Michael Roldán, el periodista que pasó de limpiar baños a la TV

Conocido como el ‘Guagüito’ de La Red, el periodista es un total agradecido por pasarlo bien en su trabajo, además de que le hayan dado una oportunidad. En esta entrevista, incluso recuerda cómo en el pasado, un empleador no quiso contratarlo por vivir en Estación Central. “A veces es muy estúpida la sociedad en la que vivimos”, asegura.

12 de Marzo de 2014 | 08:19 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Gabriela Salinas, El Mercurio.
“Al pensar en farándula, algunos piensan en mucha gente tonta hablando. Bueno, ese es el pensamiento de ellos. Al menos yo, estoy en un panel que es súper power”, asegura Michael Roldán (28 años, @MichaelRoldan), conocido como ‘Guagüito” entre quienes siguen los programas “Intrusos” o “Mujeres primero”, de La Red.

Este periodista, un reconocido mamón que recién hace unas semanas partió de la casa de sus padres para vivir a un departamento propio, dice que ha sabido ganarse el cariño de las dueñas de casa –esas que les gusta apretar los cachetitos, explica-, e incluso el de su colega Pamela Jiles (a quien llama “la abuela”), conocida por la audiencia como una mujer de carácter fuerte.

“Creo que soy muy afortunado”, dice sobre su trabajo. Lo pasa bien, tanto que hasta ha llegado a depilarse el pecho en directo, dada la buena onda que hay con los compañeros de trabajo, dice. Pero además, es un gran agradecido de la oportunidad que se le está dando.

“Nunca me imaginé llegar al mundo de la televisión. Siempre fui muy nervioso y hasta hoy lo soy. Partí aquí haciendo el turno de noche, reporteando a veces hasta las 6 de la mañana. Y cuando me dijeron que me tenía que sentar en el panel, jamás me había sentado en un set de televisión, pero me gusta meterme en la pata de los caballos”, asegura.

-¡Trabajabas hasta las 6 am! ¿Eres de los que no le hace asco al trabajo, o tenías demasiadas ganas de estar en la tele?
“Me gusta la tele, pero siempre he trabajado. Ya antes de entrar a la universidad, entré a trabajar a ‘McDonald’s’, una mierda de trabajo. Me pagaban por la hora, 400 pesos. Para peor, al entrar a  estudiar, la situación económica en mi casa fracasó, así que tuve que seguir ahí para poder pagar el crédito universitario. Terminé con un trastorno de ansiedad y depresión. Ahí no te dejaban estar ni un segundo sin producir. Nadie te podía ver parado sin estar haciendo algo, aunque fuera un segundo”.

-¿Cómo lo hiciste para que no siguiera empeorando tu salud?
“Justo me llamaron para trabajar por la temporada navideña, como bodeguero en ‘París’. Cuando se terminó eso, trabajé en las boleterías de ‘Cinemark’, y después de garzón en ‘Schopdog’. Ese trabajo igual fue cuático, porque había mucha gente con copete, y terminabas no solo garzoneando, sino que limpiando los baños vomitados.
“Es fuerte pero, ¿sabes qué? Miro para atrás y todos esos trabajos me sirvieron para el día de hoy, para la responsabilidad, la tolerancia… Tengo un hermano chico, y siempre pienso en que me gustaría ganar bien para que él no tenga que pasar humillaciones laborales que a veces pasan; eso de aguantar que tu jefe te gritonee y no poder renunciar porque necesitas la plata”.

-¿Tú pasaste humillaciones?
“En un trabajo me dijeron, literalmente: ‘No te puedo dar el trabajo porque vives en Estación Central, y nosotros trabajamos con muchos eventos acá arriba, así que vas a llegar tarde. No tienes auto, y podrías llegar muy transpirado”.

