Jorge dice que tenía que estudiar el triple que sus compañeros del Nido de Águila cuando había prueba de historia de Chile. “Los profesores esperaban que me supiera todos los detalles de mis antepasados, me exigían en la prueba como si yo hubiera vivido en el año 20”.
Más tarde, su apellido le trajo uno que otro momento incómodo cuando comenzó a trabajar con su amigo Eliodoro Matte en las páginas sociales de la revista “Caras”: “Pensaban que era una broma que dos niñitos de 18 años dijeran que se llamaban Jorge Alessandri y Eliodoro Matte y quisieran entrar a la fiesta”.
-¿Sientes que llevar tu nombre es una responsabilidad?
“Sí. Hay hermanos y primos míos que no la sienten, pero yo la siento absolutamente, porque uno representa para Chile una cosa muy fuerte: por una parte a Arturo Alessandri, Presidente de los años ’20, que tocó el tema de las leyes sociales y cambió un poco la política chilena y por otra, a Jorge Alessandri, el Presidente más austero del país, que se iba caminando a La Moneda todos los días. Después están todos mis tíos senadores, mi papá alcalde... pueden haber mil críticas a la familia o mil alabanzas, pero uno puede decir en 140 años en política, jamás hubo un Alessandri relacionado con un tema de corrupción, ni siquiera una duda o un rumor, y eso me hace a mí caminar con la espalda recta y con mucha seguridad”.
-¿Y nunca fue un peso de no poder portarte mal?
“Cuando chico era bien desordenado. En sexto básico llamaron a mi mamá para decirle que yo tenía la peor conducta del nivel, pero tenía buen promedio y los gringos eran más fijados en las notas que en la conducta”.
-¿Y qué hacías que tenías la peor conducta?
“De todo, revolución, guiaba a mis compañeros por el camino del entretenimiento, desde guerra de papeles hasta cimarras, mejor ni acordarse.
“Es complicado, yo no me puedo portar mal porque la gente se acuerda de eso por el nombre que llevo. Uno va a una fiesta, se presenta una vez con un papá y si me lo encuentro 6 meses después, él se acuerda todavía que yo me llamo Jorge Alessandri. Ese es un pequeño peso, pero nunca lo encontré una traba en mi juventud, todo lo contrario. Lo pasé increíble, hice todas las cosas que hace un joven normal y feliz y creo que llevar el nombre de mi tío me ayudó muchísimo en la vida. Yo leo mucho en los diarios a Joaquín Lavín hijo, a Juan Antonio Coloma hijo, a Sebastián Piñera hijo, que dicen que ha sido muy difícil la vida llevando el nombre del padre, que es un peso. Para mí, era como si alguien me estuviera empujando por la espalda y me dijera ‘anda a atacar el mundo y dale, tú puedes’. Me reafirmaba mi capacidad”.
-¿Y ese empuje era a la política?
“Absolutamente. Mi papá me ha llamado dos veces en mi vida a su escritorio, muy seriamente. Cuando terminé el colegio me llamó y me dijo: ‘Felicitaciones por terminar el colegio, ¿dónde va a estudiar derecho?’, y una vez terminado derecho, me llamó y me dijo ‘felicitaciones por terminar la universidad, es tu deber’ -sin ninguna comida, ni nada- ‘¿Por dónde va a ir de candidato?”
-¿Nunca te dieron ganas de revelarte a eso?
“Yo me siento un revelado, porque lo normal era sacar la carrera, entrar a trabajar a un estudio de abogados de 9 a 8 todos los días... Esa era la carrera normal trazada para mí, pero yo me revelé, fui empresario de otros rubros y me metí en política. Entonces, yo me siento todos los días como un revolucionario”.
-¿Cuándo fue la primera vez que tuviste noción de tu apellido?
“Muy temprano. Como a los 7 años, mi mamá me preguntó lo que quería ser cuando grande y le dije ‘militar’. ‘¿Para qué?’ , me preguntó. ‘Para ser Presidente’... Porque yo veía las noticias todos los días, con un caballero de uniforme y una banda presidencial así que en mi cabeza, para ser presidente había que ser militar, no había otra opción. Después fui entendiendo que no era la única manera, que había otras más aceptadas por la sociedad”.
