Guillermo Frutos es una persona que no se hace mayores problemas para salir de su zona de confort. Con solo quince años dejó casa y familia en España para instalarse en Estados Unidos solo y con el objetivo de aprender inglés. Hoy es abogado y montó una empresa de traducciones junto a su hermano. Sin embargo, siente que eso no lo define. Él se ve así mismo como "un enfermo del baloncesto" que ahora se está labrando un nombre como técnico en Chile.
En Europa fue ayudante por varios años del Real Madrid, uno de los clubes más grandes del continente, pero tenía ganas de liderar un proyecto como primer entrenador. Esa oportunidad llegó. En julio asumió en el Club Colegio Los Leones de Quilpué.
A Frutos estos meses le ha ido bien. Ganó la Copa Chile y esta semana se metió en la final de la Liga Nacional tras superar a Colo Colo. Su siguiente rival será Valdivia. El español está a once mil kilómetros de su país natal, aunque deja claro que no se arrepiente de haber cruzado el Atlántico.
"Yo estoy casado. Venir a Chile fue una decisión que tomamos muy rápido, eso fue gracias a la generosidad y la flexibilidad de mi mujer, sin duda. Es algo que teníamos bastante hablado porque yo tenía ese impulso de ser primer entrenador y eso muchas veces implica irte fuera. Tuve ofertas de España, de distintos sitios de Europa y este fue el proyecto que más me convenció. Lo había hablado mucho con ella, fue como ratificar lo que ya habíamos conversado. Es profesora de universidad, tiene una cierta flexibilidad. Va a pasar el 80% del tiempo conmigo en Chile. Llegó el momento y fue 'perfecto, en marcha'", le dice el técnico a Emol.
Frutos jugó básquetbol. Cuenta que era un alero con buen tiro, duro en defensa, pero lento. Durante su estancia en Estados Unidos le picó el "gusanillo" de ser entrenador. Le llamó la atención el trabajo de los ayudantes de su equipo y la edición de videos.
Volvió a España y se anotó para estudiar Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Autónoma de Madrid. Su padre fue abogado y a él le gustaba el "glamour" de ir a sala y llevar un litigio.
Pensaba que esa iba a ser su vida, pero también comenzó a entrenar a equipos juveniles tanto masculinos como femeninos en el Club Baloncesto Las Rozas. Le fue bien y pasó al Fuenlabrada. Allí dirigió al equipo filial en la Tercera División española. Fue una experiencia clave, pero en términos salariales no estrictamente profesional. No podía vivir de ser entrenador todavía y lo compaginaba con la empresa de traducción que levantó con su hermano y que todavía existe.
"Nosotros lo que vimos es que había un nicho que no estaba ocupado en el mercado. Nosotros vimos que los traductores generalistas, no terminaban de afinar en traducciones muy especializadas, en las traducciones de una demanda de inversiones en el arbitraje internacional, con una argumentación densa, con distintos cuerpos normativos, la constitución española, tratados de arbitraje, de inversiones, eso fue donde nosotros marcamos la diferencia. Vimos que había un nicho que no estaba ocupado, también en el ámbito académico. Esta empresa traduce muchos artículos académicos, muchos papers de la universidad, a los profesores que escriben en español y que necesitan esa proyección internacional. Nosotros esas traducciones las hacíamos, nos dijo el mercado, mejor que traductores generalistas", comenta.
- Estuviste en el Real Madrid como ayudante de Chus Mateos, hoy seleccionador de España. ¿Cómo llegas al equipo merengue?
"Yo era socio y abonado del Real Madrid. Me sentaba en primera fila y yo saludaba a los ayudantes. Yo le decía: 'Oye, Chus. Yo dirijo a un Sub 16 femenino de primer nivel y tú no me has venido nunca a ver y yo vengo a verte todos los días aquí'. Ellos se reían, ya tenía cierta relación con ellos, sabían quién era yo, un entrenador de cantera que estaba creciendo. Entonces, les hice esas bromas. Hay una que es graciosa. Yo veía que el Madrid hacía una zona press dura, de 2-2-1 que la llamaban 22. A mí me gustaba cómo rompía el ritmo de las rivales esa defensa y en un momento dado, en un partido en que el Madrid estaba con dificultades, le digo 'Chus, pon la 22, defiende con la 2-2-1'. Él siempre cuenta que se volvió a los ayudantes más jóvenes y les dijo '¿Quién es este tío? Este tío es un entrenador'. Y le dijeron que sí, que lo está haciendo bien en la cantera de Las Rozas. Chus me llamó para un campo de verano de la academia suya y allí empezó todo".
-Formaste parte de un cuerpo técnico que ganó la liga española ACB, la Copa del Rey y la Euroliga. Pero más allá de los resultados, ¿qué te deja un club como el Real Madrid?
