Gonzalo Contreras encanta con su vena cuentista

El sólido autor de "Nadador" vuelve a su raíz cuentista con "Los indicados", libro que reúne 10 relatos cargados de una atmósfera desamparada y urbana, con personajes que toman decisiones que llevan a finales trágicos. Contreras habla de este trabajo, de los recursos literarios que usa y de la actual narrativa chilena, criticando a Isabel Allende y alabando a Carlos Franz y Jaime Collyer.

05 de Diciembre de 2000 | 12:57 | Emol.com, Marcelo Cabello
SANTIAGO.- Aunque se declara un "hombre urbano" busca escapar de ruidosas y transitadas calles en un diminuto pasaje de la calle Holanda. Aunque sus recientes trabajos pertenecen al género de la novela (El gran mal, Nadador), está más que satisfecho con su libro de cuentos "Los indicados", título conciso que refleja el estilo narrativo de Gonzalo Contreras.

"El lenguaje lo entiendo de un modo: no es un aspecto ornamental, la belleza de la literatura tiene que ver con la precisión, con conseguir el máximo con el mínimo, o sea captar ese aspecto como inefable. Para eso, el lenguaje debe ser preciso y el ideal de belleza para mí es ése. Hay una frase de Da Vinci que es muy clara, en que dice el arte gana con la contención y sólo la libertad lo detiene. Cada artista debe ponerse sus propios límites, o sea yo no puedo pintar un cuadro que la mitad sea surrealista y la otra sea abstracta".

A pesar de llevar algunos días en las librerías su nuevo trabajo, ya piensa Contreras en su próxima aventura con el computador: "Pienso en escribir una novela rápida, no tengo ninguna idea sobre qué escribir. El gran mal me tomó cuatro años, quedé desgastado y no tuvo mucho eco. Los indicados me significó un año y medio".

Uno de los personajes en "Los indicados" es un niño "hinchapelotas", como lo defines y como te veías cuando chico, ¿fue tan así tu infancia?

"No, nunca a ese grado. Recuerdo que me echaban de los colegios, aunque tenía buenas notas; en ese sentido no era un mal alumno curricular, sí tenía muy mala conducta, muchos problemas, o sea como un pendejo conflictivo... no sé, habría que pasar por el psicoanálisis para saber los porqué".

Trabajaste mucho mirando hacia fuera para describir seres que se quiebran, en crisis existenciales, en desamparo, con decisiones al límite...

"Lo que pasa es que no se puede escribir mirando desde afuera, uno escribe desde el dentro, y como dije por ahí no es que todas las experiencias contadas me hayan pasado. Hubo también observación, y uno escribe desde la propia interioridad, desde uno, y es una condición de la creación".

No obstante has dicho que es tu libro más catártico, ¿estabas en un momento clave de tu vida?

"No es que me pille en un momento particular biográfico o los cuentos digan relación con alguna particularidad de mi existencia. No. Te diría que son temas que están en el aire, están emboscados en las conciencias de las personas, lo que hace la estructura es develar ese enfrentamiento; y por otro lado hay un motivo artístico de que no es una recopilación de cuentos escritos en el tiempo, sino que me dediqué a escribir un libro de cuentos, uno tras otro... se da cierta unidad temática y anímica".

Ves una bofetada con este trabajo hacia la idiosincrasia nacional, aquella de las verdades a medias, de las apariencias.

"No, no, no, no hay una afán sociológico. Puede ser que como resultado o añadidura lo haya o pueda percibirse una crítica social a una determinada capa social que, de alguna forma, en los últimos 20 años, ha transformado sus comportamientos, sistemas de convivencia, formas de estar en el mundo (...) Un conformismo más allá de sus proyectos, uno quisiera más de esas personas".

En el plano literario, ¿qué te atraía de las rupturas sicológicas de tus protagonistas?

"Lo que pasa es que la toma de decisión es inherente al conflicto. No me interesa tomar a un personaje en un estado de inercia, me interesa encontrarlo en su punto de inflexión, donde se produce el quiebre de su cotidianeidad, de su visión del mundo, de sus recursos con los cuales lucha en este mundo, y es ahí donde sale alguna luz sobre estos personajes".

No obstante, los desenlaces son bastante pesimistas ¿es el final que se espera en la realidad social?

"No, lo que pasa es que no recuerdo una literatura optimista. Si nos remitimos a Shakespeare, Homero, hay una frase conocida que dice la felicidad se escribe con tinta blanca, o sea no hay nada que decir al respecto. Y lo importante es el hombre enfrentado a sus circunstancias, y eso es lo que yo hago, que no son particularmente límites, están como dentro de una cotidianeidad, no escapan del mundo cotidiano. Son personajes que han sido como tirados en falta ¿y por qué? Por lo que te decía antes, creo que el compromiso de los personajes con su propia existencia, en un momento dado, se ve enfrentado a situaciones de perturbación".

¿Crees que la urbe, con sus ritmos, oculta estos conflictos?

