SANTIAGO.- Desde que se expandió la crisis financiera mundial, tres mujeres comenzaron a tomar protagonismo en un área que hasta ese momento era comandada por hombres.
La Canciller alemana, Angela Merkel, se consolidó como la líder natural de la Unión Europea; Estados Unidos eligió a Janet Yellen como la primera mujer a cargo de la Reserva Federal; y Christine Lagarde también se convirtió en la primera mujer a cargo del Fondo Monetario Internacional desde que ese organismo se creó en 1944.
"Me presento ante ustedes como una mujer con la esperanza de contribuir a la diversidad y equilibrio de esta institución", dijo la entonces primera ministra de Economía de Francia cuando presentó en 2011 su candidatura ante los 24 miembros del consejo ejecutivo del FMI.
Desde entonces, la refinada abogada especializada en derecho laboral -y que también fue premiada por el Financial Times como la mejor ministra de Finanzas de la UE en 2009-, ha sido rostro obligado entre las diez mujeres más poderosas del mundo, según la revista Forbes.
Pero en los primeros años de su mandato no sólo tuvo que lidiar con promover políticas que pudiesen impulsar la recuperación económica global y negociar los rescates financieros en la alicaída Europa. Esta mujer que hoy tiene 60 años tuvo la misión de volver a darle credibilidad al FMI al reemplazar a su compatriota Dominique Strauss-Kahn, quien dejó su cargo tras ser acusado de abusar sexualmente de una camarera en Estados Unidos.
El juicio en contra del también ex ministro de Economía francés terminó en 2015 después de cuatro años, en el que salieron a la luz acusaciones por otros delitos, como el de "proxenetismo agravado", al organizar fiestas sexuales en las que participaban prostitutas en París, Bruselas y Washington.
Aunque admitió que estuvo involucrado en estas fiestas porque necesitaba "sesiones recreativas", Strauss-Kahn siempre negó que él tuviera conocimiento de que las mujeres que participaban fueran prostitutas. Finalmente, fue absuelto de los cargos.
Acusaciones en contra de Lagarde
Pero Lagarde -quien cumple un segundo periodo al frente del organismo internacional- siempre tuvo que luchar, también, contra fantasmas que la perseguían desde el Ministerio de Finanzas y de los que hoy fue declarada culpable.
Claro está, que los delitos que se le imputaron difieren bastante de los que tuvo que enfrentar su antecesor.
Ella
fue declarada culpable por "negligencia" al haber dejado que se pagara una indemnización de 404 millones de euros al empresario Bernard Tapie, mientras era secretaria de Estado.
A principios de 2015 la justicia civil anuló la sentencia arbitral al considerar que fue fraudulenta y Tapie fue condenado a devolver el dinero.
Lagarde dijo que actuó "en confianza" por recomendaciones de sus consejeros "en este caso" que "no era una prioridad" en ese momento. "El riesgo de fraude se me escapó totalmente", admitió.
Pese a que la justicia reconoció el error de Lagarde, declaró que no deberá cumplir ningún tipo de sentencia.