Jaime Parada: “Lo que le pasa hoy a un homosexual es una responsabilidad de todos”

El vocero del Movilh conversa sobre su libro “Yo, gay”, con el que empatiza con muchos jóvenes que en Chile se sienten temerosos de vivir y enfrentar su homosexualidad. “Siempre habrá que pagar consecuencias, pero hacerlo por decidirse a llevar una vida feliz y libre, vale la pena”, confiesa.

19 de Noviembre de 2013 | 13:23 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Teresa Peña, El Mercurio.
“Jaime: Después de leer tu libro, por primera vez me atreví a tomarle la mano a mi pareja en Bellavista”. “Jaime: Me siento muy identificada con tu libro y me da para pensar”. Estos son ejemplos de los cientos de mails que llegan al correo de Jaime Parada (@JParadaHoyl), desde que lanzó a principios de noviembre un libro que sin rodeos expone su contenido en el título “Yo, gay”.

En sus páginas, el concejal de Providencia no se guarda nada, y repasa gran parte de los explosivos años que ha vivido desde que en 2011, siendo un  historiador, pasó a convertirse en un líder de opinión, a raíz de la publicación de unos correos que se escribió con un sobrino que le preguntó sobre el matrimonio homosexual.

“No estoy enfermo; ni soy enfermo. Que a la gente gay le cueste asumir su sexualidad, que lo pase mal en el proceso, no quiere decir que tenga una enfermedad”, fue parte de las misivas que escribió Parada, meses antes de llamar la atención del Movilh, que no dudaría en ponerlo como su propio vocero, en medio de los fuertes sucesos que acabaron con la vida de Daniel Zamudio, y el respaldo que el movimiento entregó a la familia de la víctima de uno de los ataques homofóbicos más dramáticos que ha conocido el país.

Eso en cuanto a su lado más mediático. En lo privado, este hombre de 36 años no escatima en datos de su vida, en medio de una familia fuertemente ligada a la Iglesia -“de misa en latín”, como dice-, recordando un fuerte período de abusos, un intento por seguir los valores religiosos de su entorno, su proceso de salir del clóset entre sus amigos heterosexuales (incluyendo una que otra chiquilla despistada que se le quiso declarar), y cómo enfrentó en su casa la idea de dejar de llevar al “amigo”, sino que a su pololo con todas sus letras.

“Lo que hago con ese libro es empatizar con la vivencia de muchos homosexuales que se pueden sentir reflejados con vivencias comunes. Me gustaría que supieran que no están solos, que es algo que nos suele pasar en un país como Chile. Y también hago un llamado a hacernos cargo de nosotros mismos y que si se puede, que sepan que ayudaría mucho a cambiar el paisaje social, que le tomen la mano a sus parejas”, dijo en esta entrevista, en uno de los salones de la Municipalidad de Providencia y mientras unos periodistas de “The New Yorker” le toman decenas de fotos para un reportaje que intentará graficar cómo ha evolucionado la escena política en Chile.

Con su ópera prima en las librerías, Parada espera derribar mitos, desde la supuesta promiscuidad que algunos podrían creer que generaliza a homosexuales, hasta la connotación de tabú que a otros hace pensar que del tema gay no se debe hablar.

“Quiero que el heterosexual entienda que esta es la realidad del siglo XXI. Esta es la realidad que cada vez más van a ver en sus hijos, y van a necesitar herramientas para comprenderla. El mismo presidente del Partido Socialista, Osvaldo Andrade, dice que el país no está preparado. Pero yo creo que es, simplemente, que él no está de acuerdo. Porque el país sí está listo”.

-Haces un llamado a las parejas homosexuales a mostrar su afecto en las calles, con gestos tan básicos como tomarse la mano. A casi dos años de la muerte de Daniel Zamudio, ¿realmente crees que el país está preparado?
“Hago el llamado a quien se sienta seguro, porque no todos los contextos son propicios para hacerlo. Daniel Zamudio estaba en una situación de vulnerabilidad, en un espacio público peligroso, había bebido y no poco, y ni siquiera estaba con su red de amigos. Por eso hago el matiz y digo que lo hagan en contextos en los que sepan que nadie los podría atacar, como el supermercado; no a las 5 de la mañana en una calle abandonada de Bellavista con un neonazi que pueda aparecer en la esquina. Hoy, la única forma de que un padre se vea obligado a enseñarle a un hijo de que existen personas homosexuales es que los vean en la calle de la mano”.

-La constante amenaza de ser atacado o rechazado parece abarcar desde una golpiza hasta el duro golpe psicológico de la incomprensión familiar. En tu libro cuentas que tu hermano -el que era el más cercano a ti-, te pidió que no vieras a sus hijos mientras estuvieras en pareja…
“Indudablemente, es algo que daña. Por eso, entre otras cosas, lo que hacemos en el Movilh y activistas de distintas organizaciones, es instalar un discurso convincente, para poder cambiar las cosas. Muchas personas homosexuales hemos tenido experiencias de sufrimiento muy grandes por el rechazo de nuestras propias familias y entorno. Pero le diría a los que les pasa esto, que se preocupen más de quienes ellos sientan como su familia, que de los que los rechazan”.

-¿Cómo fue en tu caso?
“Para mí, mi familia son mis amigos. Por eso aconsejo vivir con felicidad la orientación sexual y no dejarse aplastar, porque la vida siempre sigue. Hay redes de apoyo, instituciones y personas dispuestas a no permitir que un homosexual tenga que ocultar su esencia y ayudarlo a ser quién es de forma feliz. Es cierto que se vive con mucho dolor y dureza a veces, sí, pero está un poco en uno mismo salir de eso”.