"Creo que el general de las personas vive con un ruido ambiental tan grande que encontrarse consigo mismo, con una mirada crítica respecto de sí mismo, se convierte casi en una ventaja. Me suena como la idea es desviar el conflicto o disolverlo o no oírlo...".

... Aunque signifique separación de familias, muertes...

"Aun cuando signifique altos costos. Creo que el ruido ambiental favorece a una especie de mediación de los hechos".

Sin embargo, la ciudad no es nombrada en tus relatos...

"Pero básicamente es urbano. Lo que pasa es que, salvo un cuento que pasa en el campo en que, además, la mina odia el campo, yo soy un personaje urbano, no tendría mucha propiedad para escribir en otro paisaje. Trato de escapar, donde vivo, del paisaje urbano, en este pasaje, que se parece a alguna calle de Italia, pero de todos modos es mi paisaje, no puedo escribir de lo que no veo".

De los diez cuentos, ¿te sorprendió alguno más que otro?

"Todos, lo que pasa es que los cuentos que termino y no me sorprenden, no los publico. La historia debe alcanzar un nivel que supere la cota normal; el cuento debe ir más lejos, sin ese factor sorpresa, de cómo llegué a esto o por qué llegué a esto, yo no me siento a escribir".

Sí me pareció que lo clave en tus cuentos era el desarrollo y no el final sorpresa, como máxima de ese género...

"Hay una tradición latinoamericana según la cual el cuento es un juego de ingenio, y hay que desviar al lector para que se encuentre con un final sorprendente. Si algo novedoso hay es justamente que se gana en la primera línea y no al final; la sugerencia y la posibilidad de conjeturas comienzan en la primera línea. La idea de Cortázar de que se gana por nocaut está bien, no voy a refutarla, pero creo que los cuentos son un desarrollo, de hecho permiten el desarrollo sicológico de los personajes, cosa que el formato no lo acepta".

Eso se refleja muy bien en "Destellos de un diamante", donde ganas por puntos con la sicología de los protagonistas.

"De alguna forma es como tomar el cuento desde otro ángulo, en que el final no es un final espectacular. Tanto en novela como en cuento no puedo sacarme de la cabeza la sicología de los personajes, que es lo que más me interesa hacer".

Hay también humor negro, más allá de la culpabilidad.

"Eso es un cuento súper importante, de que dejo a mis personajes en entera libertad, o sea ellos se hacen cargo de sus propios actos. Sólo los conduzco, los observo de alguna manera, no hay nada más estimulante para un lector que un personaje que piensa equivocadamente. Lograr que el lector no comparta lo que el personaje piensa (...) y que él mismo tenga en su conciencia un repertorio de coartadas, que las pueda manejar con cierta habilidad, lo que no implica que entre el personaje y el lector haya un disenso, algo jamensiano (Henry James), pero él logra mucho eso, que el personaje va por cuenta propia".

Si fueras juez declaras culpable o inocente al niño que hace ese llamado telefónico y provoca la muerte de un amante y el presidio de su padre.

"No lo sé, de verdad. No sabría decírtelo, y justamente si hay una virtud en este libro es que no se puede hacer un juicio taxativo respecto del bien y el mal. Está esa zona flotante de los personajes, que creen que están actuando bien y, por otro lado, cada uno tiene una mirada respecto de sus propios actos y puede justificarlos".

Así como se justifican dolores y desamparos por la causa del amor...

"Claro. Y ese personaje es culpable o inocente... me gusta mucho trabajar cerrando esa franja entre los personajes, que no son ni totalmente malo ni totalmente buenos. Hay una lectura global, un dejo de presión que no necesariamente los convierte en malos sujetos".

Sobre público lector, ¿qué te interesa más: cinco mil ejemplares vendidos en España o 15 mil en Chile?

"He tratado de zafarme del rollo de la internacionalización, como objetivo a muerte. Creo que las cosas pasan por sí solas. Un trabajo bien hecho a lo largo del tiempo encuentra su recompensa. No voy a tener una movida en particular para ser reconocido fuera; creo que mis cuentos no tienen nada que envidiarle a los de Javier Marías. Podrían competir muy bien (...) No voy a ser gestor de mí mismo, hay escritores que lo hacen, gastan el 70 por ciento de su energía en su promoción y el 30 en creación".

Mirando el plano local, ¿cómo ves el panorama literario actual?

"Creo que en Chile hay una media docena de buenos escritores -pienso en Bolaño, Collyer, Franz, escritores que me producen una sensación literaria-, pero por otro lado siento que se está leyendo muy mal. Hay una tendencia en algunos escritores, que son los más bien internacionalizados, que tienen un apetito por captar tantos lectores. Antes, en los '70, el lema era léeme si puedes y ahora es por favor, léeme y se te cuesta un poquito te lo hago más fácil, no te preocupes. Hay literatura muy fácil, boba, en que la crítica también ha bajado, ni siquiera estoy hablando de Paulo Coelho, sino de Isabel Allende con libros bastantes gueones".

Vea crítica literaria de Los indicados
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