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5 signos propios del embarazo

Factores internos y externos determinan la aparición de manchas, estrías, acné y venitas dilatadas. Aunque estos signos no afectan a todas las mujeres por igual y son difíciles de evitar, tienden a desaparecer dentro de los seis meses posteriores al parto.

01 de Diciembre de 2009 | 08:56 |
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Estrías: indelebles en la piel

Entre un 50% y un 90% de las mujeres tiende a desarrollar estrías durante el embarazo. Y aunque son más comunes en el abdomen, también aparecen en los muslos, las caderas, el busto y los brazos, primero de color rosáceo, luego rojizo y finalmente blanco. En algunas mujeres, las marcas que aparecen durante el embarazo tienden a desaparecer.

Las estrías, que no duelen pero pueden producir la sensación de ardor o pulsación ligeros, son el resultado del rompimiento de las fibras elásticas de la piel y "en su aparición participan diversos eventos como el estiramiento excesivo de la piel, factores hormonales (especialmente aumento de la producción de corticoides por las glándulas suprarrenales) y factores genéticos", explica la dermatóloga de la Clínica UC San Carlos de Apoquindo Claudia Salomone.

Evitar el aumento excesivo de peso, para disminuir el estiramiento brusco e innecesario de la piel, y humectar a diario la piel más propensa a sufrir estrías, utilizando productos diseñados para su prevención y que estén autorizadas a ser utilizadas durante el embarazo, son las claves para prevenir su aparición.

Manchas: el efecto agravante del sol

Durante el embarazo y como resultado de los mayores niveles de la hormona MSH (hormona melanocito estimulante), estrógenos y posiblemente progesterona, se produce un aumento en la pigmentación de la piel que se manifiesta en el oscurecimiento de los lunares y las pecas.

También es frecuente que aparezcan melasmas, que son manchas oscuras simétricas en las mejillas, nariz, frente, mentón y/o labio superior. "Muchas de estas pigmentaciones se resuelven en el posparto, pero tienden a ser más persistentes en pacientes de piel más morena", advierte la doctora Salomone, ya que están predispuestas genéticamente para producir una mayor cantidad de melanina.

El desarrollo del melasma estaría influenciado por factores genéticos y hormonales, y la exposición solar siempre agrava el problema. Por eso que deben extremarse las medidas de protección contra los rayos solares durante el embarazo, tanto con medidas físicas (usar sombreros, por ejemplo), como con fotoprotectores en crema o gel para disminuir la probabilidad de que aparezcan manchas en la piel.

En el tratamiento para quitar estas manchas los protectores solares, las cremas blanqueadoras y el tiempo son esenciales. Normalmente se necesitan hasta dos meses para que la piel responda y hasta seis o más para completar el proceso.

Pelo: alteraciones en su ciclo de crecimiento

Respecto del pelo, durante el embarazo se afirma y se pone brillante, ya que tiende a permanecer más tiempo en su fase de descanso (etapa en la que deja de crecer, "descansa", antes de iniciar el proceso natural de caída). Pero una vez que se produce el parto comienza a caerse, especialmente entre el cuarto y sexto mes, lo que puede persistir hasta aproximadamente 15 meses después del alumbramiento. Se acorta su fase de descanso, se cae más y empieza a crecer nuevamente. La mujer debe, además, cuidar su alimentación durante el embarazo y la lactancia, para que no se desarrollen déficits de vitaminas o anemia que dificulten la recuperación de la caída del pelo normal que se produce durante el período posparto. "La caída del pelo se resuelve espontáneamente en la mayoría de las pacientes", asegura la doctora Salomone.

Acné: el aumento de sebo

Las glándulas sebáceas aumentan su producción de sebo, sobre todo durante el tercer trimestre del embarazo, lo que puede provocar acné o empeorar un acné preexistente. A medida que los niveles hormonales aumentan, la producción de aceite de los poros se incrementa. En algunos casos, este sebo le da a la mujer ese "brillo propio del embarazo", pero -en otros- la piel oleosa se transforma en campo fecundo para que broten erupciones y aparezcan granitos que muchas veces se extienden a otras partes del cuerpo, como la espalda. La clave para mantener el problema a raya es la rutina de limpieza diaria con productos apropiados para mujeres embarazadas. Si busca tratamientos más específicos, es importante consultar a un médico.

Venas dilatadas: "arañitas" rojas en el rostro

Los vasos sanguíneos se dilatan y se hacen más visibles durante el embarazo, fundamentalmente por un aumento en los niveles de estrógenos. Por eso, es común que se produzcan enrojecimiento de las palmas y aumento de telangectasias o venitas dilatadas en la cara y tronco. Afortunadamente, en la mayoría de los casos desaparecen progresivamente después del parto.

Las várices, una dilatación de las venas pero de mayor calibre que las "arañitas vasculares", es otro problema frecuente durante el embarazo. Pueden prevenirse utilizando medias elásticas de descanso, evitando estar mucho rato parada o sentada, durmiendo con las piernas en alto; evitando el uso de tacos altos, la ropa apretada y la exposición solar que dilata aún más las venas, y realizando caminatas diarias.