SANTIAGO.- Último entrenamiento de Chile con miras al duelo ante Perú y la ausencia de Arturo Vidal encendía las alarmas. El volante del Bayern no se presentaba en la cancha de Juan Pinto Durán y las dudas sobre su titularidad estallaban.
Horas más tarde se conocía que el seleccionado sufría de un cuadro gripal y que su presencia en el choque frente a los incaicos sólo se confirmaría sobre el partido. Pizzi podía perder a uno de sus emblemas para un encuentro trascendental.
De inmediato se le aplicaron cuidados intensivos al "Rey". Estuvo bajo observación en todo momento y con tratamiento especial para disminuir los efectos de la amigdalitis que padecía. Todo mientras él sufría con la posibilidad de quedar fuera del duelo.
Lo pasó mal el oriundo de San Joaquín. Si bien había confianza de que llegara al partido, sabía que en cualquier momento su estado podía complicarse. "Arturo le confesó a sus amigos y familiares que no lo estaba pasando bien con su enfermad", cuentan desde el cuerpo técnico de la "Roja".
Si bien la mañana del martes Vidal amaneció sin fiebre, su estado seguía siendo de cuidado. El volante no estaba 100% y eso lo tenía preocupado. "Quería jugar como fuese, pero al mismo tiempo sentía que no quería defraudar a la gente", explican.
Antes de tomar el bus hacia el Nacional su presencia era todo un misterio. Ya en el recinto de Ñuñoa se le vio algo desanimado, aunque igualmente más tarde se confirmaría su nombre en el 11 estelar. Pese a ello, su semblante no era el habitual. Ni siquiera en el calentamiento se le observó como acostumbra.
Pero para Vidal no existen imposibles. Tras el pitazo inicial, rápidamente hizo ver que su enfermedad era parte del pasado cuando a los 8 minutos puso el 1-0 para Chile con un certero cabezazo. Celebró con todo y con sus brazos arriba pidió más apoyo de la gente.
A los 14' realizaba una recuperación con categoría, a los 28' tuvo en sus pies el segundo y a los 31' era víctima de una fuerte falta. Sin duda, era el gran protagonista del partido. Estaba presente en todas las jugadas.
Pero a los 83' llegaría su participación más importante. Cuando Chile empataba 1-1 y parecía que otra vez se complicaba, Vidal aparecía nuevamente. Con un ajustado remate desde fuera del área ponía el 2-1 y metía otra vez a la "Roja" en la carrera al Mundial. Golazo.
Celebración desatada del "Rey" con sus compañeros. Lo gritó con todo y a todo el estadio. Levantó una y otra vez los brazos aleonando al público. Su mano en el corazón demostraba que estaba dejando la vida en la cancha.
Sólo tres minutos más tarde Vidal caía al césped. El desgaste y la dura falta del primer tiempo le pasaban la cuenta. El hombre de la noche ya no podía más. La camilla llegaba por él, pero qué importaba, pues desde ella seguía aleonando a la gente.
Sus pedidos de aliento encendían a la hinchada que derrochaba felicidad, todo gracias a él. Ovación cerrada y emocionante para el jugador más importante de Chile hoy en día. Y él agradecía todo el cariño con aplausos y llevando su mano al corazón. Su rostro de satisfacción lo decía todo.
Ya fuera de la cancha la ovación seguía mientras él era felicitado por cada uno de los integrantes de la banca chilena. Vidal dejaba el campo cojeando, nuevamente ovacionado y con la satisfacción de que todo su esfuerzo había valido la pena. A esa altura, de aquella gripe que casi lo margina ya nada quedaba...