EMOLTV

“Se han disminuido brutalmente los espacios, en la sociedad, para la gratuidad”

La directora ejecutiva de la Fundación Uniendo Mundos asegura que han contribuido a reconstruir el tejido social, muy segmentado por el miedo. Agrega que la madurez social es evolutiva, se parte dando cosas y se termina dándose uno.

07 de Mayo de 2009 | 08:51 |
imagen
Su trabajo es inspirador y, definitivamente, si hubiesen más manos sumadas a su tarea, Chile y el mundo serían un lugar mejor.

Casi invisibles, difíciles de ubicar, creen en serio en la necesidad de terminar con la segregación social, ésa de la que tanto se ha hablado a partir de la polémica sobre universidades “cota mil”. La Fundación Uniendo Mundos pretende simplemente eso, unir las realidades de quienes tienen más –no sólo en recursos- con los que tienen menos, carencias que se dan en todo ámbito.

La psicóloga Carolina Celedón está al frente de esta gran tarea –inspiración del sacerdote SSCC, Gerardo Joannon- con una calma y sentido de vida que se contagia, aunque en sus ojos se ve pena. “A punto de cumplir 50 años” ha tenido que levantarse varias veces y asegura que sin Uniendo Mundos le habría sido casi imposible. Viuda hace 8 años, no sólo debió asumir la crianza en solitario de sus cuatro hijos, sino que recuperar física y psicológicamente a su hija mayor que quedó gravemente herida en el accidente automovilístico tras el que murió su esposo.

Su veta social estaba clara desde la adolescencia, cuestión que la llevó a vivir dos años en La Granja cuando tenía 22 años. Algunos pensaban que tenía vocación religiosa y otros, política, pero aclara que el tema en cuestión era el de la igualdad, que siempre ha tenido muy presente y la hace declarar que es una privilegiada fortuita. “Esto es azaroso e injusto con los otros”, señala.

Tras salir de la UC se enfocó en psicología comunitaria y educacional, lo que la llevó a trabajar más de 10 años con la actual ministra de Educación, Mónica Jiménez. Con ella llegó a la fundación Participa y tiempo después se independizó, creando una consultora. Así derivó al coaching, las relatorías y la docencia, todas cosas que abandonó para concentrarse en su familia y en la fundación que dirige.

Con trabajos temporales desde hace 8 años, acumula logros personales importantes: su familia no se desintegró y su hija mayor, que tenía un pronóstico de sobrevida de sólo 6 horas, hoy está a punto de ingresar a estudiar Letras a la universidad. “Para nosotros nuestro tema es el futuro y la experiencia en la fundación es lo que he aplicado en mi vida privada”, asegura.

Su involucramiento con Uniendo Mundos tiene que ver con su historia: “Siempre sentí que construir un mundo más justo era vital y me siento dichosa cuando rompo el círculo de la pobreza, cuando construyo un puente con el que dos personas, que no tienen ninguna posibilidad de ser amigas, se transfieren sabiduría y experimentan un proceso crecedor para ambos”.

-¿Por qué crear una fundación nueva, en 1995, si ya habían otras?
“Porque sentía que en todas las que había participado se producía el efecto contrario, una asimetría, mayor desigualdad. Cuando llegas en calidad de benefactor, la otra persona que está en el otro mundo, siente que el otro llega imponiendo lo que hay que hacer porque es el universitario y termina restando.
“Además, muchos profesionales confirman por eso prejuicios, no, son unos flojos, por algo están así y eso es porque no se da un encuentro. El que está en la pobreza dice éste viene a lavar la conciencia y así se ha agudizado la lucha de clases en algunos casos. Al final, encontraba que en los dos lados quedaban más resentidos”.

-¿El trasfondo de esto es que la solidaridad se convirtió en otro bien transable del mercado?
“No solamente eso, cuando se da la solidaridad, a veces, se producen más abismos. Cuando partimos en La Granja le preguntamos a la gente cómo hacerlo y nos dieron tres coordenadas: ningún afuerino maneja ningún proyecto, nos subordinamos al liderazgo local; las personas no se presentan por sus roles; y está prohibido dar plata, hay que darla a la organización coordinadora local, nunca a los beneficiarios directos”.

-Hablas de la gratuidad y la importancia de ella en lo social, ¿qué hay detrás de ello?
“Uno de las cosas que facilita el vínculo es que el que llega trabaja gratis, todos son voluntarios y eso permite una relación de igualdad. Además, tienen que haber algunas organizaciones, dentro de la sociedad civil, que den una opción, a las personas que hemos recibido, de devolver la mano gratuitamente. Se han disminuido brutalmente los espacios en la sociedad para la gratuidad, incluso en la política donde antes se pegaban los carteles gratis movidos por los ideales y hoy tienes que pagar a los brigadistas.
“¿Y qué cosa hace más feliz al hombre que hacer un regalo? El corazón se expande y hemos perdido el espacio para vivir esa experiencia. En la cultura popular todavía queda el yo te cuido la guagua y mañana te hago el almuerzo; hoy todo lo pagamos”.

