El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, centró su primer discurso oficial sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato en reposicionar su gestión en medio de encuestas adversas y a pocos meses de las elecciones legislativas.
El mandatario aseguró que el país atraviesa una "época dorada", con inflación a la baja, ingresos en aumento y una actividad económica "en auge como nunca antes".
Es que en el centro del discurso de Trump estuvieron las claves económicas de este segundo periodo del mandatario, que incluyen a los aranceles y algunas eliminaciones de impuestos.
De acuerdo con diversos medios, el mensaje tuvo un objetivo claro:
revertir la percepción negativa sobre el costo de vida, principal preocupación del electorado.
En esa línea, Trump sostuvo que su programa económico está funcionando y culpó a sus adversarios políticos y a decisiones judiciales recientes por las dudas en torno a su desempeño.
Uno de los puntos centrales fue su política comercial. El presidente defendió los aranceles globales que han sido la base de su estrategia económica, pese a que la Corte Suprema los anuló recientemente.
Lejos de moderar su postura, afirmó que buscará restablecerlos utilizando otras atribuciones legales y aseguró incluso que los ingresos provenientes de los aranceles "reemplazarían sustancialmente el sistema actual de impuesto sobre la renta".
Economistas, sin embargo, advierten que los aranceles representan una porción menor de la recaudación fiscal y suelen trasladarse a precios al consumidor.
El mandatario también anunció una medida previsional dirigida a trabajadores sin acceso a planes 401(k), indicando que el gobierno igualará hasta US$1.000 anuales en sus ahorros para la jubilación. Posteriormente, la Casa Blanca precisó que se trata de una ampliación del programa existente conocido como Saver’s Match. La propuesta apunta a la clase media baja, uno de los segmentos donde el apoyo al presidente ha caído con mayor fuerza.
En paralelo, Trump reforzó su agenda tributaria y la convirtió en eje de campaña para noviembre, destacando la eliminación de impuestos a propinas y horas extra, beneficios para jubilaciones y la deducción de intereses en créditos automotrices. Presentó estas medidas como un mecanismo directo para aumentar los ingresos disponibles y aliviar la presión por el costo de vida.
El discurso se produce en un contexto económico mixto. Datos recientes muestran una inflación menor a lo esperado y cifras de empleo que superaron previsiones, pero los precios de alimentos y bienes básicos continúan elevados. Economistas han descrito el mercado laboral como de "baja contratación y bajos despidos", mientras encuestas recientes sitúan la desaprobación de su gestión cerca del 60% y con solo 26% de aprobación entre votantes independientes.
El mandatario también abordó el impacto energético del crecimiento tecnológico. Propuso obligar a grandes empresas tecnológicas a financiar su propia infraestructura eléctrica para evitar que la expansión de la inteligencia artificial encarezca las cuentas de los hogares, señalando que podrían construir centrales propias como parte de sus operaciones.
Además. en una señal política inesperada, instó además al Congreso a prohibir que legisladores y sus familias transen acciones individuales en bolsa, pese a haberse opuesto anteriormente a la iniciativa.
El discurso dejó en evidencia que la economía será el principal eje de la disputa electoral. Con los demócratas centrados en la asequibilidad y el presidente insistiendo en aranceles, rebajas tributarias y estímulos al ingreso, la elección legislativa de noviembre se perfila como un plebiscito sobre el desempeño económico de la administración Trump.