Francisca Valenzuela en el Teatro Caupolicán.
Héctor Flores, El MercurioHabía cierto dejo paternalista en el Festival de Viña del Mar 2013, cada vez que Rafael Araneda nombraba a Francisca Valenzuela como la "Princesa del Pop Chileno". De algún modo, el apelativo la ponía en el saco de los principiantes, de los que están dando que hablar y que prometen, pero que aún les falta mucho como para darlos por germinados. Ya entonces no era muy justo el enfoque, pero si hasta la etapa de Buen Soldado todavía era comprensible la duda, con el reciente disco Tajo Abierto ésta ya puede ir quedando definitivamente atrás, mientras que en el calendario personal de la artista permanecerá este día encerrado en rojo, como aquél en que tuvo lugar la ceremonia que así lo estableció.
Porque eso fue la jornada de hoy miércoles en el Teatro Caupolicán, repleto con cerca de 4.500 personas: Una auténtica graduación, que se impuso con creces al famoso "caupolicanazo" (el ritual en boga en la escena local), e incluso a la propia formalidad del lanzamiento del que es, hasta la fecha y por lejos, su mejor disco. Pero que quede claro: Hoy no se marcó el paso de principiante a profesional (que a estas alturas estaba más que dado), sino de artista de reparto a figura estelar.
El quiebre lo marca la propia Valenzuela, luciendo estampa de diva, dominio escénico y conocimiento de su sensualidad, en una primera parte que sólo tuvo espacio para su nuevo trabajo, sin concesiones. En buena hora, porque precisamente allí se encuentra buena parte del capital actual de Valenzuela: En esa colección de canciones con instinto pop y borde electrónico, amén de sofisticación y mirada internacional.
Así queda en claro desde el minuto uno, cuando en medio de una escenografía sencilla pero efectiva, la cantautora aparece para interpretar el tema que da nombre al disco, una de las piezas más atmosféricas y sentidas del mismo. A partir de entonces, y por más de una hora, serían contadas las ocasiones en que Valenzuela se sentaría al piano, otrora su arma y refugio, para privilegiar ahora el baile y la interacción en piezas como "No esperen mi regreso" y "El perfume de tu piel". En tanto, en otras como "Siempre eres tú" opta por aires etéreos, que encarnan derechamente en trip hop en "Catedral".
Colgándose una guitarra electroacústica, y con su consiguiente posición estática frente al micrófono, se farrea la opción de desatar la fiesta en la canción más discotequera de Tajo Abierto ("Almost Superstars"), pero enmienda la falta con la algarabía que en el turno de "Prenderemos fuego al cielo" desata la presencia de Gepe, primer invitado de una seguidilla que incluiría también a Álvaro López ("Buen soldado") y a Me Llamo Sebastián, con quien logró revitalizar a la iniciática "Afortunada".
"Peces", "Muérdete la lengua" y "Qué sería", celebradas y coreadas un poco más en esta noche de karaoke generalizado, coronaron una velada que también supo de fanatismo y entusiasmo popular, y que da cuenta de un salto cualitativo en la carrera de Valenzuela. Quizá el primero de varios más que están por venir.