Columna: De arco a arco

19 de Febrero de 2001 | 11:58 | emol.com
En un recreo estábamos con la Mari y la Sole sentadas a la orilla de una cancha que tenía mi colegio, sintiéndonos lindas a esa edad de los frenillos y las espinillas, donde es imposible ser bonita. Siempre me tildaban de mal genio, o tal vez, de seria, y la verdad, no lo soy, sí un poco reservada, pero nada más.
Mis amigas, las que sobre todo en el colegio me costó encontrar, me tenían respeto y susto al principio, hasta que se dieron cuenta de que soy amiga ante todo, y ya se relajaron. Aún las conservo, y esta historia, igual que nuestra amistad, fue en el colegio.

Les estaba contando que con la Mari y la Sole estábamos sentadas a la orilla de la cancha, en donde unos niños de primero medio jugaban fútbol. Mis amigas los miraban, yo seguía la pelota y me fijaba en quién jugaba mejor.

Había uno, rubio y flaco, que para mi gusto "andaba bien" y que jugaba increíble. Se movía de un lado a otro buscando pases y haciendo lucir como pernos a sus descolocados compañeros. Era un agrado verlo jugar, cómo se movía y cómo quería hacer ese gol que siempre iluminaba los recreos y la latera clase que te tocaba antes de salir.

Amanda KiranDe repente me di cuenta de que la Mari miraba todo el rato al arquero y que la Sole ya estaba lejos de todo esto y leía su típica revista del jet set, aburrida de que ninguno de los futbolistas la mirase de vuelta.

No aguanté y le dije:

-Mari, la pelota está en el otro arco.

-¿Pelota?, ¿Qué pelota?- me respondió la muy gil.

Ahí empecé a entender que era diferente a mis amigas. Un poco, nada que no pudiese manejar.

En un momento, la pelota se arrancó de la cancha y se acercó con grandes botes hacia donde estábamos nosotras. La Mari se asustó, la Sole ni cachó y siguió leyendo aunque sus lentes corrían inmenso peligro, pero yo me paré y le hice frente a la pelota amenazante que venía hacia nosotras. Un bote, otro bote, llegó a mí, la bajé de pechito, y con el pequeño bote que le quedaba la tomé de volea con la pierna izquierda y se la devolví al arquero a la altura de los hombros.

Me salvó la campana, sonó justo para arrancar, no sé si luego del silencio que se apoderó en esa pichanga venían risotadas burlonas o una ovación, pero me puse colorada como un tomate, por suerte no me paralicé y me fui a mi clase de inglés, junto con la Mari y la Sole, que no se habían dado cuenta de nada.

Entré a la sala y me fui a mi asiento. Estaba a punto de meter mi cabeza en el libro de inglés cuando vi entrar a un niño, rubio y flaco, que le pidió al profesor quedarse como oyente para ver si en segundo medio tomaría el electivo de inglés.

El profe lo dejó y el flaco rubio de la pichanga se sentó a dos puestos del mío, pero igual se presentó, se llamaba Mario, era el capitán de fútbol de los primeros medios.

Me miro, sonrió, y empezó todo en esa clase.

Linda jugada hice.

Amanda Kiran
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