Santa Laura vacío tras las bengalas que cayeron en el duelo ante Iquique.
El MercurioSANTIAGO.- Universidad de Chile goleó anoche a Cobreloa por cuatro goles a uno. Lamentablemente para los hinchas azules, ellos no pudieron ser testigos directos del triunfo universitario por el castigo de una fecha sin público que recibió la U, luego de la caída de bengalas en el lance ante Deportes Iquique, en el estadio Santa Laura.
Sin embargo, la tranquilidad y silencio en las tribunas que significa un duelo sin espectadores permitió observar detalles inéditos de un encuentro como casi "en familia", donde sólo hubo acceso a dirigentes y medios de comunicación.
El técnico y líder dentro del campo
Más allá de que sea el arquero titular del equipo y que por razones obvias deba estar dialogando constantemente con su defensa, Johnny Herrera se desenvuelve como el guía y entrenador dentro de la cancha: grita, reta, felicita, distribuye marcas y ordena jugadas.
"¡Igor: anda! ¡Cámbiense y anda!" se le escuchó gritar al portero en un tiro libre a favor de los azules. El aludido es Igor Lichnovsky, joven defensa del "Chuncho". ¿El detalle de la jugada? Pedro Morales se disponía a servir una pelota parada y el zaguero central no subió a buscar el cabezazo. Herrera detuvo la ejecución, ordenó que bajara Cristián Bravo y obligó al central a subir hasta el área rival.
En otra oportunidad, el cuidavallas envalentonó a sus compañeros que iniciaban una carga en contra del arco de Cobreloa y les gritó "¡Convencidos carajo!". Estaban 1-1 y Herrera conminaba al joven equipo azul a buscar el gol que llevara a su escuadra a la victoria.
Corría el segundo tiempo y el cuadro universitario había logrado ponerse en ventaja parcial. Los nortinos reiniciaban las acciones y en cada uno de los rincones del estadio Santa Laura se escuchó la frase de Herrera apenas la pelota se puso en movimiento nuevamente: "¡No bajen!", vociferó el guardameta a los cuatro vientos, como queriendo meterse en la cabeza de sus compañeros.
Sampaoli al descubierto
El cuadro azul tiene un técnico diferente. El argentino Jorge Sampaoli vive el partido desde el pitazo inicial hasta cumplidos los 90 minutos como si su vida se le fuera en ello. Grita como ninguno, aunque también reta cuando la situación lo amerita. ¿Alguien mal parado? El trasandino lo ordena, se da media vuelta y vuelve a observar para ver si todo está en orden.
"¡No los dejen uno contra uno!", "¡Corrélo Pedro!", "¡No te pasa!", son algunos de las instrucciones que minuto a minuto, segundo a segundo salen de la boca del casildense. Sampaoli no para. Lo vive a mil por hora.
¿Alguien perdió una pelota? "¡La puta madre!" exclama el DT en una acción que dura tres segundos. Luego, la jugada ya pasó y hay que volver a dar órdenes. No hay tiempo para seguir lamentándose y siempre se puede seguir corrigiendo.
A Ángelo Henríquez, figura de la noche con dos goles y de una destacada participación, se le ocurrió no perseguir a un defensor loíno que intentaba salir jugando. ¿Qué le dijo Sampaoli? "¡Ángelo, vamos, juntáte a él!". Y es que el entrenador no está para felicitar a nadie hasta que se termine el cotejo, aunque haya anotado dos veces. Menos está para permitir que deje de cumplir con las labores de marca. Al final, Cobreloa no volvió a convertir.
Así concluyó el duelo, con un Johnny Herrera empuñando sus manos en señal de victoria y felicitando a cada uno de sus triunfantes compañeros y con Jorge Sampaoli fundiéndose en un abrazo con Sebastián Beccacece, luego del deber cumplido: su equipo volvió a ganar.