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A diez años de su muerte Portugal recuerda a Amália, la reina del fado

Casi tan grande como Edith Piaf, la voz más importante de la canción portuguesa es un ícono en la historia lusa. Esta semana aparece un disco doble póstumo y una muestra que expone en Lisboa 500 objetos de su entorno y recuerdo.

09 de Octubre de 2009 | 14:30 | EFE

LISBOA.- Los seguidores del fado conmemoran esta semana el décimo aniversario de la desaparición de su mayor exponente, la carismática Amália Rodrigues, que causó sensación en los palcos de todo el mundo con su visión innovadora del género.

El “corazón independiente” -como reza una de sus canciones más conocidas- de Amália Rodrigues (Lisboa 1920-1999) se apagó hace diez años, pero su prodigiosa voz y su arrebatadora presencia en el escenario permanecen en el imaginario colectivo de quienes alguna vez escucharon a la diva portuguesa.

"Amália era fado, ella se alimentaba de la música y del aplauso del público”, recuerda la directora del Panteón Nacional de Lisboa, Isabel Melo, quien destacó a Efe el incesante goteo de visitantes a la tumba de la artista.

Amalia en el mundo: los fados más tristes

Enterrada en el Panteón desde 2001, es hasta la fecha la única mujer que ha recibido un honor reservado a presidentes de la República y escritores. Melo coordina la exposición “Amália en el mundo: El mundo de Amália”, que muestra la dimensión internacional de la fadista a través de 150 piezas, algunas de ellas inéditas, como su primera maleta.

La exhibición incluye el primer pasaporte de la artista, que data de 1943, cuando salió por primera vez de Portugal para actuar en Madrid invitada por la Embajada lusa. En España, explica Melo, “Amália se enamoró del flamenco” y, a partir de este momento, incorporaría el folclore de los países a los que viajaba en sus espectáculos y cantaría “todo lo que le supiese a fado”, ya fuesen rancheras, coplas o boleros.

Cabello corto, chal negro y cigarrillo encendido

El público de Brasil, Francia, España, México, Estados Unidos, Rusia o Japón cayó rendido a sus pies, causando “un impacto fortísimo inaudito en la época,” explicó el musicólogo luso experto en fado Rui Vieira Nery. "Era una mujer adelantada a su tiempo: no sólo fumaba en público y llevaba el pelo corto, sino que supo conjugar tradición con innovación y otorgó un nuevo ritmo al espectáculo” afirmó Nery.

La diva portuguesa “dignificó el fado al obligarlo a adaptarse a los grandes palcos e incluir las letras de grandes poetas y escritores,” explicó. La propia Amália contribuyó a crear el mito en torno a su figura gracias a “una imagen cuidadosamente estudiada": ella puso de moda el vestido y chal negros que hoy lucen muchas fadistas.

Las nuevas generaciones del fado miran a Amália, según los expertos, versionando sus clásicos y adoptando elementos de su presencia escénica.

Otro caso es el grupo Hoje, cuyo primer álbum Amalia hoje, arrasa en las listas lusas de ventas, que adapta los fados a la música pop y ha devuelto estas melodías tradicionales al panorama cultural que triunfa entre los jóvenes portugueses.

"La memoria de Amália sigue viva y la juventud la está descubriendo gracias a las versiones de artistas como Mariza o Amália Hoje” dice la directora del Panteón Nacional. Precisamente para preservar la memoria del fado, Portugal prepara para comienzos del 2010 la candidatura de este género a Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

Varias exposiciones y reediciones de los clásicos de Amália rinden homenaje estos días en Lisboa, entre ellas la muestra "Amália, corazón independiente”, que recoge más de 500 piezas, como objetos personales y obras de artistas plásticos contemporáneos inspiradas en la cantante, que proporcionan una perspectiva “viva y contemporánea” de la fadista.

Esta semana salió a la venta el doble álbum Corazón independiente, que incluye veinte fados remasterizados que mejoran el sonido de las canciones de Amalia. La “voz de Portugal,” que falleció el 6 de octubre de 1999 y dejó una huella imborrable en la cultura musical lusa, se consagra en el décimo aniversario de su muerte como la estrella indomable que hizo de su vida un fado.

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