EMOLTV

La fiesta de la música

Otra vez el maestro indio Zubin Mehta deslumbró al público chileno con su trazo y su sensibilidad. Esta vez, en todo, caso, condujo a la afamada orquesta israelita y se llevó los aplausos efusivos de quince mil personas.

04 de Septiembre de 2009 | 10:30 |
imagen

Zubin Mehta en su presentación en Arena Movistar para quince mil chilenos que escuchar brillantes pasajes de música por la Orquesta Filarmónica de Israel.

Alejandra Fuenzalida

Una verdadera fiesta se vivió en la Arena de Santiago con motivo del concierto gratuito de la Orquesta Filarmónica de Israel, organizado por la Fundación Beethoven y auspiciada por el empresario Lveonardo Farkas. Y lo fue no sólo por la altísima convocatoria -cerca de quince mil personas-, también lo fue, por el hecho que los principales invitados fueron miles de niños y jóvenes, pertenecientes a muchas de las orquestas que hoy en día comienzan a cambiar la cara de la cultura y la música de nuestro país.

Emocionante fue verles llegar impecablemente vestidos, traídos en buses especiales, muchos de ellos desde fuera de Santiago, a presenciar una muestra de excelencia musical, la misma que ellos aspiran alcanzar. No es menor tener la oportunidad de escuchar en vivo a una de las mejores orquestas del mundo, dirigida por Zubin Mehta uno de los íconos de la dirección. Por supuesto que sus celulares y cámaras les recordarán para siempre este momento.

El programa original se cambió en razón del público que incluía a muchos recién iniciados en el mundo de la música y las orquestas, y sólo se mantuvo la “Sinfonía N° 7” de Beethoven. El resto consultó música vienesa. Al ser un concierto de homenaje al Bicentenario de Chile se escucharon primeramente dos emocionantes versiones de los Himnos de Chile e Israel. En el de nuestro país el maestro Mehta fue capaz de captar perfectamente el espíritu y tempo de la canción nacional, consiguiendo una bellísima versión con su orquesta.

Luego se interpretó la “Sinfonía N° 7 en La mayor Op. 92” de Ludwig van Beethoven, que contó con una amplificación casi perfecta, pues se trata de algo bastante sutil, que da la impresión que no existiera. En este caso los violines primeros no fueron totalmente bien balanceados con el resto de las orquesta, creando una situación incómoda para los espectadores. No obstante la calidad de fraseos, la limpieza de ataques y el manejo estupendo de las inflexiones señaladas por el director, la convirtieron en algo superior. Señalar cual de sus movimientos fue mejor, es un ejercicio inútil pues el enfoque de Mehta es unitario en el arco expresivo que va desde el primer al último movimiento.

A continuación, y con los balances sonoros a la perfección, se escuchó una expresiva y vital versión de la Obertura de la Opereta “El murciélago” de Johann Strauss. Luego vino una verdadera joya: el “Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor” de Franz Joseph Haydn. El solista fue de una perfección técnica asombrosa, con manejo genial de fiato, fraseo, articulaciones y estupenda musicalidad. Su naturalidad tocando la trompeta hacía pensar que tocar este instrumento es sumamente fácil. A lo anterior agreguemos que la fusión total lograda con la orquesta, siempre en el más estricto estilo, aspectos que harán recordar por mucho tiempo su interpretación.

Gracias a Violeta Parra

Continuaron con el “Vals de emperador”, en una versión llena de matices, para seguir con “Caballos de batalla”, la polca “Sin freno” de Eduard Strauss y “Bajo truenos y relámpagos”, una de las polcas más populares de Johann Strauss. El publico a esa altura, estaba totalmente conquistado por la enorme calidad de la orquesta.

El programa finalizaba con la versión orquestal de Guillermo Rifo, de una de las obras maestras de la música chilena. Nos referimos a “Gracias a la vida” de la inmortal Violeta Parra. Si bien en el programa figuraba como “arreglo” de Rifo, pensamos que una obra maestra es muy difícil de “arreglar”. Y así fue, pues reconociendo el valor de las obras de Guillermo Rifo, esta versión se aleja totalmente del espíritu sencillo y directo del original, al agregar guiños a musicales estadounidenses o hacerla grandilocuente en una orquestación que hace desaparecer la esencia poética de la obra. Alabamos la honestidad y profesionalismo de la Filarmónica de Israel, tanto como la de su director Zubin Mehta quienes entregaron lo mejor de ellos mismos para lograr el éxito de la versión, que el público agradeció entusiastamente.

Un concierto que será recordado por todos aquellos que tuvieron la fortuna de asistir, pero en especial por los jóvenes músicos de las orquestas infantiles y juveniles que asistieron.