-Algunos adolescentes gay no lo ven con tanta claridad y terminan suicidándose.
“Por eso con acciones culturales como mi libro, como las movilizaciones y tantas otras fuentes, lo que intentamos es que ellos no se sientan solos y no terminen quitándose la vida por el rechazo de su entorno o el temor a defraudar a los que quieren si es que se muestran tal cual son; que ellos sepan que sí, vivimos en una sociedad que tiende al estándar, pero hoy se está creando un nuevo estándar que sí incorpora a las personas homosexuales.
“Muchos ocultan su homosexualidad porque creen que van a defraudar a sus padres. Pero te diré más, mis padres que son de misa en latín, ultra pinochetistas, no solo han sido capaces de tolerarlo, sino que también de aceptarlo y vivirlo cada vez mejor. Si mis padres pudieron cambiar, ¿por qué los otros no? De repente, uno mismo es el que se autoanula porque no se atreve a exteriorizar quién se es. Sé que siempre habrá que pagar consecuencias, pero hacerlo por decidirse a llevar una vida feliz y libre, vale la pena”.

-¿Qué opina tu familia de esta exposición, el libro, tu trabajo como vocero?
“No opina. De hecho, no fueron al lanzamiento de mi libro. Creo que dentro de todo lo que me quieren, mi exposición les genera incomodidad, porque ellos tienen otros valores que los míos y puede que les cueste mucho asimilar esto. Yo no me meto; es tan difícil ya llevar el proceso personal, que llevar además el del resto de la familia, es muy difícil. En parte, a uno se lo exigen, pero yo no quiero. Mi mamá me dijo hace poco que recién se siente preparada para leer mi libro. Es muy fuerte para ellos”.

-¿Qué tan traumático fue para ti pasar de casi un extremo religioso a plantearte públicamente en una lucha contra parte de esos valores?
“Fue fuerte. Dejé de ir a misa a los 19 años, luchando contra un sistema de valores que yo, que no soy un tipo con muchas herramientas, tuve que enfrentar por la vía del análisis. Hay gente que es mucho más decidida y corta con esto, porque ve tal grado de contradicción entre lo que predican, practican y lo que sienten, que lo hacen.
“Hoy los jóvenes cada vez están  más desprejuiciados. Hoy puede salir un título tan provocador como ‘Yo, gay’ y ser bien vendido, junto con otros escritores que publican temática homosexual. Insisto, ¿Chile no está preparado? Sí, lo que pasa es que seguimos luchando contra el conservadurismo político y religioso”.

-Salen personajes en la tele, como el actor Carlos Concha, hablando sobre su matrimonio con su novio en Bélgica, y saca ovación del público. ¿Qué pasa que, en términos políticos, este tema no pareciera avanzar más allá del proyecto de Acuerdo de Vida en Pareja?
“Chile tiene una crisis política y parte de esa crisis es que los políticos – por su propio conservadurismo político- no llevan a la agenda parlamentaria proyectos de ley que sí son de interés ciudadano. Y aquí estoy seguro que éste, así como el aborto terapéutico y la despenalización del autocultivo y consumo de cannabis son temas que le importan a la gente. Así que no le queda otra al activismo que seguir empujando las barreras, sacando a las personas a la calle, denunciando la homofobia, y dejando claro que querer casarse no es una cosa excéntrica de los homosexuales. Estamos hablando de derechos humanos iguales para todos”.

 -Todos dicen que quieren un mundo mejor para sus hijos, en cuanto a oportunidades, ecología, etc. ¿Olvidan algunos que esos hijos podrían ser homosexuales, al no apoyar la causa?
“Un padre que diga que es difícil tener un hijo homosexual, porque el entorno no lo va a recibir bien, es un poco cómodo. Primero debiera preguntarse ‘¿estoy dispuesto a recibir bien a mi hijo cuando me diga que es homosexual?’. Y si la respuesta es positiva, él mismo debiera hacer todo lo posible para que su hijo sea integrado a un entorno. Lo que le pasa hoy a un homosexual es una responsabilidad pública de todos, no solo de los homosexuales. Mientras tanto, no podemos mantenernos dentro del clóset, debemos salir para manifestar y demostrar que tenemos necesidades básicas; reivindicar lo que somos, que cuando constituimos pareja y somos estables, somos familia”.

-Hablas de pagar consecuencias de forma inevitable por el precio de ser feliz y libre. En toda esta exposición a la que te lanzaste hace unos años, ¿has recibido directamente el rechazo de los más conservadores?
“No, la gente es muy cobarde en Chile. Nadie me ha dicho algo a la cara, solo a través de Twitter. Nadie me dice de frente ‘¡maricón de mierda, suéltale la mano a tu pololo!’. Solo alguno ha mirado raro y sigue caminando. Y cuando han sido mala onda en Twitter, suelo no responder, sino que retwittear, e inmediatamente aparecen cien personas insultando de vuelta. Hoy existe una red de apoyo, una conciencia de que la diversidad es un valor social y algo que hay que defender, ya seas hetero u homosexual. Eso me hace pensar que estamos ganando la batalla cultural”.

-En honor a esta sección debo preguntarte, ¿cuál es tu vicio privado?
“Me gusta mucho leer. Todas las noches lo hago para quedarme dormido, y eso lo complemento con las series. Me gustan las elaboradas, como ‘Mad men’, que muestra a una sociedad que está muy convulsionada, en su contradicción de valores conservadores con los más liberales”.