"Te deja mucho táctica. Eso no hay que desdeñarlo. Preparas 95 o 98 partidos al año de los cuales todos son de máxima exigencia. En ninguno dices 'bueno, en este partido de liga española vamos a prepararlo un poco más suave'. No, todos son de máxima exigencia. Estás rodeado de un entorno de jugadores y entrenadores de altísimo nivel y aprendes mucho baloncesto. Pero se aprenden muchas más cosas. La primera, te diría, es que aprendes a enfocar en lo importante. Yo lo recuerdo ahora, preparando la Copa Chile, estaban mis ayudantes nerviosos preparando el partido y con un video extraordinariamente hecho, pero muy largo y yo en el Madrid recuerdo a mis compañeros, a mí mismo cuando he aprendido, sintetizando, identificando donde está la importancia, dónde están los focos del partido. Aprendes que ese menos es más. Ese menos es más lo aprendes ya con mucho conocimiento, es imposible llegar a la simplicidad sin tener ese conocimiento denso y profundo del juego".
"Y en el Madrid aprendes a ganar, lo aprendes de los jugadores, que han ganado mucho y te enseñan cómo ganar, cómo rendir en el momento clave, qué decir, qué no decir, qué mensajes dar y qué mensajes no dar, qué decisiones tomar para dar ese plus competitivo. Normalmente, ganar o no, son detalles, pues esos detalles en el Madrid los aprendes".
El arribo a Chile
Chus Mateos dejó el Real Madrid y asumió en la selección española. Guillermo Frutos analizó varias ofertas, una de ellas fue de Leones de Quilpué, club que había alcanzado las últimas cuatro finales de la Liga Nacional, pero que solo en una de ellas pudo quedarse con el título.
Claudio Jorquera, ex entrenador de los felinos y también de la "Roja" cestera, comparte agencia de representación con el español y lo recomendó. Frutos se reunió con el presidente de Leones, Carlos Saavedra, y le gustó mucho cómo se dio la conversación.
"Carlos me transmitió seriedad, me transmitió rigor, me transmitió mucho conocimiento. Entonces pensé qué tipo de entrenador soy. Yo no soy un ex jugador profesional que entre en el vestuario y digan 'este es un ex jugador que ha jugado 600 partidos en la ACB'. Mi liderazgo viene del conocimiento, de la proximidad con los jugadores, de hacerles mejorar. Y cuando vi que Carlos valoraba mi conocimiento, pensé 'este puede ser mi sitio', porque es lo que ofrezco, conocimiento profundo del juego, dedicación, exhaustividad, yo soy un enfermo del baloncesto. Si no eres obsesivo, es difícil triunfar", manifiesta.
-¿Qué es lo que más te gustó de lo que te ofreció Leones?
"El organigrama, el sistema de funcionamiento, no tenía nada que envidiarle a una estructura profesional europea de las que yo conozco y lo he corroborado estando aquí, con creces. También diré, sin desmerecer a nadie, que aquí hay gente formada, con sus carreras universitarias, con mucha formación. Yo me identifico más con ese entorno. Vengo de un entorno de mucha formación. Yo he estudiado dos carreras y un máster. En mi familia se ha valorado siempre la formación académica. Creo que formarme académicamente, al margen del baloncesto, me ha convertido en mejor entrenador y ver a un dirigente con ese nivel de formación, ingeniero, con su empresa, con ideas claras, pues yo me identifico con eso".
"Desde la gerencia hasta la utilería y comunicaciones, por supuesto los miembros del staff, son muy profesionales, están impregnados de este espíritu de rigor y profesionalidad. Entonces, el funcionamiento en el día a día es muy bueno. He estado en Fuenlabrada y en Real Madrid y no hay nada que envidiarle a eso. Es un funcionamiento fluido. Yo soy cercano con todo el mundo".
-Leones tiene una particularidad: Funciona como club deportivo, pero también como colegio
"Me ha gustado mucho la sinergia con el colegio, te aporta un ambiente de frescura, de ilusión, de pasión. Cuando ganamos la Copa Chile, llegamos y nos recibieron los alumnos y los profesores, eso fue realmente bonito. Eso te hace sentir que lo que estás trabajando trasciende un poco al baloncesto, es una obligación añadida de hacer las cosas bien porque eres un espejo en muchos casos para el colegio".
-Llegaste en julio. ¿Cuál es el diagnóstico que haces del básquetbol chileno?
"En primer lugar, creo que es un baloncesto claramente en crecimiento. Desde la liga, desde el resto de actores implicados, hay una voluntad real de crecer. Creo que eso no es papel mojado, se están dando pasos para crecer. Lo que hay es una evaluación casi constante de la liga. ¿Dos o tres extranjeros? ¿Este es el baloncesto que queremos? ¿El arbitraje lo queremos así o queremos que sea menos reglamentista? El hecho de que no se dejen pasar las cosas, con independencia de que luego haya cambios o no, me demuestra que es un baloncesto ambicioso".
