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El origen de todo

El grupo mexicano dio este martes en Santiago un concierto marcado por su complicidad de años con nuestro país, a modo de celebración de las dos décadas de su disco "Re" (1994).

27 de Noviembre de 2014 | 11:52 |
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El grupo desató una verdadera fiesta de cumpleaños, en el formato más íntimo que permite el Nescafé de las Artes.

Foto: Javier Valenzuela

"Ya conocen el disco, así que saben qué canción viene ahora", dijo el cantante Rubén Albarrán cuando apenas partía el concierto de su grupo este martes en Santiago. Y en efecto no hacía falta anunciar que la siguiente canción iba a ser "El ciclón", uno de los varios éxitos de Café Tacuba, porque con apenas unos minutos en escena la banda mexicana dejó claro que estaba de vuelta en Chile no sólo para celebrar los veinte años de su popular disco Re (1994), sino además para tocar ese álbum completo, y en el mismo orden original, a modo de celebración de aniversario.

Fue una fiesta de cumpleaños por definición, y no hubo mejor regalo que escuchar ese repertorio de punta a cabo para el público conocedor que colmó el santiaguino Teatro Nescafé de las Artes, en el primero de los dos shows programados por el grupo. Chile es una parada especial si se trata de una gira internacional a propósito de Re, el disco preciso que marcó el impacto del grupo acá gracias a la difusión de éxitos radiales como "El ciclón", "La ingrata", "Las flores" y "El Metro", años antes del reconocimiento global que hoy tiene Café Tacuba.

"Fue aquí en Chile donde nos empezó a ir muy bien antes de salir a otros lugares de Sudamérica", dijo el propio Albarrán en vivo. "Qué tiempos cuando veníamos cinco veces al año a Chile", añoró sonriente en otro momento, y el dato es fiel: Como ejemplo bien vale 1995, año en que Café Tacuba vino en mayo al Teatro Carrera, en agosto a la discoteca Stone de la comuna de La Florida, en octubre al Estadio Chile (actual Estadio Víctor Jara) y luego a una gira por varias ciudades chilenas, mientras de paso recogían aquellos objetos conocidos como discos de oro y discos de platino, por ventas de más de quince mil y veintinco mil copias de ese álbum.

Y la recepción de las canciones corrobora hoy esa llegada. Escuchar Re en vivo es reencontrarse con un disco que, como pocos en su tiempo, funcionaba y sigue funcionando a modo de un muestrario o una feria de sonidos, con casi tantos géneros musicales como canciones. Esta noche Café Tacuba volvió a armar ese desfile de influencias de bolero, bossa nova, rock, ritmos de raíz mexicanos o música disco, en el componente Bee Gees de los coros de "El baile y el salón", junto a ese verso que dice "Es como ir de menor a mayor", y que de hecho coincide con un acorde menor que antecede a uno mayor en el estribillo de "Esa noche", melodía inspirada en la cantante tradicional mexicana Chavela Vargas.

El ejercicio permite también resituarse en los años '90, y no por algo remotamente parecido a la nostalgia, sino por la mirada crítica retratada a menudo en estas canciones. Es un modo de redescubrir que ese ritmo hardcore maquinal de "El borrego" sostiene un discurso contra las modas musicales, muy a tono con la época exacta en que la industria discográfica transformó lo "alternativo" en un negocio. O es una forma de considerar que el festivo trabalenguas de "El fin de la infancia" incluye versos como "Quinientos años frustrados creo que ya fue gran medida", en coincidencia con la consigna de "No hay nada que celebrar", que otro grupo como Los Fabulosos Cadillacs levantaba en la misma época, en medio del cuestionamiento al llamado quinto centenario del descubrimiento de América.

Tampoco son alusiones que funcionan sólo en ese contexto. La letra de "Trópico de Cáncer" es una toma de postura en forma de diálogo casi cinematográfico ante una ficticia compañía predadora de recursos naturales, así como el saludo a los migrantes previo a "La negrita" tiene tanto sentido hoy como hace veinte años. Y en ese sentido un momento en especial significativo fue el recuerdo que el grupo hizo de los cuarenta y tres estudiantes mexicanos desaparecidos en el estado de Guerrero. "Ésta es una situación conocida para ustedes", dijo Albarrán, no sólo a propósito de los desaparecidos durante la dictadura en Chile, sino porque también tuvo palabras para el sociólogo chileno Laurence Maxwell, encarcelado en México desde el 20 de noviembre tras participar en un acto en solidaridad con las víctimas.

Café Tacuba saben donde están parados. Su música pertenece sin duda al tiempo de cada nuevo disco, pero a la vez se libera de ese contexto original para mantener su vigencia. Lo prueba el público de generaciones distintas que llegó a verlos en Santiago y que se estrechó con ellos en la referida complicidad chilena con la banda. No por nada el concierto terminó con "Amor violento" y "Déjate caer", dos de las canciones de Los Tres que el grupo grabó en su EP Vale callampa (2002). Con un lazo así no hay espacio para demagogias: cuando hacia el final de la noche alguien de la primera fila pasó a Rubén Albarrán una bandera chilena, el cantante hizo todo lo contrario del cliché efectista de ondearla, envolverse en ella o algún otro chovinismo por el estilo. "Hermano, con todo respeto, a mí no me gustan las banderas. Te la devuelvo. Que viva el planeta", fue lo que dijo, para terminar de hacer de éste un concierto memorable. La misma verdad está dicha en una canción del primer disco de Los Prisioneros, del '84, diez años antes de Re, y aunque Café Tacuba no la haya tocado, de algún modo el cantante la citó en ese instante como una forma espontánea de tender otro lazo tacubo-chileno: No necesitamos banderas.

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