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"Estudié lo que me hacía feliz": Historias de jóvenes que siguieron su vocación en carreras no tradicionales

El próximo 26 de diciembre comienza el proceso de postulación oficial a la educación superior. Muchos estudiantes consideran la proyección laboral de la carrera pero no todos priorizan la verdadera vocación.

15 de Diciembre de 2017 | 09:36 | por Diego Almazabar, Emol
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SANTIAGO.- Ingeniería Comercial, Enfermería y Derecho. Estas son las carreras universitarias que, según el ranking del Ministerio de Educación (Mineduc), tienen la mayor cantidad de matriculados durante el 2017.

La cifras reflejan que sigue siendo tendencia que las carreras tradicionales sean la primera prioridad de muchos jóvenes a la hora de entrar a la educación superior. Pero no para todos. También hay otros que, a pesar de las presiones familiares y el entorno, buscaron algo fuera de las opciones comunes y apostaron por otro camino.

Hay muchos casos de estudiantes que se decidieron por la carrera que más les interesa sin darle tanta importancia a factores como la proyección laboral o el ingreso promedio sino que a la vocación y a la realización personal. Aquí, conoce la historia de tres de ellos.

"No quería trabajar en una oficina"


Kurt Thiele no tenía muy claro qué estudiar cuando estaba terminando la enseñanza media. Pero si tenía una certeza: "No quería trabajar en una oficina, sentado en un escritorio mirando un computador, para mí eso era lo peor", cuenta.

Desde chico siempre le gustó cocinar, pero estudiar algo relacionado nunca había sido una opción. "Estuve un poco confundido, estaba entre carreras como agronomía y ciencias sociales", cuenta. Finalmente entró a gastronomía, carrera que según Mi Futuro, tiene una empleabilidad de un 53,9% al primer año.

Pese a mostrar una baja proyección laboral, después de egresar de la carrera y trabajar un tiempo en restaurantes, Thiele pudo establecerse en el negocio. "Los sueldos no eran muy buenos, pero sí te abre las puertas para viajar por todo el mundo y eso me dio las armas para seguir como independiente. Ahora tengo una banquetera y un Foodtruck en un centro comercial".

Otra historia es la de Fernando Jerez, quien sentía que su vocación era estar ligado al fútbol, su anhelo desde siempre. Primero, el sueño era ser futbolista, pero después la idea de ser entrenador tomó fuerza y decidió estudiar en el Instituto Nacional de Fútbol, el único lugar donde se imparte la carrera y de donde se tituló el 2014 junto a alrededor de 20 compañeros.

"Llegué a convertirme en entrenador porque siempre fue mi pasión, y quise poder aportar mi grano de arena al fútbol chileno. Mediante averiguaciones llegué a la Inaf y puedo decir que estudié lo que me hacía feliz, porque era a lo que me quería dedicar", cuenta Jerez, que después de cuatro años de trabajar en las divisiones menores de Lo Barnechea ahora trabaja en un colegio entrenando a los alumnos.

Otro caso particular es el de Lizza Agusto. Mientras cursaba la carrera de Computación, tuvo una crisis vocacional. Hasta que le hablaron de Ingeniería Civil Mecatrónica, disciplina que integra el diseño de productos y procesos de máquinas.

"Estando dentro de la U no conocía la carrera porque tenía muy poca difusión. Me ha gustado mucho estudiarla porque es la innovación lo que la impulsa y son los alumnos tenían que inventar sus propios proyectos con el apoyo de profesores. Encontré la carrera del futuro y es lo mejor que me ha pasado", cuenta Agusto, que está preparando su memoria para titularse.

Convivir con los prejuicios


Por no estudiar las carreras más tradicionales de la educación superior, los tres han tenido que convivir con prejuicios, tanto de sus familias como amigos, y con el hecho de ser minoría.

En el caso de Thiele, cuando se decidió por gastronomía no tuvo mucho apoyo al comienzo. "Tuve un apoyo dividido de parte de mi familia; por un lado querían que estudiara una carrera tradicional. Pero finalmente me dijeron 'estudia lo que quieras estudiar, porque no hay nada peor que trabajar en lo que no te gusta'", recuerda.


Por otro lado, a Jerez, dice, le recomendaron que era mejor ver otra alternativa: "al principio en mi familia no estaban muy de acuerdo, querían que estudiara una carrera universitaria y después siguiera con esto de ser entrenador".

En su entorno de amigos, estaban lo que le decían que era una pérdida de tiempo, que, tratando de ser realistas con él, era muy difícil surgir pero también otros lo animaban."Algunos se dieron cuenta de que era lo que quería, independiente de que ganara mucha o poca plata. Por suerte he tenido el apoyo igual y cuando trabajo en el fútbol, al momento de preparar una clase, estoy feliz en todo momento", señala.

Agusto dice que en su carrera, Civil Mecatrónica, hay solo veinte estudiantes mujeres, que son menos del 5%, y que junto a otra compañera son las únicas que preparan la memoria de título. Pese a ser una carrera dominada por hombres y no de las convencionales, para ella las ganas de desarrollarse en la profesión se mantienen.