Resumen 2000: La fiebre del oro

Las tres medallas de oro de Marion Jones y la incomparable velocidad de Michael Johnson en las pistas de Sydney, demostraron nuevamente que Estados Unidos sigue por otro año en el primer lugar del podio del atletismo mundial.

30 de Diciembre de 2000 | 17:26 | emol.com
No ha habido una mujer en la historia olímpica capaz de colgarse cinco medallas de oro. Nunca. Y esa espina bastaba para que el sueño de Marion Jones fuera intranquilo, pero grande.

La Jones no era, a simple vista, la heroína de su propio cuento. Rivales poderosas se iban a encargar de despertarla. Sin embargo, su ambición era tal que en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 su empeño es el mejor resumen de la lucha propia por conquistar el éxito. A los 24 años, la estadounidense se puso como meta ganar cinco títulos (100m, 200m, longitud y los dos relevos) y ser la reina.

Casi.

La vara era demasiado alta y por ahora (con tres oros y los bronces en el salto y el 4x100) la Jones sigue soñando. Por ahora, además, ella está a un paso de la gloria que podría alcanzar en Atenas 2006. Técnica, fuerza, edad y amor propio le sobran.

Sydney también tuvo que secar las pistas. El pesar del marroquí Hicham El Guerruj aparece en el resumen del año, como el ejemplo de un error de planificación que le costó la final olímpica de 1.500 metros, su primera derrota en los cuatro años de Olimpiadas.

Las sorpresas de la temporada corrieron también en pista. En la final de los 200, el griego Konstantinos Kenteris era el único blanco entre siete negros. Imposible, pero ganó igual. Tan asombroso como, según los entendidos, las victorias del alemán Nils Schumann en 800, del keniano Noah Ngeny en 1.500, del etíope Million Wolde en 5.000, del cubano Anier García en 110 metros vallas, y la polaca Kamila Skolimoska en martillo.

Los remolones piques de Michael Johnson también pasarán a la historia. El estadounidense -dueño del tranco más perfecto de la historia- hizo de la final de los 400 metros un mero trámite para marcar 43.84, un imposible para cualquier otro mortal.

Con la Jones y Johnson bien arriba, Maurice Greene no podía quedarse abajo y debía subirse al éxito con un logro importante. La conquista de los 100 metros -con 9.87- no sólo le devolvió la prueba a los Estados Unidos sino que significó su título más importante en su carrera.

El fulgor del trío no alcanzó a eclipsar el íntimo logro del polaco Robert Korzeniowski, ganador de los 20 y los 50 kilómetros marcha en una hazaña sin precedentes.

El 2000 no será un año fácil de arrancar del diario de vida del cubano Javier Sotomayor.

El Consejo Directivo de la IAAF esgrimió el limpio historial del saltador de Limonar para reducirle a dos años su sanción por dopaje, lo que en la práctica le otorgaba la oportunidad de retirarse de la competición olímpica con dignidad propia del mejor saltador de altura de la historia. La felicidad no fue completa para el isleño, pues los elementos se confabularon para privarle de un adiós de oro. El ruso Sergey Kliugin había saltado 2,35 y a continuación la lluvia y el viento pusieron manto de protección a su marca, inaccesible en tales condiciones incluso para el gran atleta cubano, que sólo ganó plata.

La temporada atlética se cerró con la elección de los mejores del año. La proclamación de Marion Jones estaba cantada por razones obvias, pero el galardón masculino deparó una pequeña sorpresa: los astros estadounidenses fueron rezagados en beneficio del checo Jan Zelezny, cuyo tercer título olímpico consecutivo de jabalina le hizo acreedor al premio de mejor atleta mundial del año.

Una sonrisa para el pequeño país europeo, que en este tragicómico 2000 vio la partida de Emil Zatopek, la locomotora humana que llegó al final de su recorrido.
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