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IRM

Es un linaje único: hija del oscuro compositor y cancionista francés Serge Gainsbourg y de la radiante actriz y cantante británica Jane Birkin. Ella misma es actriz y es cantante y éste es un ejemplo de su simpleza y su belleza.

23 de Diciembre de 2009 | 10:04 |
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Si hubiese que juzgarlo sólo por su primer single (el dúo "Heaven can wait", junto a Beck) no hay duda de que Charlotte Gainsbourg ha levantado su disco más radiable hasta ahora. Se trata de una canción pegajosa, cantada en inglés, que avanza con facilidad sobre rasgueos de guitarra y acordes de piano. Es una trampa estupenda para introducirse a un álbum que resulta ser mucho más complejo y texturado que ese probable hit. La hija de Serge Gainsbourg y Jane Birkin es, ante todo, una actriz, y sus aventuras musicales han estado siempre apoyadas en productores de renombre, capaces de darle profundidad a la una técnica de construcción de música que no tiene por qué dominar completamente.

Ella aporta la imagen y la encantadora fragilidad francesa; ellos, las ideas. Su alianza con Beck ha sido un éxito: IRM contiene canciones imaginativas y melodiosas, que bordean el experimento sin nunca abrazarlo por completo. La voz sinuosa y delicada de Charlotte se acomoda a estas bases de suave pop electrónico, sobre las que Beck se ha permitido introducir puntuales desvíos de distorsión, efectos vocales y diversidad de percusiones. El resultado puede ser muy calmo ("Vanities", "La collectionneuse"; ambos con lindos arreglos de cuerdas y susurros vocales) pero también inquietante e inasible ("Trick pony", "Voyage", "IRM"). Como buena actriz, Charlotte es inteligente para adaptar su voz convincentemente tanto en lo frágil como en lo amenazante.

El gusto por la chanson francesa más convencional (la de los años '60) será satisfecho sólo una vez en este disco, y es cuando Charlotte entona muy femenina y correctamente la melodiosa "In the end". Mejor que arranquen rápido quienes busquen un remedo suavecito de los discos clásicos de Francoise Hardy o de Juliette Greco (como viene haciéndolo la cada vez más aburrida Carla Bruni). Como sus genes, Charlotte existe entre Inglaterra y Francia, y toma lo mejor de la tradición musical popular de ambos países para levantar discos con el oído puesto en el hoy, y no en la nostalgia.

—Marisol García