Australia se detuvo con Cathy Freeman

La australiana Cathy Freeman dio este lunes a Australia una de sus mayores alegrías en los Juegos Olímpicos al vencer en la final de los 400 metros, en una carrera en que la mexicana Ana Guevara, que optaba a medalla, sólo pudo ser quinta.

25 de Septiembre de 2000 | 05:42 |
SYDNEY.- La australiana Cathy Freeman dio este lunes a Australia una de sus mayores alegrías en los Juegos Olímpicos al vencer en la final de los 400 metros, en una carrera en que la mexicana Ana Guevara, que optaba a medalla, sólo pudo ser quinta.

Freeman entró en la meta con un tiempo de 49.11, seguida de la jamaicana Lorraine Graham (49.58) y la británica Katharine Merry (49.72).

Australia se había paralizado este lunes para ver al símbolo de la reconciliación entre las comunidades blanca y aborigen. A las 110.000 personas presentes en el estadio, se añadían los diez millones que siguieron la prueba desde sus hogares, más de la mitad de la población del país.

Y Cathy Freeman, embutida en un traje aerodinámico, cumplió las expectativas. Sin realizar un gran registro, la australiana, campeona del mundo de la distancia en Atenas y Sevilla, se hizo con la medalla de oro.

Y no defraudó a todo un país, ni tampoco a la comunidad aborigen, de la que forma parte, y que se reduce a menos a un 2% de la población del país. Una vez que cruzó la meta, se dirigió a las gradas y agarró una bandera australiana y otra aborigen con los colores rojo, negro y amarillo.

Quienes pensaban que después de haber sido elegida para encender la llama olímpica no se atrevería a ondear la bandera aborigen se equivocaron. Igual que hiciera en el Mundial de Atenas en 1997 o en los Juegos de la Commonwealth en Canadá en 1994, Freeman publicitó a su manera los derechos de los indígenas australianos.

Con las dos banderas en la mano, al son de la canción "Absolutely Everybody", la canción de moda en Australia, apropiada para los derechos que defiende Freeman, dio la vuelta al estadio, hasta llegar donde se encontraba su madre, Cecelia, con la que se fundió en un abrazo.
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