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Karina Batthyany: "El cuidado del adulto mayor es un derecho a exigir"

Esta socióloga aborda las problemáticas de las sociedades que envejecen y la necesidad de que existan políticas públicas destinadas a enfrentar esta crisis que se avecina. Agrega que relegar el cuidado del adulto mayor a la mujer, es una limitación a los derechos de ésta.

28 de Agosto de 2014 | 08:00 | Por María José Errázuriz L.
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Es un tema que no ponemos sobre la mesa. Como si no hablarlo pudiera implicar que no existe, que no nos alcanzará y que nunca será una realidad cercana. Pero los hechos son categóricos: la esperanza de vida proyecta que Chile, en 2025, tendrá más adultos mayores que personas menores de 15 años, o sea, en palabras simples, este país envejece a pasos agigantados.

Las mismas estadísticas indican que el 24% de las personas mayores de 80 años tienen algún grado de dependencia y más del 85% de los cuidadores de ellos son, como siempre, mujeres, ya sea, esposas o hijas, principalmente.

Desde hace un tiempo, ONGs y otras instituciones como el Senama, han hecho un llamado de atención y ese fue el tema de debate en un foro organizado por ComunidadMujer donde se puso en el tapete el efecto que tiene la labor de cuidar adultos mayores, personas discapacitadas e hijos en la trayectoria laboral y salud de la mujer.

Karina Batthyany, doctora en Sociología, profesora de la Universidad de la República de Uruguay, experta en género, uso del tiempo y cuidado, cree que el mundo entero, pero principalmente los países de esta región, enfrentan una crisis de los cuidados y apunta a que éstos deben ser entendidos como un derecho, razón por la que los Estados deben elaborar políticas públicas eficientes.

"El cuidado del adulto mayor es un tema del que se habla poco, se ve poco y apenas vemos la punta de un iceberg escondido que son todas las tareas de cuidado que se desarrollan en la sociedad. Además es un tema que es esencialmente femenino, no porque seamos las mujeres las que sabemos cuidar, sino porque somos las que nos hacemos cargo del cuidado", dice.

Reconoce que hoy sí se habla del cuidado de los niños, de salas cunas y jardines infantiles, porque el cuidado se asimila al proceso de educación, sociabilización, cosa que en los adultos sólo se remite a dar atención y resolver sus necesidades. "Pero también se habla poco del cuidado del adulto mayor porque somos países recientemente envejecidos, y también porque el cuidado lo hacía la familia, puertas adentro, y no se veía", acota.

-Si lo abordamos desde una perspectiva filosófica, ¿el tema del cuidado del adulto mayor puede estar postergado por el hecho de que se encuentran en el final de sus vidas, y no en el comienzo, como pasa con los niños?
"No lo sé, no es mi campo el de la filosofía, pero lo que pasa es que a los niños siempre hubo que cuidarlos, en cambio, a los adultos mayores es algo reciente por una cuestión de esperanza de vida, o sea, apareció una población que requiere cuidados. Es verdad que el cuidado de un niño implica darle las habilidades para que sobreviva, en cambio, en el adulto mayor es atenderlo en una dependencia que se asocia al final de la vida".

-¿Hay conciencia en nuestras sociedades latinoamericanas del problema que se nos viene encima?
"Poca, muy poca; recién se empieza a visualizar porque estamos en el momento que llamamos 'la crisis de los cuidados', es decir, el desajuste que hay entre las transformaciones que ocurrieron en el mundo productivo, como la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, y las transformaciones en la familia y en el mundo reproductivo, donde prácticamente los modelos de división del trabajo no han cambiado y seguimos razonando con la idea que las mujeres están en sus casas para cuidar.
"Esto produce tensiones a nivel social, porque la organización del cuidado ya no existe más. Ahora nos preguntamos quién se hace cargo de los adultos mayores, porque puertas adentro no está la ama de casa típica".