-Hoy eres bombero.
“Sí, desde el 96. Soy bombero de Algarrobo. Solamente voy a los incendios cuando estoy allá, porque tengo permiso para no cumplir con la asistencia mínima. También es un tema de familia; mi papá es bombero, mi hermano es bombero... Me fascina. Es increíble ver que cuando suenan las alarmas todos dejan sus trabajos, sus familias, agarran unas mangueras que están llenas de hoyos muchas veces, y van a apagar el incendio o a rescatar el accidente con lo que hay. Eso dice mucho del chileno, que se ve no en las protestas o cuando se toman el Parque Forestal; se ve en la Teletón y en el Cuerpo de Bomberos. Eso grafica lo mejor del chileno”.
-¿Y hay retribución de los chilenos hacia los bomberos?
“Absolutamente. Me tocó muchas veces ir a apagar incendios a casas muy, muy humildes y al día siguiente te invitaban a tomar té o la señora te preparaba un queque. Eso es muy lindo”.
-¿Pero qué pasa con la manguera con hoyos? Al final son ustedes mismos los que, muchas veces, costean sus equipos…
“Es que hay que tener ingenio también. Yo partí en los bomberos, organizando eventos para juntarles plata. El bombero, con el buzo raído en una esquina y con un tarro de Nescafé pidiendo monedas, no me parecía la manera más eficiente. Yo empecé a hacer la fiesta de los bomberos y dos veces por verano, en Algarrobo, llenaba con 2 mil personas el evento. Iban familias enteras a apoyar. Hay que saber pedir y pedir de forma ingeniosa”.
-También eres alguacil de Carabineros. ¿Qué tan cierto es que están ahí para sacarse los partes no más?
“No tiene nada de cierto. Es el típico desconocimiento de la gente, cuando pelan a los políticos. De partida, en mi comisaría, la mayoría de los alguaciles tiene más de 70 años y ya no maneja. Hay otros que están desahuciados en la clínica, con cáncer, y siguen pagando las cuotas. Así que el alguacil de 22 años en el Porsche, yéndose a un concierto a Viña, no existe. Es gente mayor, que organiza bingos, hace la fiesta de Pascua, y se preocupa del bienestar de los carabineros. Además, para poder ser alguacil te exigen una hoja de partes limpia. No puedes haber tenido ni un parte por velocidad”.
-Has dicho que hay noches en que te desvelas y que te dan ganas de ir a gritar a las casas de los que insultan a los carabineros. ¿Eres muy arrebatado?
“Sí. Aprendí a controlarme, pero cuando uno conoce una institución como la de Carabineros de adentro y ve una tropa de jóvenes en la Alameda, pegándole… Porque, para mí, no le pegan al carabinero de la 345; le pegan a Juan Pérez Carrasco, que tiene 3 niños, uno de ellos con leucemia, que está transferido a Santiago, pero es de Punta Arenas, ve a su mujer una vez cada 3 meses y gana 180 lucas, trabajando 14 horas al día. A ese le están pegando, así que me da mucha, mucha rabia”.
-¿Tú estás casado?
“Soltero, pero decidiendo con cuál me voy a quedar”.
-Cotizando…
“Sí (se ríe). No, súper bien. Tuve un pololeo largo, como de cuatro años y hace dos que estoy soltero y dedicado al trabajo en este último tiempo, saliendo harto y con hartas amigas… Obviamente quiero casarme y tener una familia numerosa”.
-¿Cuál es tu vicio privado?
“Yo creo que el vino tinto y bailar un lento con una mujer, todo al mismo tiempo, la copa, el baile, la música lenta”.
-Si es un vicio, lo harás seguido…
“Menos de lo que yo quisiera”.
-Antes de terminar, ¿sigues con esa inquietud de ser Presidente, como cuando chico?
“Hoy, la frase ha cambiado un poco. En esa época, mi vieja me preguntaba que qué quería ser cuando grande, y yo le contestaba ‘quiero ser Presidente’. Ahora, si me pregunta, la miro a los ojos y le digo: ‘Voy a ser Presidente”.