Ya no creo nada

Ya no me dan ganas de juntarme al asado con los amigos, ya no salgo con mi bandera bajo el brazo, ya no ansío ir al estadio y gritar como loca, si hasta Carcuro y Fouilloux hoy me daban lo mismo e incluso creo que estaban menos insoportables que siempre.

16 de Noviembre de 2000 | 01:53 | Celia Pascal, Emol.com
SANTIAGO.- Creo que lo presentía. No sé porqué extraña razón hoy desperté y entre mis pensamientos matutinos no estaba el partido Chile-Argentina, "de vida o muerte", como lo calificaba la fauna deportiva de este país. Sólo lo recordé cuando luego de prender la tele mientras desayunaba, en uno de los matinales sonaba el que se ha convertido en el himno del fútbol nacional..."chileeeeeeeenoooooooo, chileeeeeeeeeenooooooo, chilenoooooooo de corazón...", y entonces me di cuenta de que esa selección que antes me hacía vestir de rojo para cada partido ya no me emociona como antes. ¿Por qué?

Quizás las desilusiones han sido muchas, y la última vez que vi un partido contra Argentina... mejor no recordarlo, pero a medida que hoy transcurrieron las horas previas, en las que a cada instante la TV mostraba la gente entrando al Nacional con banderas, camisetas, y el color rojo ambiente, mis ansias fueron en aumento y mis uñas comenzaron a sufrir mis nervios, tratando de engañarme y no ver la realidad, perderíamos.

Lo de hoy, indefinible. Empecé sintiendo que Chile tendría garra, Zamorano con su cabellera (que no sé porqué extraña razón ahora me agrada) me inspiraba confianza, pero a los minutos comencé a sentir que a la roja le faltaba fuerza, que de nuevo jugaban para atrás en vez de avanzar decididamente al arco argentino, y que por lo tanto me empezaba a aburrir, lo que se transformó casi en resignación luego del primer gol trasandino.

Alguien a mi alrededor comentó "Salas está flaco", y decidí fijarme en la contextura de los jugadores. Noté que nuestros goleadores, Iván y el Matador efectivamente están flacos. "Quizás por eso pierden la fuerza y las oportunidades", pensé, y "por eso los argentinos nos parecen más atractivos a las chilenas, porque tienen más cuerpo" me dije. El resto del encuentro, me entretuve tratando de asociar qué número era el "burrito", la "viejita", y cuántas veces el árbitro nos robaba jugadas.

Aunque debo reconocer que este partido fue más intenso que el último de la selección (contra Ecuador), igual desde mi punto de vista Nelson Tapia, cada día más buenmozo, fue rescatable en Chile (pese a los dos goles), sin quitarle mérito a Pizarro, que aunque sin ser un modelo, es un gran jugador.

En fin, ya no me dan ganas de juntarme al asadito con los amigos, ya no salgo con mi bandera bajo el brazo, ya no ansío ir al estadio y gritar como loca, si hasta Carcuro y Fouilloux hoy me daban lo mismo e incluso creo que estaban menos insoportables que siempre.

En suma, ya no creo nada. Ya no creo que Chile llegue al Mundial, ya no creo en las posibilidades matemáticas, ya ni siquiera creo que sea culpa de Acosta. Hoy me voy a dormir pensando en que menos mal fueron sólo dos goles. Creo que en el fondo todos lo sabíamos, era casi imposible, y creo que voy a buscar otro deporte en que sí ganemos (¿hay alguno?), para ir con mis amigas a Plaza Italia a extender mi banderita chilena.
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