-¿La solidaridad en cuotas es una forma de liberar la conciencia?
“Nosotros no cuestionamos ninguna de las formas de solidaridad que hay, porque las consideramos parte de distintas etapas del camino a la madurez social. Una persona que se motiva sólo por dar dinero está en una etapa primaria, anterior al que le interesa el vínculo, pero tienes que pasar por ahí. Hay una escala, la madurez social es evolutiva, porque uno parte al tiro a vivir a una población. Primero te interesó tu familia o el vecino, y así fuiste desarrollando la empatía, gradualmente. La solidaridad también, uno parte dando cosas y algunos terminan dándose yo.
“Nos sentimos en la obligación de que en la sociedad hayan fundaciones que hagan crecer a la persona, que le ofrezcan todos los grados de solidaridad y no creemos que tengan que haber sólo aquéllas que los ofrezcan todos. Cuando una persona quiere ya no sólo compartir algo que tiene, sino lo que es, queremos que exista una alternativa para hacerlo”.

Carolina afirma que partieron en La Granja sin intensiones de ampliarse, pero con el tiempo los han ido a buscar específicamente a ellos porque no sólo les interesa el resultado, si no el cómo se hace. “Podemos estar construyendo una casa súper bonita, pero si lo hacemos de un modo en que generamos más abismos, no estamos construyendo justicia. No nos interesa que nos consideren estacionales, como que vienen y se van”.

Y lo anterior se da, pese a que ubicar a la fundación es casi imposible. No tienen página web, no existe oficina ni funcionarios, cada uno de los voluntarios aporta desde su espacio y utiliza sus propios medios.

-¿Por qué ser invisibles?
“Por modestia, por conocimiento de la fragilidad del corazón humano. Porque dentro de nuestro segmento, la visibilidad es algo que nos han impuesto que no nos deja experimentar el verdadero gozo que es compartir amistades y llenar el vacío de un modo distinto. A veces, quedamos paralizados con el tema del reconocimiento social y sentimos que somos tan frágiles que si no llenan de publicidad, nos desviaríamos de nuestro principio que es ser lo más parecido a los pobres. Los pobres no tienen voz, son anónimos, trabajan sin medios y lo único que tienen es su tiempo.
“No tenemos interés en la marca de nosotros, en el ego como institución. Invertir en posicionarnos estratégicamente no tiene sentido para nosotros”.

Reconoce que a lo mejor el trabajo que hacen es más lento, porque cuando requieren plata, juntan en forma específica para determinado proyecto. Aún así, asegura que esto es muy sustentable, porque “obliga a que uno se dé a sí mismo, y confíe menos en la plata y más en conquistar corazones, reclutar voluntades”. Añade que si la fundación desapareciera no tiene importancia porque los proyectos quedan ya que están en manos de la gente.

-Hoy está instalado el tema de la segmentación. El nombre de la fundación es sugerente.
“Nosotros teníamos la intuición de que no queríamos que esto nos separara en vez de juntarnos. Hemos contribuido enormemente a la paz social, hemos juntado personas que tienen detenidos desaparecidos con partidarios acérrimos de Pinochet. Eso se puede en lo micro.
“Junto con las campañas masivas, tienen que haber personas que hagan este trabajo de hormiga para reconstruir el tejido social que está segmentado y que no sólo tiene que ver con una cuestión de plata; yo lo he vivido con un discapacitado en mi familia y me mostró que la discriminación es altísima para los enfermos, los viejos”.

“Esto no es una cosa de Chile, el tema de fondo es el miedo y todo el mundo está lleno de miedo. La segmentación tiene que ver con el hecho de que me junto con los que son mis iguales porque me dan miedo los que son diferentes y en eso hay argumentos. No ha sido fácil en ninguna sociedad y la gran parte de las divergencias y fanatismos es el miedo”, ahonda.

Insiste que la fundación lo que busca es generar escenarios para que la gente se conozca y pierda el miedo, porque cuando uno se da cuenta que hay más cosas que nos igualan que lo que nos diferencian, se empiezan a caer las barreras.

-¿Se pueden unir los mundos sólo con el servicio social o se necesitan políticas macro, acciones transversales ?
“Yo no creo en las iniciativas rápidas, en las iniciativas promovidas por el marketing. Uno no se puede saltar etapas; esto es un tema de educación, esto se juega en el persona a persona. Con la comunicación masiva hemos tenido como la fantasía de que se pueden hacer cambios sociales sólo a partir de iniciativas globales, pero eso no se puede si no se trabaja persona a persona, trabajando los valores, actitudes y habilidades. Hay que meterse en la familia y hacer el trabajo pequeño.
“Ahora, hay que hacer las dos cosas, pero la gente se saca la responsabilidad personal que tiene y se la entrega a un gobierno. Hay una pega que nadie puede hacer por ti y que tienes que hacer con tu hijo, hermano, vecino y el pasajero del TranSantiago.
“Yo no saco nada con hacer una Teletón, que me cambia el país dos días al año, si el resto de los 363 días, la gente se estaciona en el lugar de los discapacitados. Y lo digo por mi experiencia personal. Hay que educarnos unos a otros con dulzura y sin hostilidad. Uniendo Mundos vino a hacer eso, a ayudar en lo pequeño”.