El trabajo del profe

En distintas latitudes, los vilipendiados entrenadores recurren a fórmulas que escapan de la racionalidad para conseguir el triunfo el fin de semana. Los siguientes casos ejemplifican "el trabajo de la semana" con la mirada de los DT.

15 de Febrero de 2001 | 11:58 | EFE
MADRID.- La búsqueda de la victoria y del buen funcionamiento de su equipo llevan a los entrenadores a utilizar todo tipo de "artes", -buenas y malas-, que pasan por extremos como hacer a los jugadores caminar sobre carbones ardientes o despertarlos de madrugada después de una derrota.

Seguir a los futbolistas en plan detectivesco, hacerles entrenar con cinturones de plomo y optar por el clásico uso de amuletos y prendas que traen buena suerte, son algunas de las esencias extraídas de las ideas de los técnicos.

Pero si hubiera que dar un premio a la originalidad se lo llevaría sin duda el italiano Achille Baronio, del club aficionado Visanese, que entrena a sus jugadores haciéndoles caminar sobre carbones ardientes.

El resultado no ha podido ser mejor: su equipo ha ganado los tres partidos que ha disputado desde entonces.

Los italianos no tienen la exclusiva de esto y en España, el gallego Fabri González, que dirigió al Mérida (1992-1994) buscaba el triunfo con otras técnicas. Al amanecer, colocaba unas hierbas de la suerte quemadas en las dos porterías y en el centro del campo.

En Brasil tampoco se quedan cortos: el entrenador del Corinthians, Wanderley Luxemburgo, refuerza sus tácticas con una ciega creencia en el candomblé y los milagros de sus dioses u "orixás".

En un plano más sencillo se sitúa el portugués Joaquim Meirim que colocaba en las comidas previas a los partidos un balón encima de la mesa y hacía a sus jugadores mirarlo fijamente para concentrarse.

Los entrenamientos al estilo militar también son una constante, sobre todo en Rusia, donde Valery Gazzáyev, del Dinamo de Moscú, hace que sus chicos trabajen con pesas de 20 kilos y corran con cinturones de plomo.

En esta modalidad hay que incluir a Raúl de León, ex técnico del Compostela, que presumía de haber sido miembro del cuerpo técnico del River argentino y luego se descubrió que era carnicero. Dos días a la semana hacía a los jugadores subir al monte Pedroso a paso ligero y cantando.

"Mister Látigo" -como se conocía en 1969 al técnico del Sevilla Maximiliam Merkel- partidario de que los jugadores subieran las graderías cargados con sacos de arena, engrosa la nómina de los "duros", que no siempre da resultado como comprobó el seleccionador de Irán, Mohamed Mayelikojan, en 1998.

Sus jugadores no pudieron soportar los madrugones a la salida del sol para rezar y respetar estrictamente las cinco oraciones diarias que el Corán prescribe a los musulmanes. Fue destituido.

En mitad del camino aparecen los amantes de las tramas policiales como el brasileño Luiz Felipe Scolari, que cuando dirigía al Palmeiras pidió a los líderes de "barras bravas" seguir a toda hora al goleador Paulo Nunes para cortarle sus farras nocturnas.

Más pícaro fue incluso su compatriota Antonio Lopes, ex técnico del Vasco da Gama y ahora coordinador técnico de Brasil, que como antiguo comisario de policía aprovechó sus contactos para vigilar permanentemente a sus jugadores, a los que buscaba en bares, discotecas y locales nocturnos.

En Alianza de Lima todavía se acuerdan de las llamadas telefónicas del colombiano Jorge Luis Pinto, de madrugada, para comprobar si sus jugadores estaban en casa. Alianza ganó la liga, pero la plantilla se puso en su contra.

Los típicos amuletos han sido siempre los aliados de Carlos Aimar, ex entrenador del Logroñés y el Celta de Vigo, que además del golpe de pecho a los jugadores en el túnel de vestuarios -clásico también de Héctor Cúper- no se quita la bufanda roja nunca.

Igual de maniático es el brasileño Lopes, que desde que su esposa le regaló una camisa verde en 1997 no se la quitó en ningún partido del Vasco de Gama. Cuando la prenda se desgastó le pidió a un sastre que le hiciera una colección.

Asados de confraternización, como las de Josu Ortuondo en el Extremadura, gritos de desahogo como los que ordenaba Antic en el Atlético de Madrid, se utilizan para relajar a los jugadores, que también sufren el enfado del técnico cuando pierden.

Le ocurrió a los jugadores de la Real Sociedad tras una derrota en Oviedo cuando John Toshack se marcó una "gracia galesa": los despertó de madrugada para hacer el trayecto de vuelta a San Sebastián y al llegar preparó un entrenamiento sorpresa.

Pero afortunadamente todo esto nada tiene que ver con lo que sufrió la selección de Costa de Marfil, cuyos jugadores, tras ser eliminados de la pasada Copa de Africa, fueron recluidos cuatro días en un campamento militar por "deshonrar al país".
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