-La mujer ha cumplido históricamente con ese rol y lo sigue cumpliendo. ¿Qué efectos ha tenido en ella, más allá de que no hayan podido salir al mercado laboral?
"La primera consecuencia es la limitación de los derechos de la mujer; tu derecho a trabajar, a educarte, a participar social y políticamente de la vida de la comunidad. También tiene consecuencias en la salud de las mujeres, porque particularmente este cuidado, el de los adultos mayores y discapacitados, son muy estresantes que demandan muchas horas y generan desgaste y no es tan gratificante como el cuidado de los niños".

Karina reconoce que el cuidado del adulto mayor ha permanecido en el mundo privado porque existe un vínculo afectivo entre las partes donde un hijo, generalmente, quiere retribuir a su padre lo que hizo por él. Pero aún así, el cuidado tiene otras dos dimensiones que son la material, sobre las tareas en sí, y otra económica.

-¿Es posible entrometerse en ese vínculo afectivo?
"Nadie está planteando quitar la dimensión afectiva. Cuando se plantean políticas públicas se apunta a que la única opción de cuidado no debe ser el no remunerado donde está la mujer o la hija las 24 horas los 7 días a la semana, sino que también existan servicios o apoyo en el domicilio que permitan aliviar esa tarea. O sea, que el cuidado no condene a esa mujer a ser cuidadora full time".

-¿Podría discutirse una remuneración a ese familiar?
"Las políticas de cuidado se dividen en tres grandes grupos vinculadas a tiempo, a servicios y a dinero o remuneración. En todas se trata de que las personas tengan opciones, es decir, que la cuidadora quiere convertirse en una cuidadora exclusiva, o, sin renunciar a ese acompañamiento, quiere apoyo como servicios a domicilio o centro de día para adultos mayores".

-Antes de entrar esas políticas de apoyo, ¿está zanjado qué es mejor para el adulto mayor, estar con su núcleo familiar o institucionalizado?
"Depende del grado de dependencia de ese adulto mayor. En término general, toda la literatura recomienda que, mientras sea posible, el adulto mayor esté en su núcleo familiar lo que significa que éste se haga cargo todo el tiempo del anciano. En niveles de dependencia mayor, se debe resolver considerando si las condiciones de la vivienda son las adecuadas o las necesidades de alimentación o medicación.
"Hay un tema del que no se habla y es la existencia de violencia doméstica. No siempre los hogares son los grupos armónicos y perfectos que creemos que son y muchas veces en estos casos se esconden situaciones de maltrato hacia los adultos mayores ya sea física o psicológica. Por eso, se debe estudiar caso a caso".

Profundizando, reconoce que hasta ahora este tema se ha resuelto en el entorno familiar según sus capacidades económicas. Es decir, las que pueden lo mercantilizan o sea, compran servicios en el mercado como apoyo externo o senior suites y las que no, lo resuelven en la medida de sus posibilidades. "Por eso, insisto, falta presencia del Estado y de políticas específicas para esta población porque se debe entender el cuidado como un derecho", asegura.

Agrega que así como en el pasado se discutió si la educación, la seguridad social, la salud y el trabajo eran un derecho, hoy se debe resolver sobre si el cuidado del adulto mayor es un derecho. "Si es un derecho, el Estado debe garantizar el ejercicio de ese derecho a todos los ciudadanos. Cuando el Estado está ausente, el mercado, que es muy vivo, ofrece servicios para cubrir esas necesidades", insiste.

-¿Nunca será evidente una crisis en este campo considerando que si no se educa a un niño, habrá efectos en el desarrollo económico de un país?, ¿qué pasa si no se cuida a un adulto mayor?
"Estamos llegando a un momento en que las relaciones entre las personas se están tensionando por este tema, porque las exigencias son muchas. Estamos en un momento en que la generación colchón está en vías de extinción, aquella compuesta por  las abuelas que nunca trabajaron y estaban disponibles, pero hoy las mujeres están fuera de la casa y no quedan mujeres disponibles para el cuidado. Entonces, ¿quién se va a hacer cargo de los adultos mayores? No resiste más el arreglo que teníamos por décadas de tener a la mujer en la casa cuidando y de ahí que emerge la necesidad.
"Es evidente que a un niño hay que cuidarlo, educarlo, pero en el caso de los adultos mayores el tema va a explotar por el lado de quienes tienen que hacerse cargo de ellos, o sea, será una tensión intergeneracional".
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