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Startup chilena convierte colillas de cigarro en lentes para combatir uno de los desechos más contaminantes

Lejos de ser un problema menor, las colillas son uno de los residuos más abundantes y dañinos en el planeta. Según cifras del Ministerio del Medio Ambiente de 2024, una sola colilla puede contaminar entre 10 y 50 litros de agua.

02 de Mayo de 2025 | 10:29 | Por Natalia Munar | Portal Pyme
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Transformar un residuo altamente tóxico en un producto con valor agregado puede parecer una meta lejana, pero en Valparaíso, cuatro jóvenes emprendedores están demostrando que es posible. Valery Rodríguez, Jennifer Araya, Germán Brito y Felipe Pizarro —químicos de formación— fundaron la startup IMEKO, que ha desarrollado una tecnología para reciclar colillas de cigarro transformándolo en una nueva materia prima sustentable para su reincorporación en la economía de los materiales plásticos, Celion.

Lejos de ser un problema menor, las colillas son uno de los residuos más abundantes y dañinos en el planeta. Según cifras del Ministerio del Medio Ambiente (MMA) de 2024, una sola colilla puede contaminar entre 10 y 50 litros de agua. Además, no son biodegradables y pueden demorar entre 7 y 25 años en degradarse. Chile no es ajeno a esta realidad: el 33% de la población fuma un promedio de 7 cigarrillos al día, y en el mundo se desechan 5,6 trillones de colillas al año, lo que equivale a llenar 80 piscinas olímpicas por segundo.

Ante este escenario, la empresa decidió ver más allá del desecho. “Ver colillas de cigarro en la calle es algo común, pero pocos saben que están hechas de acetato de celulosa, un plástico valioso que también se usa para fabricar anteojos. Como químicos, vimos ahí una oportunidad”, explicaron sus fundadores. Lo que proponen los emprendedores es convertir un residuo peligroso en productos duraderos con una historia de impacto positivo.

El proceso que desarrollaron incluye etapas mecánicas y químicas. Primero, separan los residuos sólidos como papel, tabaco y tierra. Luego, extraen el filtro, que es sometido a una limpieza química que elimina las toxinas sin degradar el acetato de celulosa. El material resultante se transforma en pellets —el formato estándar con el que se trabaja el plástico—, a los que se pueden añadir pigmentos para fabricar productos con diversos diseños.

Actualmente, la empresa se enfoca en la industria óptica, un sector que ya ha validado este tipo de material reciclado. “Incluso comenzamos la fabricación con una marca alemana”, comentó Valery Rodríguez, quien también destacó que sus productos no solo previenen la generación de nuevos residuos, sino que cuentan una historia de economía circular y conciencia ambiental.

Como todo emprendimiento, los desafíos han sido parte del camino. Uno de los mayores ha sido la recolección de colillas. Para enfrentarlo, IMEKO diseñó en 2018 contenedores especiales que ya están instalados en más de 2.800 puntos del país. Otro obstáculo fue escalar la tecnología, ya que no existía una planta de reciclaje de colillas en el mundo. En 2023 lograron inaugurar su planta industrial, un hito que hoy les permite procesar colillas a gran escala y generar un impacto ambiental concreto.

Además, han sido parte activa en políticas públicas, participaron en la elaboración de la ley “Chao Colillas” y aseguran que, desde su nacimiento, han visto surgir múltiples iniciativas similares. “Hoy, Chile es el país donde más se habla del reciclaje de colillas”, afirman. A la fecha, la startup asegura que ha reciclado más de 23 millones de colillas, evitando que liberen toxinas en los ecosistemas y demostrando que los residuos también pueden ser parte de la solución.