Daniel Stingo: “No me pidan que sea un abogado serio”

El panelista de “Mucho gusto” se ha caracterizado por ser un tipo hombre más amigo de las risas que de la formalidad. Aquí nos explicó a qué se debe su carismática personalidad y nos reveló parte de la historia de amor que compartió con su esposa, con la que pololeó por diez años “entre terminadas y vueltas”.

23 de Julio de 2014 | 08:40 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
Héctor Aravena, El Mercurio.
“Soy abogado, chileno, casado, 48 años y eterno panelista”, así se presenta Daniel Stingo (@danielstingo), antes de agregar un dato crucial para entender su forma de ser: “soy bastante hiperactivo, así que necesito hacer hartas cosas, si no, me aburro”.

Este padre de dos hijos, Sofía (13) y Felipe (10), desde el año 2005 que agregó a su rutina legal, la labor de panelista, que hoy desempeña con bastante éxito en el matinal del Mega, “Mucho gusto”.

Lo que partió como una aparición de unos cuantos minutos, primero en las mañanas de TVN, terminó siendo un espacio propio en el 13, con su propio programa de juicios televisados, “Tribunal oral”, para hoy volver a sus raíces como panelista, uno que a veces se queda por horas en pantalla, molestando y riéndose con sus compañeros de cámara, Katherine Salosny, Lucho Jara e Ivette Vergara.

“Todos nos divertimos. A veces me tengo que poner muy serio para hablar de un tema, pero el resto del tiempo puedo jugar”, comenta este hombre de leyes, quien tiene como fan número uno de su carrera televisiva a su propia suegra.

Tras haber jurado ante la Corte Suprema el año 95, y -como confiesa- haberse aburrido y desencantado un poco de la profesión debido a la burocracia que caracterizó por muchos años a los tribunales chilenos, Daniel encontró su lugar en la pantalla, que complementa con su labor en un estudio de abogados, como asesor legal de una empresa, la radio y un programa de educación financiera en internet.

“Es que necesito hacer cosas, por como soy. Mi señora siempre me pregunta si aguantaré todo el fin de semana tranquilo en la casa. A veces no me ordeno mucho en los tiempos, de todas las cosas que hago, pero lo necesito”, explica.

-No pareces ser el típico abogado, al contrario…
“No, es que es parte de mi personalidad; no podría ser diferente. Aunque suene ególatra, soy un buen abogado. No dejo tirado a los clientes y saco las cosas hasta el final. Uno nunca puede decir que va a ganar todos los casos porque eso es mentira, pero sí puedo decir que hago mi mejor esfuerzo. Pero no me pidan que sea un abogado serio, no. Necesito moverme, divertirme… Si la vida es con todo. Por suerte, nunca me han dicho que me desperfilo por ser como soy, ni que el mundo de las luces me llame la atención”.

-¿Qué te gusta?
“Lo encuentro entretenido, se pasa bien y se puede educar a la gente con los temas que manejo, para hacer más accesible lo jurídico, que es tan árido siempre. Si lo explicas de forma fácil, la gente lo entiende y se va empoderando de sus derechos. Eso y la entretención es lo que a mí me gusta. Mi señora (Patricia) siempre lo supo y gracias a ella entré a la televisión”.

-¿No tenían prejuicios con los egos que dicen que hay en la pantalla?
“Mira, ya llevo casi diez años en televisión y he visto mucho eso, pero queda en uno si engancha o no. Ahora, el hecho de ser panelista eterno te ayuda a quedar un poco fuera, no te metes. Además, tengo la suerte de que como soy abogado vivo de mi profesión, así que si en un momento esto se acaba, hago lo mío. La tele me encanta, pero no me muero si no la tengo. Hoy es un regalo para mí”.

-Decías que Patricia te llevó a la tele, ¿cómo fue eso?
“La historia fue así; cómo sabía que yo era lúdico -ya había hecho comerciales en la tele antes-, ella me inscribió el año 2000 en la Escuela de Locutores de Chile, donde estudié y empecé un programa de radio del centro, de mínima cobertura. Un día me llamaron de la Católica, diciendo que estaban pidiendo un abogado para el matinal de TVN, y en la prueba de cámara, por cómo soy y con lo que ya había aprendido de radio, quedé al tiro. Por eso digo que entré gracias a ella. Mi señora es mi pilar en mi casa. Yo no podría funcionar mucho en mi vida sin ella”.

-¿Es de esas esposas que te ordenan la vida?
“No sé si me la ordena pero tenemos un buen complemento. Ella le da estabilidad a mi familia. Ella es muy diferente a mí, es tímida, piola, como lo es mi hija Sofía. Felipe es más como yo, buena para revolverla. Sacó esa cosa italiana, histriónica, medio gritón y expresivo de los Stingo”.

-¿Cuántos años de casado?
“Me casé el año 97, así que voy para los diecisiete años. Y antes, entre dimes y diretes, entre terminadas y vueltas, pololeamos diez años.
“Nos conocimos en la universidad. Los dos estudiamos en el Campus Oriente de la Católica. Ella es profesora básica, y siempre la molesto diciéndole que ella es de las mujeres que entró a la universidad a buscar un marido abogado, y lo encontró. Es mentira (ríe) nos conocimos ahí y además éramos parte de un movimiento católico de los jesuitas, con el que íbamos a misiones y trabajos de verano. Ella es la mujer de mi vida”.

-¿Y porqué terminaban tanto, entonces?
“Yo era inseguro. A veces me sentía con la soga al cuello, que le pasa a algunos hombres cuando saben que se acerca el matrimonio, que es una imagen muy fuerte a cierta edad. Pero yo siempre tuve claro que me iba a casar con ella. Ella me dice que se lo debí haber dicho antes (ríe), y como era indeciso, terminamos varias veces. Incluso ella pololeó entre medio, pero la hice terminar”.

-¡Cómo!
“¡Pero si yo era el hombre de su vida y ella la mujer de mi vida, estaba claro! Después lo conversamos y me dijo que no quería pasar los 30 años estando soltera, así que dije ‘ok, no te quiero perder. ¡Casémonos!’. Y así nos casamos. Al final, no sé cuál era el problema que tenía con casarme. Creo que era medio tonto lo que me pasaba, porque fíjate que después encontré que era maravilloso estar casado, mucho mejor que estar soltero”.

-¿Por qué?
“Porque ya sea que estés casado o te vayas a vivir con tu pareja, cualquier opción es válida, el compartir es mucho más fuerte. Estás más integrado te acoplas, entiendes mucho más al otro y es más entretenido. Yo siempre ando buscando entretenerme (ríe)”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Colecciono las casitas de cerámica de Delft de (la aerolínea) KLM. Siempre las estoy buscando en internet para ver si compro. Son casitas típicas de Holanda que la aerolínea regala a los que viajan en primera clase, algo que yo no he hecho, por eso las busco en los persas, a ver si hay. También junto molinitos Delft. Ésos no se los dan a nadie, hay que buscarlos. Lo otro, que no es un vicio, pero es algo muy mío, es que soy hiperactivo, ansioso en general. Tengo una ansiedad de vida que manejo haciendo hartas actividades y controlándome. Nunca he fumado, pero me tomo una pastillita que me baja un poco la hiperventilación, que ya es parte de mi personalidad. Si no, imagínate cómo sería”.
Comentaristas
Más me gusta
Más comentarios
Más seguidores