-¿Y en cuánto al juego?
"Creo que es un baloncesto que asume muchas tendencias ya contemporáneas del baloncesto europeo o norteamericano. Creo que es un baloncesto de ritmo razonablemente alto, más alto de que lo percibí en video de los primeros 10 o 15 partidos que vi. Es un baloncesto en que la creatividad de los manejadores importa mucho, porque hay muchos manejadores siempre en pista. Siempre hay dos, incluso tres, en algunos equipo hasta cuatro jugadores con capacidad para ser manejadores en el pick and roll. Eso es muy particular. Es un poco hacia donde va el baloncesto contemporáneo, con cuatro abiertos y uno adentro, o estructuras de cinco abiertos, y Chile en eso no va a la zaga. Está actualizado, un poco por las condiciones del jugador y también por las decisiones que que toman los entrenadores de la liga".
"Después es un baloncesto de contacto, con mucho contacto. Yo me he tenido que adaptar a eso, contacto a los manejadores y contacto a los jugadores interiores sin balón. Eso han sido para mí dos grandes novedades en el juego, en el arbitraje también. Creo que me ido adaptando bien".
-¿Cómo caracterizarías al jugador chileno?
"Es difícil generalizar. A los que tengo yo, como jugadores ambiciosos, rigurosos, muy profesionales, creativos en la generación del uno contra uno. De los que veo en la liga, son jugadores que tienen tiro exterior, voluntad de aprender, generan ventajas en el uno por uno y quizá donde puede estar la asignatura pendiente, en algunos casos, es en la toma de decisiones y en la velocidad de ejecución en algunos contextos. Es algo en lo que yo creo que todavía puede haber un margen de crecimiento".
-Estuviste en la élite europea mucho tiempo, te tocó enfrentar equipos durísimos y jugadores top. El año pasado, Sebastián Herrera, del París Basketball, se convirtió en el primer chileno en disputar la Euroliga. ¿Cómo se debe dimensionar eso y qué valor le das?
"Hay que darle un valor máximo. No es solo llegar a ese nivel, es tener un rol bastante protagonista, meter tiros importantes, tener personalidad. Yo me he enfrentado a 'Seba' Herrera, jugamos contra París dos partidos de fase regular de Euroliga y jugamos un partido de play-in contra ellos. Hay que dimensionarlo como algo extraordinariamente meritorio. Llegar ahí, ser importante, encontrar el rol y, sobre todo, no perder su esencia. Él hace lo que sabe hacer, no se ha convertido en otro jugador estando en Europa. Creo que tiene que ser una referencia en términos de personalidad. Él es un tirador, un jugador que puede jugar el pick and roll, que puede salir de bloqueos y eso es lo que está haciendo en París. Yo lo que veo es que es fiel a su esencia y ese es un mensaje importante. Aquí hay jugadores talentosos, creativos. Que sean fieles a su esencia, que hagan muy bien lo que hacen y ese es el camino para a lo mejor encontrar otros recorridos en Europa para algunos jugadores chilenos".
-Hace poco se anunció que vuelves a trabajar con Chus Mateos. Serás su ayudante en la selección española. ¿Cómo compatibilizas eso con ser entrenador de Leones de Quilpué?
"Es una compatibilidad sencilla. Mi tarea como ayudante de la selección española se concentra en las ventanas FIBA y esos son momentos en que nuestros seleccionados chilenos también abandonan el equipo y la competición se interrumpe. La única exigencia puede ser física por la duración de los vuelos, pero tengo 34 años, mucha energía. Se van a retroalimentar los dos procesos, el rol de primer entrenador y ayudante es muy bueno para un técnico".
-Más allá de lo deportivo, ¿qué te ha parecido Chile?
"Me han gustado muchas cosas. La proximidad con España en el sentido del humor, la manera de comunicarse, eso me ha gustado mucho. El tono, la cercanía. Vivo en Viña del Mar, feliz, la calidad de vida es buena, el ambiente en la calle es bueno. Me ha gustado mucho visitar algunas bodegas de vino. Me ha gustado mucho el ambiente de país pujante, de país ambicioso, de país extraordinariamente civilizado, la educación. Estoy comiendo muy rico. Estoy disfrutando muchos de ostiones y machas a la parmesana. Es raro que no lo pida. El chupe de jaiba me ha gustado muchísimo y estoy disfrutando mucho de los cortes de carne, de un lomo vetado rico, de una entraña buena, hay cortes premium muy buenos. Sufro mucho con el pebre, me lo ponen con el pan y me lo devoro".