en Buenos Aires se da por descontada.
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