Una noche de terror

El 4-1 de anoche en Buenos Aires no ofrece reparos. La contundente actuación de Argentina se vio facilitada por un pálido rendimiento chileno. Si va a ser siempre igual, las eliminatorias serán un martirio

30 de Marzo de 2000 | 10:23 | El Mercurio
Cuando Rodrigo Tello puso el 1-1 parcial, a los 29 minutos, varios pensaron que la historia se repetiría. Que se volvería a sonreír con un famoso tiro libre, que los albicelestes saldrían derrotados como hace poco más de tres años. Pero no pudo ser. Por una diferencia básica, pero contundente: Argentina jugó mejor que Chile. Y aunque sigan rondando los goles que se perdió Iván Zamorano, lo cierto es que los locales simplemente pasaron por arriba. Y cuando eso sucede, no hay nada que decir.

La diferencia fue clara. Desde que se inició el partido. Y ya a los 9' se reflejaba en el marcador con el tiro libre de Gabriel Batistuta. Sí, enójese. La respuesta de Marcelo Ramírez fue pobre, tanto que tuvo un cara a cara con Clarence Acuña.

En todo caso, "Rambo" - como algunos apodan al golero- no fue el único en una noche infeliz. Varios lo siguieron. Con matices, pequeñas diferencias, pero el mismo resultado. Si no que lo diga Pablo Contreras, quien nunca le encontró la vuelta a ese 10 llamado Ariel Ortega; o Tello, que corrió sin atrapar el balón; o Patricio Ormazábal, con demasiadas piernas albicelestes a su alrededor.

Eso no fue lo único. Chile también se equivocó en la banca. Por un momento, se pensó que el equipo estaba preparado para salir a pelear mano a mano. Y no es así. Por eso el 4-3-1-2 no funcionó. Y sólo el 3-5-2 de la segunda parte entregó el libreto que varios jugadores esperaban. Chile intentó pararse como si fuera un grande y terminó humillado ante un grande.

El 4-1 ahorra más comentarios. Porque la zona media, la misma que trajo grandes noticias en el Preolímpico, demostró que aún le falta madurar para chocar con un grupo de volantes integrado por futbolistas que hoy actúan en clubes de élite.

En esa desigual lucha, Marcelo Bielsa encontró la suerte que necesitaba. Verón anduvo en una noche notable, Ortega mareó a cualquiera que osara acercarse, Batistuta anotó cuando era importante.

Esa fue la diferencia. Chile apostó a una mezcla efectista - seis mundialistas y cinco Sub 23- , pero no efectiva. Hubo momentos en que se hizo evidente que varios no habían jugado juntos. Ni siquiera contra Honduras, en lo que demostró ser un examen sin mayor valor.

Para hacer peor la noche, se falló donde no se podía fallar. Se sabía que las ocasiones chilenas serían escasas. Se sabía que los defensores albicelestes no otorgarían espacios. Se sabía que había que ser certeros. Y no fue así. Ni siquiera el más insigne: Iván Zamorano tuvo dos veces el empate solo frente a Roberto Bonano. Y no convirtió. Allí se fue el pleito.

Hoy todo Chile se lamenta: quedó décimo entre diez.

Por Pablo Aravena W. y
Danilo Díaz N.,
Enviados especiales a Buenos Aires
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