Cecilia y Antonio, Animadores

Columna por Paulo Ramírez

20 de Febrero de 2000 | 01:45 | El Mercurio
Cecilia Bolocco se demoró treinta segundos en adueñarse del Festival de Viña. Los fuegos artificiales, la elevación desde el piso y el "Ceciiilia Boloooocco" del coro fueron un exceso, pero casi todo lo demás que ha hecho la animadora en las primeras noches del certamen ha sido un aporte.

Su baile, de escaso valor artístico, sirvió por lo menos para darle realce a un comienzo de nula espectacularidad. Y, claro, para seguir comentándolo durante días, en parte gracias a la foto incluida en primera página de la edición del jueves de "La Nación", un impublicable acierto que demuestra por qué debe seguir existiendo un diario estatal.

De ahí en adelante, el balance de su participación es absolutamente positivo. Es cierto, se sobreexpone, se sobreexplota y trata de hacer que el mundo entero gire en torno suyo... y siempre lo consigue. Pero frente al micrófono, junto a Antonio Vodanovic, al frente de 12 mil personas y con millones siguiéndola desde sus casas, la ex Miss Universo ha estado a la altura de las circunstancias.

Con ella el concepto de coanimadora no existe. Cecilia Bolocco y Antonio Vodanovic, animadores del Festival de Viña: ésa es la denominación correcta.

El afiatamiento entre los dos no era parte del contrato. El desborde de protagonismo de la Bolocco en la primera noche fue descolocante para todos. Pero a partir de la segunda jornada se empezó a justificar. Entre los animadores reina un asertivo relajo y un control completo de la situación, incluso en los momentos en que la situación no tiene control, como ocurrió la segunda noche con "El Malo" y con las pifias para que regresara al escenario Joe Vasconcellos.

En el primer caso, los dos animadores cumplieron su papel a la perfección. No sólo soportaron la artillería de un personaje que basa su éxito en la burla cara a cara, sino que, generosamente, le ayudaron a levantar una actuación que parecía irse a pique apenas iniciada. Con Vasconcellos la actitud de la pareja fue opuesta. Simplemente ignoraron la silbatina y trataron de seguir adelante (el público de la Quinta Vergara tiene mucho de niño: mientras más se le ruega, más se rebela y encoleriza). Hasta que la dirección vio que no se podía seguir y nos mandaron a comerciales.

La tercera noche la decisión directiva fue distinta: tuvieron que aflojar y dejar que Chayanne volviera por tercera vez. Ahí Vodanovic dio una lección de maestría. Llegó a un compromiso con el público: el puertorriqueño volvería y después el show podría seguir. El animador se paseó por la pasarela y se conectó íntimamente con el monstruo. Demostró que lleva encima 25 años en este ruedo y que todavía es irremplazable.

Esta nueva realidad, con dos animadores en equilibrio, ha sido casi lo único verdaderamente refrescante de Viña 2000 (un evento que hasta el momento va a ser recordado sólo por haber recordado). Vodanovic en apariencia pasó a un segundo plano, pero lo que está ocurriendo es que su compañera lo empareja en presencia y proyección.

Vodanovic pasó de protagonista exclusivo a co-protagonista. Y eso es bueno para el festival: le da variedad a un estilo que se estaba haciendo rutinario y al hombre que lleva 25 años en la Quinta le exige un importante esfuerzo de renovación.

De lo que está quedando para el balance en este versión número 41, la pareja Bolocco-Vodanovic es lo que tiene sin duda más proyección. Haberlos juntado fue un acierto pero, al mismo tiempo, una tarea difícil. Mantenerlos así tal vez costará aún más.


Paulo Ramírez
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