El abucheo del siglo en el Nou Camp

El regreso del volante portugués Luis Figo al estadio del Barcelona, pero con la camiseta del Real Madrid, dio rienda suelta a todo tipo de expresiones de odio por parte de los fanáticos catalanes.

21 de Octubre de 2000 | 19:05 | EFE
BARCELONA.- La expresión 'del siglo', con la que se acompañan en los últimos años los Barcelona-Real Madrid, se la mereció sin caer en exageración el abucheo con le que el Camp Nou recibió a Luis Figo en su regreso al estadio del Barcelona en calidad de jugador del Real Madrid.

Nadie recordaba algo similar, incomparable con los que vivieron otros 'tránsfugas' como el alemán Bernd Schuster o el danés Michael Laudrup.

Un gran número de iniciativas, algunas planeadas y otras mucho más espontáneas, coincidieron en tiempo y espacio cuando el portugués pisó el césped donde hasta hace pocos meses se le trataba como a un ídolo.

La atención que los medios de comunicación le han prestado estos días al regreso al Camp Nou de Luis Figo permitía prever el alcance de lo que ocurriría, aunque probablemente acrecentaba una situación que, en todo caso, se ha mantenido dentro de los cauces de lo que se contempla como habitual en un estadio de fútbol y que se entiende dentro de una cierta normalidad.

A Figo le silbaron los oídos en cuanto olió el césped, momento en el que enfilaba el pasillo que da al terreno de juego y desde el que pudo ser visto por los espectadores que se ubican en la zona opuesta del campo.

Sólo iba a calentar, junto al resto de sus compañeros, pero los decibelios alcanzaron límites desconocidos que acompañaron cualquier intervención del portugués.

Fue el momento para dirigir miradas fugaces a la grada, aunque escasas y de reojo, porque el panorama visual no era mucho mejor que el auditivo.

Las pancartas se acumulaban. 'Dólares igual a Figo', 'Traidor', 'Judas', 'Los que te quisimos siempre te odiaremos', 'Figo, tenemos 10.000 millones de razones para odiarte'. Estas eran las más suaves.

Le mentaron a la mujer, a la madre y fue recibido con un primer lanzamiento de objetos para silbarle cada vez que tocaba la pelota. Y sólo era el calentamiento.

Pero el eje sobre el que giraba el conciliábulo 'culé' eran los millones que se habían llevado a Madrid, al Real Madrid, al otrora ídolo barcelonista.

Se recordó el 'blancos, llorones, saludad a los campeones' con el que Luis Figo festejó en su momento los éxitos del Barcelona y el Camp Nou entonó un cántico repetido en situaciones como ésta, aunque cambiando el nombre del protagonista: 'Figo te queremos, Figo muérete'.

También quedaba espacio en las pancartas para recordar el patriotismo portugués con el que Luis Figo respondió a una pregunta sobre su madridismo y se exaltó como contrapunto el supuesto barcelonismo de un ex blanco como Luis Enrique.

Peor lo peor para el luso empezó tras un paréntesis en el que los jugadores de uno y otro equipo abandonaron el campo para regresar poco después uniformados y dispuestos a iniciar el encuentro.

Los elementos seguían concentrándose sobre la figura del portugués. El primero tenía nombre y apellidos, Manel Vic, el responsable de la megafonía del Camp Nou, quien hizo una pausa de unos segundos tras pronunciar el nombre de Figo cuando repasaba la alineación madridista.

Volumen máximo de decibelios y nueva iniciativa contra el luso: Unos jóvenes repartieron en los accesos al estadio reproducciones de un billete de diez mil pesetas, en los que aparecía la cara del ahora jugador del Real Madrid acuñados con la palabra 'pesetero'.

'Los billetes de Figo' cubrieron el Camp Nou, mientras el portugués, en medio de una 'pañolada', intentaba mostrarse impasible a imagen y semejanza de su ex presidente, Joan Gaspart, quien guarda en secreto qué es lo que realmente le pedía el cuerpo, según sus propias palabras.

El silbato del árbitro no mejoró las perspectivas del portugués, que comprobó como Lorenzo Serra Ferrer, el que hubiese sido su técnico en el Barcelona, le tenía asignado lo que en el argot se conoce como un 'perro de presa'.

Carles Puyol, un joven al que se le cargó con la responsabilidad de cumplir con el principal deseo de la grada, no quiso echarse encima una losa cuando su carrera apenas está empezando y persiguió Luis Figo por todo el campo desentendiéndose prácticamente de lo que sucedía a su alrededor.

En esas condiciones, el luso tardó en entrar en juego y su primera intervención fue en labores defensivas, intentando frenar a Sergi. De nuevo restallaron los silbidos a un nivel difícil de soportar incluso para los que no se llaman Luis Figo.

Figo, sin embargo, tuvo el atrevimiento más tarde de intentar ejecutar un córner, pero la razón, alentada quizá por una lluvia de objetos, le invitó a dejarle ese trabajo a Munitis.

Quizá el límite de volumen se alcanzó en el minuto 59, cuando el portugués cometió una falta de riesgo sobre Rivaldo, o en el 66, cuando vio una tarjeta amarilla.

Ahí se rebasó el límite de la capacidad de aguante para la que Luis Figo se había entrenado. El portugués desapareció del campo a la espera sólo de salir lo antes posible de su particular cámara de torturas.

Figo dejó el campo cabizbajo, consolado sólo y en el último momento por Abelardo, pese a que quizá eran otros quienes debían no solo restañarle el ánimo sino darle las gracias.

Rivaldo, cuyo nombre se coreó como referente contra el ídolo caído, y el árbitro, al que nadie prestó atención porque sobre el campo la afición sólo veía un enemigo, debieron ser más agradecidos.
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