-¿Cómo reaccionaste ante eso?
“Lo primero, me dio mucha pena. Pensaba en que me había sacado la cresta estudiando y trabajando para sacar mi título, que mis papás se habían esforzado mucho -mi viejo trabaja hasta hoy de lunes a lunes, vendiendo lubricantes para autos, y los fines de semana pitutea en Rancagua-. Al final, daba un poco lo mismo lo que me dijeran a mí, porque sentía que despreciaban todo lo que mi familia me había dado, todos sus esfuerzos. Tenía ganas de defenderme, y decir: ‘¡Pero si yo voy a llegar a todos esos eventos que hacen y no voy a llegar hediondo! ¡Iré perfumado y con traje! ¡Capaz que me lo tenga que comprar en cuotas, pero filo! ¡Denme la oportunidad de demostrarlo!”.

“Después me dio rabia, porque no puedo entender por qué pasan estas cosas. A mí no se me cae la ce hache (ríe). Solo les importó dónde vivía, y era como si me dijeran que nunca podría surgir si me lo proponía. Sentí que no había oportunidades. Pero lo peor fue llegar a mi casa y que mis papás me preguntaran cómo me había ido en la entrevista de trabajo. ¿Qué les iba a decir, que no me fue bien por vivir con ellos en ese lugar? No podía. Esa pregunta me dolió”.

-¿Y te duele aún?
“No, siento que me dio fuerza para seguir. Hoy no iría donde esa persona que me hizo la entrevista para refregarle que encontré trabajo, pero sí siento una satisfacción interna al pensar que con trabajo logré armar mi vida”.

-Y te fue tan bien que te compraste departamento…
“Sí, empezando la aventura de vivir solo. Terrible (ríe). El año pasado lo empecé a ver, aprovechando que tengo contrato en el canal y con un sueldo que antes no tenía. Busqué una propiedad chica en Santiago Centro, pero mi meta jamás ha sido salir de Estación Central”.

-Hace poco el alcalde de Puente Alto reclamó por la "estigmatización negativa" que se hizo en una teleserie, al mencionar su comuna cuando un personaje le decía a la protagonista, para buscar trabajo, "no digas que vives en Puente Alto”.
“¡Pero es que es una realidad que le pasa a mucha gente y no queremos reconocer! Muchas veces te recomiendan no poner en el currículum que uno vive en tal parte, como si uno pueda tener menos capacidades intelectuales por vivir en determinadas comunas. En cambio, te dicen que te tienes que preocupar de las apariencias. Alguien me dijo una vez que ahora que trabajaba en la tele, me tenía que comprar un auto lindo, porque así me iban a tratar mejor, y me retaba por haberme comprado mi departamento en Santiago Centro y no más arriba. Pero me lo compré ahí porque es lo que puedo pagar y punto. No me interesa vivir de las apariencias. En verdad, a veces es muy estúpida la sociedad en la que vivimos”.

“Cuando cuento que yo limpiaba los baños en ‘Schopdog’, la gente me mira y no entiende cómo llegué a la tele. No sé, hay gente muy cagada del mate, y cree que trabajar aquí te convierte en alguien millonario. Además, este trabajo no es tan lindo como se pinta, por el tema que tienes que lidiar mucho con la lucha de egos, que si hablaste más tú que yo al aire… Por suerte, con mi equipo de trabajo no he vivido mucho eso. Tenemos poca sed de pantalla”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo manías ridículas, como que no puedo dormir sin calcetines de polar, sea invierno o verano. Pero el lunes tiene que ser el par azul, igual que todos los lunes. El martes, el naranjo; el miércoles, el amarillo, y así. Adonde vaya, tengo que llevar mis calcetines de polar”.

-¿Crees que le podrías provocar temor a alguien con ese comportamiento?
“Sí, pero es una manía desde chico y ya lo encuentro hasta tierna. Yo funciono así. Si duermo sin calcetines, me enfermo. En verano puedo dormir en pelota, pero siempre con mis calcetines. Sé que es una escena horrible, pero tengo que hacerlo”.