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Ian Gibson: "Lorca vivió una tragedia en su infancia que desconocemos"

El biógrafo más importante del poeta español, revela en su último libro la historia del hombre que provocó la muerte del autor de "Yerma".

20 de Septiembre de 2007 | 13:17 | DPA
MADRID.- Posiblemente sea la persona que más sabe de Federico García Lorca. No en vano ha dedicado su vida al "mayor poeta español", un calificativo que sale constantemente de la boca del hispanista Ian Gibson (Dublín, 1939). Lorca ha sido el hilo conductor de su obra como historiador, y también de su experiencia vital. La vida del poeta y dramaturgo le ha unido para siempre a España.

Acaba de publicar "El hombre que detuvo a García Lorca. Ramón Ruiz Alonso y la muerte del poeta" (Aguilar), un libro con el que este irlandés nacionalizado español en 1984 parece querer hacer justicia definitivamente con el autor de "Bodas de sangre" y "Romancero gitano".

"Quiero acabar con este asunto porque yo no puedo ir hasta la tumba con la muerte de Lorca (1898-1936); si no lo hago yo, no lo hace nadie, y sería una pena que no se supiera más sobre Ruiz Alonso", explica Gibson en una entrevista con dpa, que se celebra, por petición del autor, en una de sus cafeterías preferidas del madrileño barrio de Lavapiés, una zona en la que las nacionalidades de los vecinos, como él, se entremezclan en calles y bares.

"Hacer justicia, sí, y buscar sobre todo la verdad de la muerte de un poeta que yo considero genial, que es uno de los más grandes; me pareció oportuno, que no oportunista, sacar este librito". El "librito" es una monografía dedicada al hombre que encabezó el piquete que detuvo a Lorca dos días antes de que fuera asesinado.

Desde el Gobierno Civil de Granada, donde fue llevado tras su detención, "la noche del 17 al 18 de agosto (de 1936), probablemente hacia las dos de la madrugada, Lorca fue trasladado en coche al pueblo de Víznar, baluarte falangista (...) Unas horas después fue asesinado en las afueras del pueblo colindante de Alfacar con otras tres víctimas", un maestro y dos banderilleros, narra Gibson en su libro.

"Acabamos de matar a Federico García Lorca. Yo le metí dos tiros en el culo por maricón". La brutal frase, pronunciada por uno de los asesinos del poeta la mañana del 18 de agosto de 1936 ante un concejal republicano granadino, aparece también en la obra.

En ella, Gibson aborda la vida y la personalidad de un hombre de clase media venida a menos, un reaccionario antisocialista que se convierte en parlamentario y que sin embargo arremete contra el parlamentarismo; un propagandista de la derecha radical que acabará siendo el cabecilla del grupo que en el verano de 1936 realiza la operación que llevará a la detención del autor de "Yerma".

Gibson se queja de que las hijas de Ruiz Alonso, tres de ellas actrices españolas muy conocidas -Emma Penella, recientemente fallecida, Elisa Montés y Terele Pávez- no han querido colaborar con él en la investigación que culminó en este libro. Y podrían haber aportado luz.

Ruiz Alonso siempre lo negó, pero Gibson tiene la certeza de que fue él quien denunció al poeta. En su obra, el hispanista aborda las causas que pudieron motivar la denuncia, la detención y el asesinato. Y lo hace con un lenguaje vivo, directo, con un ánimo divulgador que atrapa al lector.

"Escribo para que la gente normal me pueda entender", dice. "Yo quisiera que el lector fuera cómplice, que participara, que se preguntara, que sopesara todo lo que yo pongo en el libro, a ver a qué conclusiones llega" sobre las circunstancias de la muerte de Lorca, invita.

Desde que Gibson llegó a Granada en 1965 para escribir su tesis doctoral, el irlandés no se ha separado del poeta y dramaturgo de Fuente Vaqueros. "La fascinación que me produjo la obra lorquiana me convirtió en investigador y de ahí no he salido nunca".

Y como prueba, sus numerosos libros sobre el autor granadino desde aquel primero, en 1971: "La represión nacionalista de Granada en 1936 y muerte de Federico García Lorca". No obstante, también se ha dedicado a Antonio Machado, a Salvador Dalí y a la guerra civil española, entre otros temas.

Después del libro que acaba de publicar, el historiador -que confiesa recibir en sueños "visitas" de Lorca: "el actúa en mí a un nivel subliminal tremendo porque tengo su obra dentro"- parece querer dejar al poeta definitivamente.

"Será el último libro específicamente dedicado a él, porque tampoco tengo tanto tiempo", dice. Pero no está convencido de conseguirlo. Ahora prepara una biografía sobre el cineasta Luis Buñuel "y claro, hay mucho Lorca".

"No me va a dejar, ni yo abandono a Lorca ni él a mí", dice entre risas. Lo que sí que se plantea es revisar su biografía, "porque ahora yo sé más cosas, muchas cosas que no están en el libro", en el que admite que sus investigaciones a lo largo del tiempo le han llevado a descubrir algunos errores y lagunas. "Es angustioso!".

Este hombre de conversación amena -convierte pronto la entrevista en una charla más de la cafetería de Lavapiés de no ser por el acento irlandés que aún conserva en su buen español- concede que la infancia de Lorca es un período de la vida del poeta del que no se conoce mucho. "Pero algo pasó, una tragedia en su vida, una tragedia que no conocemos" y apunta a que el poeta homosexual perdió en aquellos años el amor "de una chica".

Se basa en "alusiones constantes" de los poemas de su juventud hasta hace poco desconocidos. "Alguien se fue, él perdió a alguien, una chica, quizá una amiga de la escuela, que se fue, que desapareció, que fue el amor para él; eso lo dice una y otra vez en los primeros poemas; eso no se inventa, él es un apasionado, no inventa". "Algo terrible pasó", sentencia.

La relación que Gibson mantiene con Lorca es tal que cuando se le interpela para saber qué le preguntaría, qué le diría al de Fuente Vaqueros si pudiera tenerlo cara a cara, el historiador se emociona visiblemente.

"Con Lorca me gustaría mucho hablar de amigo a amigo, para conocer detalles de su vida", responde. "A mí me gustaría mucho poder hablar con él de su vida íntima, de sus amores, con franqueza, compartir experiencia. Yo no soy homosexual, pero tuve un hermano que murió homosexual", argumenta al explicar la atracción que siente por el tema.

"Si existe el cielo, él estará ahí arriba y... ¨qué pensara de este jodido irlandés que va preguntando y buceando y hurgando en su privacidad?". "A lo mejor yo no le caería bien", dice sin que se le note muy convencido.