Ferrero hace realidad el gran sueño español

Treinta y tres años después de perder su segunda oportunidad de ganar la Copa Davis, el tenis consiguió saldar su máxima deuda con España, que ganó por primera vez la competición más importante por equipos en un intenso duelo en el que Juan Carlos Ferrero firmó el punto de la victoria.

10 de Diciembre de 2000 | 13:07 | EFE
BARCELONA.- Treinta y tres años después de perder su segunda oportunidad de ganar la Copa Davis, el tenis consiguió saldar su máxima deuda con España, que ganó por primera vez la competición más importante por equipos en un intenso duelo en el que Juan Carlos Ferrero firmó el punto de la victoria.

El resultado de 6-2, 7-6 (7-5), 6-4 y 6-4 certificó un triunfo histórico del número uno español sobre su homólogo australiano, Lleyton Hewitt que sirvió para anular cualquier intento de reacción de Australia en busca de un quinto y decisivo duelo.

Ferrero, en una ocasión tan dramática como emocionante, se convirtió en el héroe de una final que se abrió a las esperanzas españolas tras ganar Corretja y Balcells de forma tan sorpresiva como contundente el encuentro de dobles del sábado contra Woodforde-Stolle.

Si el Palacio de Sant Jordi fue entonces una fiesta, hoy domingo llegó la apoteosis, mayor aún que la que se vivió en días precedentes cuando poco a poco el equipo español se acercaba a la victoria. En esta última jornada, el público midió hasta el límite sus gritos de apoyo y los capitanes se mantuvieron en su sitio sin extralimitarse. No obstante, a Javier Duarte le bastaba una mirada a las gradas para que éstas se encendieran.

Con los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, en el palco, acompañados por la Infanta Pilar, Jordi Pujol, presidente de la Generalitat, y Juan Antonio Samaranch, presidente del COI, entre otras personalidades, Ferrero fue el encargado de dar la puntilla a Australia, un país volcado con el deporte, con 27 títulos de la Copa Davis en su historia que soñaba con repetir el triunfo logrado a domicilio en Niza contra Francia el año pasado.

La consistencia y la buena cabeza de Ferrero impidieron que el conjunto ''aussie'' del que John Newcombe se despide tras esta final como capitán, acabase aquí su largo viaje desde las antípodas. El de Onteniente jugó fiel a sus principios, y aunque prometió que saldría con el cuchillo entre los dientes le bastó su raqueta para doblegar a Hewitt.

El número uno australiano, verdugo de Albert Costa en la primera jornada en un duelo a cinco sets, no pudo esta vez con las veloces piernas de Ferrero, su capacidad de sufrimiento y una mentalidad ganadora poco normal a sus 20 años, sobre todo cuando se tiene la oportunidad de entrar en la historia.

Desprovistos, ambos, de un saque portentoso, el duelo fue una continua refriega de feroces golpes desde el fondo. La habilidad de Hewitt para mantener la bola, su capacidad de recuperación en los momentos delicados enviando siempre a las líneas y su personalidad frente a la presión del público ofreció un espectáculo poco normal en un partido de tenis.

Al de Adelaida, que se crece como nadie en los momentos peligrosos, le van este tipo de situaciones, fiel reflejo del carácter indómito de los australianos, pero hoy tuvo enfrente a un ''chavalín'' como él dispuesto a la guerra y llamado a objetivos gloriosos, que se olvidó de la derrota encajada en Scottsdale este año para salir a por todas.

El público español adora a Alex Corretja pero a partir de hoy venerará a Ferrero y recordará su despliegue en el primer set cuando aturdió a Hewitt con un tenis demoledor, consiguió tres rupturas y se apuntó la primera manga en 35 minutos.

Las caras de Jocelyn, la hermana de Lleyton, y de Kim Clijsters, la jugadora belga novia del tenista, palidecieron de terror ante la seguridad del español, una reacción de la que se contagiaron también los padres del número uno, Glynn y Shreily, demasiado tensos durante el encuentro.

La emoción subió todavía más cuando Ferrero se agarró al desempate de la segunda manga después de desperdiciar una ventaja de 4-2 en este parcial y salvar dos puntos de set en el duodécimo. En el "tie break" Hewitt estuvo arriba 3-1 pero luego cometió tres fallos seguidos de derecha que permitieron soñar al de Onteniente y confirmar a la primera oportunidad.

Hewitt no dio nada por perdido. A pesar de que nunca en seis partidos al mejor de cinco sets ha sido capaz de levantar un 2-0, se agarró a la última esperanza. Y esta se le presentó cuando tras levantar una oportunidad de ruptura en el cuarto juego robó el servicio de Juan Carlos en el séptimo. El español salvó un punto de set pero no pudo con el saque de su rival en el siguiente.

El Sant Jordi temblaba con los gritos de los aficionado y el banquillo español no se cansaba de animar. El rey Juan Carlos, que durante el partido apoyó al jugador español en todo momento, se convertía en el primer aficionado con su mirada puesta en el marcador. Pero la precisión en cada golpe era primordial y el cansancio comenzaba a hacer mella en ambos atletas.

Fatiga y nervios provocaron dos rupturas decisivas por cada bando. Una de ellas con Ferrero sirviendo para ganar la Copa Davis con 5-3. Juan Carlos no perdió el ánimo y más fuerte todavía hizo que su derecha restallase pero Hewitt mostró lo duro que es. El australiano, en un final apoteósico, levantó tres puntos de partido, pero no pudo con el cuarto, un prodigioso revés paralelo a dos manos del héroe español.

Después de tres horas y 36 minutos de lucha, Ferrero cayó al suelo anonadado por el triunfo. Fue entonces rodeado de inmediato por todos sus compañeros. Corretja lo llevó a hombros, y todos juntos festejaron el triunfo histórico.
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