SANTIAGO.- Algo poco usual, a estas alturas, ha empezado a aparecer en los comercios venezolanos: alimentos. Luego de años de escasez hasta de los artículos más básicos, las estanterías de las tiendas de alimentos vuelven a estar llenas de productos importados, tales como margarina y mayonesa de Brasil o arroz y café de Colombia.
Esa nueva abundancia, sin embargo, tiene su precio. Son muchas las personas que no pueden permitirse comprar esos productos.
"Hay aceite y pan, pero es imposible pagar esos precios. Gano más que el salario mínimo, pese a lo cual tengo que limitar lo que compro", comenta Verónica Parra, una profesora que hacía compras en la zona este de Caracas.
Sin anunciar ningún cambio formal de política, la adminisyración de Nicolás Maduro venezolano empezó a renunciar a los controles de precios en los comercios privados, cuyos dueños dicen que no han visto inspectores desde julio.
En lugar de ello, el gobierno ordenó a los proveedores vender la mitad de sus productos al sistema de distribución estatal conocido como CLAP, que distribuye alimentos subsidiados destinados a los ciudadanos pobres. El resto puede venderse al precio que se quiera.
"Ha habido una corrección de precios a través de un ajuste sucio que lleva a cabo el Gobierno", dijo Asdrúbal Oliveros, director de la consultora económica Ecoanalítica, que tiene sede en Caracas.
"Sucio en el sentido de que no ha habido una reforma económica, sino que el Gobierno ignora los controles que aplicaba antes a la importación de productos no esenciales", explicó.
Doble sistema
En ese país sudamericano hay un doble sistema de compras. El Ejecutivo aprovisiona la red CLAP y los comercios estatales regulados con productos que adquiere por medio de un tipo de cambio preferencial de sólo 10 bolívares por dólar.
Al mismo tiempo, el sector privado llena sus estanterías a través de dólares adquiridos a un tipo de cambio secundario, conocido como "Simadi", de alrededor de 660 bolívares por dólar o en el aún más caro mercado negro, señaló Oliveros.
El alivio al ver nuevamente productos en los comercios podría no durar mucho a medida que suban los precios, dijo José Antonio Gil, director de la firma encuestadora Datanálisis.
"Va a ser una política efímera porque menos del 20% de la población puede comprar a precios internacionales", dijo Gil. Para el Gobierno, significa “otra pérdida de popularidad, más presión para cambiar al Presidente y más empobrecimiento", advirtió.