Fácil, pero aburrido

Marruecos nunca fue un rival de riesgo para Chile. Por eso, era cosa de tiempo que la selección marcara la diferencia. Un Iván Zamorano infalible y un buen manejo del juego en el segundo tiempo propiciaron las sonrisas en el debut en los Juegos Olímpicos.

14 de Septiembre de 2000 | 07:22 | El Mercurio Electrónico
MELBOURNE.- Sería injusto quedarse con los primeros 35 minutos del partido, agradecidos sólo para los insomnes que ya lo habían probado todo con tal de lograr un par de horitas de sueño.

El debut entre marroquíes y chilenos en el fútbol olímpico era harto fome. Algún sádico tal vez habría estado disfrutando con las patadas africanas que terminaron tempranamente con Chbouki expulsado y con los chilenos apenas afirmándose en la jabonosa cancha de Melbourne (había llovido abundantemente antes del partido), intentando asociarse sin éxito en el mediocampo.

Entre cabeceos, la primera llegada de riesgo corrió por cuenta de Chile. En tres cuartos de cancha recibió Zamorano y, como acostumbra, cedió rápidamente para que Pizarro se la llevara por la derecha. Pareció que el pegajoso mediocampista había errado el centro, pero Navia recostado en la izquierda pivoteó para que el silencioso delantero del Inter metiera un cabezazo patentado y venciera al estático El Jarmouni.

Salvo los arrebatos de El Moubarki, con una velocidad de vendedor ambulante huyendo de la policía en Casablanca, los marroquíes eran inofensivos. Hasta ingenuos, como lo demostró Kharbouch que se atoró con los amagues de Pizarro en el área propia y le cometió un penal inmenso. Zamorano cobró con un balazo al centro. 2-0, fácil, fome, en el fin del primer tiempo.

En el complemento, el amparo de la ventaja permitió que Chile se relajara adelantando las líneas. Pizarro asumió el control de la pelota, Alvarez y Ormazábal comenzaron a desbordar, Navia se comunicó con Zamorano. Estos tres últimos hilvanaron la tercera estocada blanca. Ormazábal alargó para Navia, quien desbordó por la derecha y metió el clásico centro hacia atrás. Marruecos no conocía ese ABC futbolero y Zamorano, con la uña mala, empujó el balón para el tercer tanto.

Lo demás estuvo de más. Chile barajó el partido a su antojo y movió las cartas de tal forma que siempre descontroló a los africanos. En la medianía de la etapa, derriban a Zamorano en el área y Navia se encargó de la lápida.

Lo demás siguió estando de más. El Moubarki casi se volvió loco intentando escribir su nombre en el marcador, pero fue Ouchla, aprovechando las licencias de una defensa chilena que ya estaba en los camarines, quien descontó para Marruecos.

Un debut inesperadamente fácil, inesperadamente flojo. Un mal milagro dejaría a Chile fuera de la segunda fase, por mucho que España y Corea del Sur tengan la obligación de mostrar algo más que los tacaños e ingenuos africanos que hoy sirvieron de sparring para la Roja olímpica.

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